“NE­CE­SI­TO MU­CHO DEL OTRO PA­RA DIS­FRU­TAR”

Lle­va dos dé­ca­das im­pac­tan­do en la mo­da local. Ven­de co­lec­cio­nes en To­kio y Du­bai. Su es­pí­ri­tu in­quie­to lo mo­vió no só­lo a ex­plo­rar po­si­bi­li­da­des de di­se­ño e in­ter­ven­ción tex­til sino a im­pul­sar pro­yec­tos so­li­da­rios y ar­te­sa­na­les.

Break - - MARTÍN CHURBA - Por Flo­ren­cia Ro­drí­guez Pe­ter­sen. Fo­tos: Jo­sé To­lo­mei.

Es­toy yen­do a bus­car un ca­fé, si que­rés va­mos ha­blan­do en el ca­mino”, di­ce el mul­ti­fa­cé­ti­co di­se­ña­dor en la puer­ta de Casa Ma­triz, el local que Tra­man­do tie­ne en Re­co­le­ta y don­de hoy fun­cio­na tam­bién el ta­ller de la mar­ca que ex­por­ta co­lec­cio­nes a Ja­pón y Du­bai. La pri­me­ra pre­gun­ta, al pa­sar, es so­bre la elec­ción del Cen­tro Cul­tu­ral Re­co­le­ta co­mo lo­ca­ción pa­ra el des­fi­le. “Se dio muy na­tu­ral­men­te. Voy bas­tan­te se­gui­do y ha­ce un tiem­po me con­vo­ca­ron pa­ra su­mar­me con Ma­ria­na Ba­raj y Deby Wach­tel al ci­clo Fue­go Ami­go. En una de esas vi­si­tas ví la mues­tra del Co­lec­ti­vo Do­ma y pen­sé que era per­fec­ta pa­ra mos­trar la nue­va co­lec­ción”, cuen­ta mien­tras sa­lu­da con una son­ri­sa ( y por su nom­bre) a un par de en­car­ga­dos de la cua­dra y a quie­nes atien­den el bar del que es ha­bi­tué. En el ca­mino ha­bla de De­sig­ners BA, la se­ma­na de des­fi­les en la que comparte gri­lla jun­to a mu­chos crea­do­res de su ge­ne­ra­ción, y de BAFWEEK, ci­clo que tu­vo di­ver­sos mo­men­tos y hoy, se­gún cuen­ta, es un es­pa­cio en el que pre­do­mi­nan las mar­cas, con lu­gar pa­ra jó­ve­nes pro­me­sas pe­ro sin la ca­te­go­ría o la li­ber­tad que los au­to­res con tra­yec­to­ria de­be­rían te­ner a la ho­ra de pro­yec­tar sus shows. -Di­se­ña­dor, ar sta, mú­si­co, em­pre­sa­rio... ¿Qué te de ne? - Creo que la pa­la­bra crea­dor es bue­na pa­ra hablar de lo que ha­go. Tam­bién po­dría lla­mar­me autor: de di­bu­jos, de co­lec­cio­nes… Di­se­ña­dor tex­til y ar­tis­ta tex­til son dos co­sas que están li­ga­das al me­tier en el que me for­mé.

-¿Sen s que sen­tas­te ca­be­za?

- Creo que ese con­cep­to es más de los 30 y ya es­toy pi­san­do los 50. Lo que sí creo es que que plan­té se­mi­llas. Mu­chas: en mi em­pre­sa, en el ám­bi­to del di­se­ño ar­gen­tino, en va­rios la­dos... En el úni­co lu­gar don­de me sien­to frus­tra­do es en la industria: atra­sa, de­cre­ce, se pier­den opor­tu­ni­da­des de ha­cer.

-Lo mis­mo ocu­rría ya a fines de los '90, cuan­do sien­do Tros­man-churba mar­có un quie­bre en la mo­da local...

