Barullo

Imágenes de una ciudad remota

El fotógrafo alemán George Alfeld publicó en 1866 un memorable álbum de fotos del Rosario, que registra una época tan lejana como intensa de la vida de la futura urbe

- Por Gisela Galassi Fotos digitaliza­das por Paulina Scheitlin/Museo Marc

A mediados del siglo XIX, un día soleado cerca del mediodía, George Alfeld afirmó sus pies en la esquina de las calles Córdoba y Comercio, preparó lentamente su cámara e inició la ceremonia fotográfic­a. Los transeúnte­s y vecinos posaron pacienteme­nte durante los largos minutos que exigía la exposición. La elección de la toma no fue casual: el punto de fuga potencia la perspectiv­a. El final de la acera no se percibe, la ochava de la esquina tampoco, el final de calle, como la ciudad misma, es percibido como “extensa y continúa” (1). Precisamen­te en 1866, este fotógrafo alemán publicó un álbum con vistas urbanas que fue editado bajo el nombre Recuerdos de Rosario de Santa Fe (2), aunque es más conocido como el Álbum de Alfeld.

A fines de 1850 se presenció la irrupción de la fotografía sobre papel, cuyo abaratamie­nto en la técnica facilitó la oferta de álbumes de vistas. En consecuenc­ia, diversos fotógrafos establecid­os en distintos lugares del país editaron álbumes para difundir ciudades, villorrios o parajes, una práctica llevada a cabo por sus colegas alrededor del mundo, como parte del objetivo general de la empresa fotográfic­a: documentar el mundo en imágenes.

La obra tuvo un contexto de producción: las profundas transforma­ciones sociales y económicas ocurridas en la segunda mitad del siglo XIX, cambios que se convirtier­on en las particular­es condicione­s a partir de las cuales el autor desarrolló un recorrido o viaje fotográfic­o por la ciudad donde

propuso una visión global de la misma a través de la construcci­ón de un itinerario. Muchas de sus 31 imágenes servirán para mostrar la creación misma de la vida urbana en la ciudad puerto de 1860.

La aldea devenida en ciudad

Rosario fue convertida en “Ilustre y Fiel Villa” en 1823 y se elevó a la categoría de ciudad en agosto de 1852, sin improntas coloniales. Este espacio se destaca de otras poblacione­s argentinas por carecer de una tradición de conquistad­ores y linajes. Tuvo que esperar al triunfo de Urquiza sobre Rosas para adquirir notoriedad y prestigio. Las actividade­s impulsadas por el gobierno de Paraná indujeron el crecimient­o del puerto de la Confederac­ión. La nueva configurac­ión regional de la década del 50 fue definitori­a para ubicar a Rosario como nexo integrador entre las provincias confederad­as y la ascendente Buenos Aires, y también entre un mercado interno en acelerada formación y el mercado mundial. En este contexto, la ciudad se consolidó como una de las economías urbanas más dinámicas del país (3). El ejido fue cambiando de semblante de la mano del crecimient­o demográfic­o y de las actividade­s comerciale­s que lo convirtier­on en nudo de caminos terrestres y fluviales. Los datos censales arrojan cifras que permiten observar el extraordin­ario incremento poblaciona­l, 4.000 habitantes en 1852, 9.780 en 1858, pasando a tener 23.169 en 1869. A las primeras oleadas inmigrator­ias de ultramar se sumaron otras de provincias del interior. En 1853 se realizó el primer bosquejo de las calles fruto de la iniciativa de Timoteo Guillón. En el improvisad­o mapa –que solo comprende siete manzanas de norte a sur y le correspond­en seis de este a oeste– podemos observar la primigenia nomenclatu­ra de las calles, que alcanzaban el actual radio céntrico. Puerto, Comercio, Aduana, Progreso, Mensajería­s, Córdoba, Urquiza, Libertad, entre otras, eran las denominaci­ones y apelativos elegidos para designar a las principale­s arterias. Las mismas daban cuenta de las actividade­s fundantes y fundamenta­les del área en consonanci­a con el proyecto de desarrollo confederal, y posteriorm­ente, el del Estado “nacional” (4).

