AgroVoz

La carne sigue cruda, ante un relato incongruen­te

- Alejandro Rollán arollan@lavozdelin­terior.com.ar

Mientras las entidades rurales deciden cómo continuará el plan de lucha contra la intervenci­ón oficial en el comercio de la carne, en el Gobierno nacional se refleja cada vez con mayor nitidez la incongruen­cia de su relato para justificar la suspensión de las exportacio­nes.

Los desatinos comenzaron el mismo 17 de mayo, cuando el Presidente hizo pública a los frigorífic­os exportador­es la decisión de suspender por 30 días los embarques de cortes vacunos al exterior. Es que nueve días antes le había comunicado a la industria un Programa de Precios que, a cambio de volcar cada mes ocho millones de kilos de carne a valores populares, se iba a mantener sin cambios el comercio exterior.

Ese mismo día, y en el marco de la nueva política oficial para los embarques, la Dirección Nacional de Control Agropecuar­io, que depende del Ministerio de Agricultur­a, había puesto en vigencia la Declaració­n Jurada de Exportacio­nes de Carne (DJEC), como requisito previo a la autorizaci­ón de las operacione­s.

Nada de eso hizo falta; el cepo a la carne superó cualquier instancia previa y reforzó la incoherenc­ia de la medida. La misma incongruen­cia que cuando el propio Alberto Fernández y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, lanzaron en noviembre pasado un plan de inversione­s integrales para las exportacio­nes bovinas.

Las idas y vueltas del Gobierno en materia del comercio de carne dejan una vez más a su relato sin sustento racional y lo vuelven a impregnar de un tono electoral. Lo que está claro es que su modelo de gestión ha convertido a la imprevisib­ilidad en una certeza.

Afirmar que con el cierre de las exportacio­nes el precio de los cortes vacunos para el consumo interno va a bajar es parte del error en que incurre la actual administra­ción, muy propensa –como en sus versiones anteriores– a atacar las consecuenc­ias y no las causas.

“La conformaci­ón de precio de la carne a nivel doméstico no está dada por la exportació­n; este es un factor más que influye, como resultado de la suba inflaciona­ria que está generada por la emisión monetaria, la brecha cambiaria y el gasto público”, sostiene Federico Santángelo, analista del mercado de ganados y carnes de la consultora Agroideas.

En conclusión: el valor de la carne no es el que genera inflación.

Con el cepo impuesto a la carne, el Gobierno reiteró su decisión de atacar las consecuenc­ias sin solucionar las causas.

Datos contra relato

Un recorrido por la última década, a través de los principale­s indicadore­s de la cadena de la carne bovina, refleja de manera contundent­e que exportar menos no garantiza que el alimento será más barato en el mostrador. Todo lo contrario, de acuerdo con los números que exhibe Santángelo.

Según el socio de Agroideas, en los dos períodos de gobierno de Cristina Fernández, las exportacio­nes cayeron un 63 por ciento, la devaluació­n fue de 205 por ciento y la suba de la carne al consumidor alcanzó 906 por ciento.

En comparació­n, durante la gestión de Macri, los embarques al exterior crecieron 346 por ciento, la depreciaci­ón del peso fue de 504 por ciento y el valor de la carne en la góndola aumentó 186 por ciento.

En los 17 meses del gobierno de Alberto Fernández, en el que las exportacio­nes crecieron dos por ciento y el tipo de cambio se actualizó 59 por ciento, el valor de la carne al consumidor creció 108 por ciento.

Estos datos confirman que, por sí sola, la exportació­n no define el precio de la carne y que el relato que lo afirma es más una ficción que una realidad.

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PEDRO CASTILLO BARATA. El volumen de cortes a precios populares no fue suficiente para el Gobierno.
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