-Co­no­cí a Jes­si­ca en el '97, al año si­guien­te abri­mos la pri­me­ra tien­da y el rui­do fue en el 99/2000. De al­gu­na ma­ne­ra, pu­di­mos ce­rrar con un mo­ño el si­glo pa­sa­do. Sien­to que ha­cer mo­da no es tan fá­cil en Argentina. La industria del vino cre­ció de mo­do ex­po­nen­cial: es co­mo si al­guien hu­bie­ra arro­ja­do mi­llo­nes de se­mi­llas y hoy hay un mon­tón de em­pren­di­mien­tos vi­ti­vi­ní­co­las en di­fe­ren­tes la­dos. A la mo­da le po­dría ha­ber pa­sa­do es­to, pe­ro hu­bo po­ca de­di­ca­ción a crear al­go pro­pio, no se va­lo­ró

lo dis­tin­to y el ne­go­cio es­tu­vo apo­ya­do en la co­pia. No es al­go nue­vo sino que exis­tió des­de siem­pre y hoy sigue. Te­ne­mos una muy bue­na ex­cu­sa que son las tem­po­ra­das: es­ta­mos en el he­mis­fe­rio sur mi­ran­do al nor­te. Na­die di­ce que no mi­res el diario, el te­ma es si vos te­nés que vi­vir se­gún lo que el diario te cuen­ta. Yo creo que no, no hay que vi­vir se­gún lo que la ten­den­cia te cuen­ta. Y hoy sigue ocu­rrien­do.

-Sin em­bar­go, hu­bo to­da una ge­ne­ra­ción de di­se­ña­do­res que en al­gún mo­men­to pen­só en apro­ve­char la con­tra­tem­po­ra­da pa­ra mos­trar­se...

-Sí. Pe­ro ¿dón­de están hoy? Mu­chos de los que apos­ta­ron al di­se­ño con iden­ti­dad, que fue­ron los di­se­ña­do­res del 2000 hoy no pue­den ha­cer ne­go­cios si­guien­do las re­glas del mer­ca­do por­que te­ner un em­plea­do im­pli­ca pa­gar, no sé, 50 mil pe­sos -que es un ojo de la ca­ra- pa­ra que la per­so­na se lle­ve 22 mil al bol­si­llo, que no le al­can­zan ni pa­ra pa­gar el al­qui­ler y co­mer. Con es­tas con­di­cio­nes la­bo­ra­les esos pro­yec­tos de crea­do­res que agre­gan va­lor a la mo­da, hoy están se­cos. Es­ta­mos se­cos. Ape­nas po­de­mos nu­trir pe­que­ños co­ra­zo­nes que te­ne­mos pa­ra no mo­rir. Ese es el es­ta­do de la mo­da. Ima­gino que ca­da tem­po­ra­da de­be­rían es­tar lan­zán­do­se dos pi­bes nue­vos con pro­pues­tas y no pa­sa. ¿Por qué? Por­que los que em­pe­za­mos ha­ce 10 o 20 años ape­nas es­ta­mos pu­dien­do so­bre­vi­vir.

-¿Cuá­les fue­ron las cri­sis más im­por­tan­tes que vi­vis­te y có­mo hi­cis­te pa­ra su­pe­rar­las?

-La más se­ria es la ac­tual. En 2016 te­nía cua­tro lo­ca­les, un ta­ller de pro­duc­ción y la casa cen­tral; hoy ten­go un so­lo local que es ta­ller y boutique. Éra­mos 70 y hoy so­mos 12. Es una enor­me trans­for­ma­ción y cri­sis. La es­toy atra­ve­san­do, me ayu­da sa­lir de acá y ol­vi­dar­me del te­ma ha­cien­do otra co­sa. Me de­di­qué a la mú­si­ca. Apren­dí a to­car la gui­ta­rra y can­tar. Eso me per­mi­tió sa­nar en otros ám­bi­tos esa cri­sis que yo vi­vía: no po­día sos­te­ner es­te pro­yec­to de re­tail en Argentina, es sui­ci­da ba­sar un ne­go­cio en es­te país. El ar­gen­tino hoy es­tá pen­san­do en otra co­sa, quie­re ver có­mo re­suel­ve el te­ma de la in­du­men­ta­ria de for­ma eco­nó­mi­ca y prác­ti­ca. Y yo lo en­tien­do. Lo que ha­go no tie­ne mu­cho pú­bli­co acá. Fue pa­ra otro tiem­po y se­rá pa­ra otro mo­men­to. Hoy sien­to que el país es una vi­drie­ra pa­ra el mun­do de es­to que so­mos que es ma­ra­vi­llo­so.