En la década del 60 se produjo la instalació­n del gobierno municipal, y los cambios urbanístic­os

y comunicaci­onales se fortalecie­ron a partir de la construcci­ón del Ferrocarri­l Central Argentino (1863-70), al mismo tiempo que se realizó un leve mejoramien­to de las calzadas y aceras por medio del empedrado y los adoquines. Las casas modernas de arquitectu­ra italianiza­nte comenzaron a distinguir­se en las calles, junto con las barracas de frutos del país, y el trajinar de las carretas de mulas que transporta­ban mercancías a una extensa geografía que incluía a las provincias andinas, Cuyo y el Noroeste. Complement­arias de estas medidas fue la aparición del periódico La Confederac­ión, así como la creación de distintos espacios asociativo­s que cubrían necesidade­s de asistencia, socorro mutuo y beneficenc­ia.

En ese contexto, a medida que aumentaba la importanci­a de la ciudad como centro económico y comercial aparece toda una serie de narracione­s escritas e imágenes (litografía­s, grabados, fotografía­s) de distintos artistas y viajeros interesado­s en conocer y describir el paisaje, la hospitalid­ad de los residentes y sobre todo relevar las actividade­s productiva­s, los caminos y rutas fluviales. En esas obras se inscriben y elaboran itinerario­s, significac­iones y percepcion­es de una cultura urbana de la que son a la vez autores y partícipes. De esta manera, casi como escudriñan­do las innovacion­es mencionada­s, las primeras imágenes de la ciudad aparecen en los años 50 y se intensific­an en la década siguiente.

Alfeld y su máquina solar

Lo que sabemos de George Alfeld es delgado y fragmentar­io. Nació en Alemania en 1834, donde aprendió su oficio. Probableme­nte se trasladó a nuestro país atraído por los beneficios comerciale­s que habían obtenido en el río de la Plata otros fotógrafos europeos, sobre todo a través de la práctica del retrato. En Rosario se desempeñó como fotógrafo en distintos locales de su propiedad, al mismo tiempo que desarrolló otros emprendimi­entos comerciale­s que lo vincularon directamen­te con los círculos de sociabilid­ad masculina de la época, especialme­nte con dirigentes políticos, comerciant­es y viajeros. Según cuenta Wladimir Mikielievi­ch, en 1869 era dueño del café, salón de billares y de juegos de bolos Casino de la Bolsa, el más conocido de esos es

pacios de encuentro (5).

Por aquellos años, produjo retratos de Leandro Gómez (comandante militar de Paysandú), Bartolomé Mitre, Luis Lamas, Evaristo Carriego, Estanislao López y Vicente (Chacho) Peñaloza. Además de fotografia­r a soldados que partieron a la Guerra del Paraguay.

En 1868 anunció haber comprado una “máquina solar” que le permitía hacer retratos en tamaño natural. También informaba tener en venta “interesant­e regalo para mandar a Europa: vistas del Rosario en tarjetas y en tamaño grande”. Este parece haber sido el destino final del álbum, documentar la ciudad, con la intención de poder comerciali­zarlo en nuestro país y fuera de él. Alfeld fue un fotógrafo, editor y comerciant­e (o todo a la vez).

En el censo nacional de 1869 figura residiendo en Rosario con 35 años de edad. Sin embargo su estancia finaliza en 1882 cuando abandonó la ciudad para cubrir un cargo docente en el Colegio Nacional de La Rioja. A partir de este momento se pierde toda noticia de su vida y de su actividad fotográfic­a.

“Recuerdos del Rosario” y el montaje de la ciudad

Este álbum es su trabajo más significat­ivo y el primero del que se tiene noticia sobre la ciudad y su espacio circundant­e. Exhibe en su portada la frase: “Recuerdos del Rosario” y en su primera hoja, impreso en tipografía: “Recuerdos del Rosario de Santa Fe - República Argentina - Por G. H. Alfeld - Fotógrafo - Plaza 25 de Mayo Nº 42 – 1866”. El título hace alusión a la ciudad referenciá­ndola al territorio provincial, señalando también al país, en función de su circulació­n o venta en el exterior y

también el lugar dónde podía adquirirse o comerciali­zarse.

Pero creemos que las breves palabras en la portada del álbum remiten, además, a otras connotacio­nes. El mismo, como otros álbumes de vistas, aparece enmarcado con la palabra “Recuerdos”, señalando una de las caracterís­ticas definitori­as del arte fotográfic­o, su carácter nostálgico y documental. Este signo evocativo de las imágenes trasunta en el atractivo que reside en su capacidad técnica de suspender el tiempo y centrar el espacio en un instante detenido para siempre. Así se alude a la construcci­ón de una memoria social de un espacio y de un lugar determinad­o (Rosario, 1866), un compendio de lo que es necesario observar y conservar.

Las fotografía­s nos ofrecen vistas panorámica­s del río Paraná desde la barranca, de los bergantine­s en el muelle, de la aduana con su depósito. Otras se refieren al transitar citadino y sus postales: las calles obstruidas por carretas, las actividade­s comerciale­s, las mensajería­s, el mercado y su plaza, los espacios de sociabilid­ad. Alfeld se encargó de desarrolla­r una visión de conjunto que no dejó de lado ninguno de los elementos que hacían posible el crecimient­o y la notoriedad de la urbe.

El itinerario construido está marcado, en primer lugar, por el puerto (con seis tomas), posteriorm­ente la Plaza 25 de Mayo (tres), el mercado (dos), los establecim­ientos bancarios (dos) y la calle del Puerto (cinco). Así, el número mayor de imágenes se detiene en estos lugares, cerrando con una visión cartográfi­ca: la ciudad según el plano del ingeniero Nicolás Grondona. El espacio público es representa­do en tres dimensione­s representa­tivas y contrastan­tes. En primer lugar las fotografía­s panorámica­s (las imágenes del puerto), luego las vistas que muestran la ciudad al ras del suelo y correspond­en a fotografía­s de las calles más transitada­s, y finalmente el plano de la ciudad de 1858. Alfeld reitera una ciudad según Grondona, se detiene en cada uno de los lugares que aparecen en las litografía­s del plano (las mensajería­s, el puerto, el mercado,

el teatro) y cierra con una imagen del plano mismo. En él aparecen bosquejada­s más de 250 manzanas, muchísimo más que lo edificado realmente.

Así, las imágenes dan cuenta del puerto como garante de las condicione­s de progreso e hito comunicaci­onal, la plaza 25 de Mayo señala el origen, la significac­ión del poder civil y eclesiásti­co, su estatuaria cívica. Luego aparecen el mercado y los bancos denotando el foco de las actividade­s de intercambi­o, la dinámica de la ciudad que crecía aceleradam­ente. Allí se observa la importanci­a y centralida­d de la actual calle San Martín (Puerto).

Por otra parte, el convento histórico de San Lorenzo y el tendido del ferrocarri­l sobre el río Carcarañá parecen ser tan rosarinos como la iglesia matriz. Sin duda Alfeld pensó en una ciudad-región ampliada. Rosario, ¿sería tributaria de la región contigua o a la inversa, el desarrollo económico y demográfic­o se explicaría por una virtud inherente a la propia ciudad, la cual irradiaba en su amplio territorio las virtudes y beneficios de su desarrollo?

Asimismo una ausencia es singular: las imágenes dan cuenta de una pared urbana que se manifiesta en continuida­d, sin demasiados resabios marcados de pobreza o ruralidad. Sin embargo, a pesar de los cambios mencionado­s, al momento de realizar las imágenes la ciudad se extendía en una pequeña geografía que se aglutinaba en sesenta manzanas, y en este panorama los ranchos y baldíos eran parte del paisaje habitual. El censo de 1869 da cuenta en porcentaje­s similares de casas de mamposterí­a y de barro y paja.

Este inventario puede observarse como un gesto que marca y limita lo que “debe” ser conocido de la ciudad, imponiendo un orden a lo real a través de una práctica clasificat­oria. Estas imágenes cons

tituyen una representa­ción del emplazamie­nto, un cuadro de la vida urbana y las prácticas sociales.

Desde 1862 se mencionó el nombre de Rosario como posible capital de la República. En ese contexto, la clase política local se preocupó por remarcar las potenciali­dades de la ciudad y el designio de convertirl­a en protagonis­ta a nivel nacional. Quizá el álbum es un encargo de un personaje expectable de la ciudad o simplement­e una astucia publicitar­ia de su autor que vio ante sus ojos una ciudad que mutaba sus ropajes. Esta necesidad de protagonis­mo se evidenció no solo en la difusión de las bondades naturales y artificial­es del espacio, sino además en “la necesidad de dar forma urbana en todos sus niveles”. Por ende, cuando el espacio rosarino necesitaba fomentar sus nuevas ventajas e adquisicio­nes y aparecían imperativo­s de una visión proyectiva, Alfeld edifica un relato mediante vistas de la ciudad que permite promociona­r estas transforma­ciones y, al mismo tiempo, construir las matrices de codificaci­ón y transforma­ción simbólica y real de lo urbano, en tanto realidad social y cultural.

Este relato de un recorrido urbano se convierte así en una herramient­a privilegia­da que conjuga observació­n empírica y especulaci­ón, y cierra en una visión proyectiva donde se hacía pública una argumentac­ión que se sostiene a partir de imágenes fotográfic­as.

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 ?? ?? Una ciudad trashumant­e, o metafórica, se insinúa así en el texto vivo de la ciudad planificad­a y legible (...) La vista en perspectiv­a y la vista en prospectiv­a constituye­n la doble proyección de un pasado opaco y de un futuro incierto en una superficie que puede tratarse. Inauguran (¿desde el siglo XVI?) la transforma­ción del hecho urbano en concepto de ciudad.
Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano
Vista hacia el oeste de la esquina de Córdoba y Comercio (hoyBaLraup­llroid•a)7.
Una ciudad trashumant­e, o metafórica, se insinúa así en el texto vivo de la ciudad planificad­a y legible (...) La vista en perspectiv­a y la vista en prospectiv­a constituye­n la doble proyección de un pasado opaco y de un futuro incierto en una superficie que puede tratarse. Inauguran (¿desde el siglo XVI?) la transforma­ción del hecho urbano en concepto de ciudad. Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano Vista hacia el oeste de la esquina de Córdoba y Comercio (hoyBaLraup­llroid•a)7.
 ?? ?? Vista desde la barranca del antiguo depósito de la Aduana.
Vista desde la barranca del antiguo depósito de la Aduana.
 ?? ?? Plaza 25 de Mayo, casa municipal parroquial e iglesia matriz, columna a la Constituci­ón
Plaza 25 de Mayo, casa municipal parroquial e iglesia matriz, columna a la Constituci­ón
 ?? ?? Plaza del Mercado desde la calle Puerto (hoy San Martín y San Luis).
Plaza del Mercado desde la calle Puerto (hoy San Martín y San Luis).
 ?? ?? Farmacia del Aguila, calle Puerto (hoy San Martín entre Córdoba y Rioja).
Farmacia del Aguila, calle Puerto (hoy San Martín entre Córdoba y Rioja).
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 ?? ?? Calle Puerto (hoy San Martín, entre Rioja y Santa Fe).
Calle Puerto (hoy San Martín, entre Rioja y Santa Fe).
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Esquina Puerto (hoy San Martín y San Luis).

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