Ese tiem­po en el que mu­cha gen­te es­tá en re­des a mí me so­bra­ba y lo usé pa­ra apren­der a to­car la gui­ta­rra. Sen­tí que era una com­pa­ñía más fiel que Fa­ce­book “Ser re­co­no­ci­do es co­mo es­tar en un po­dio de ca­jo­nes de man­za­na. Si po­nés al­go de más se rom­pe y te vas pa­ra el fon­do.

-¿Qué te im­pul­só a bus­car la mú­si­ca?

-Em­pe­cé a prac­ti­car por­que me gus­ta­ba mu­cho. No ten­go re­des so­cia­les per­so­na­les y ni mu­cho tiem­po pa­ra ha­cer co­sas: si quie­ro ir a na­dar, pue­do ha­cer­lo una vez por se­ma­na pe­ro no mu­cho más. Ten­go mu­chas ac­ti­vi­da­des, com­pro­mi­sos, es­toy can­sa­do o quie­ro es­tar en mi casa con mi fa­mi­lia. En­ton­ces ese tiem­po en el que mu­cha gen­te es­tá en re­des a mí me so­bra­ba y lo usé pa­ra apren­der a to­car la gui­ta­rra. Sen­tí que era una com­pa­ñía más fiel que Fa­ce­book. Y can­tar es al­go que ha­go des­de la ado­les­cen­cia.

-¿Có­mo sos cuan­do no tra­ba­jas?

-Muy ca­se­ro, fa­mi­li­ero y amiguero. Y tam­bién, un pa­dre aten­to. Ale­xis es­tá con­mi­go tres ve­ces por se­ma­na ( N. de la R.: Tie­ne te­nen­cia com­par­ti­da con Mau­ro Ber­nar­di­ni, su ex pa­re­ja). Esos días me de­di­co mu­cho a él.

-¿Có­mo fue la lle­ga­da de Ale­xis a tu vi­da?

-Im­pac­tó mu­cho. Me tu­ve que to­mar el tiem­po de co­no­cer­lo por­que cuan­do adop­tás un hi­jo te­nés que co­no­cer­lo. La vi­da te de­man­da en un mo­men­to mu­cho tiem­po y gra­cias a que Tra­man­do te­nía tan­ta elas­ti­ci­dad co­mo pro­yec­to, pu­de de­di­car­me fuer­te a Ale­xis. Soy un pa­pá fe­liz.

-¿Qué de tu in­fan­cia re­vi­vis­te sien­do pa­dre?

-Cuan­do sos adul­to y tu­vis­te trau­mas de ni­ño te pre­gun­tás có­mo los vas a re­sol­ver. Cuan­do lle­ga un hi­jo apa­re­ce esa po­si­bi­li­dad de sa­nar co­sas del pa­sa­do. Es­te víncu­lo sa­nó a la cria­tu­ra que era yo a los tres años. Mis pa­dres se se­pa­ra­ron cuan­do yo te­nía la mis­ma edad en la que él en­con­tró a su fa­mi­lia. Evi­den­te­men­te en esa épo­ca tu­ve una gran tris­te­za, en­ton­ces abra­zar­lo fue muy re­pa­ra­dor pa­ra mí. Fue dar­le la fuer­za y con­ten­ción que yo per­dí a esa edad.

-¿A qué ju­gas con él?

-Nos en­can­ta jun­tar co­sas, va­mos a la pla­ci­ta de Mar­tí­nez y bus­ca­mos pie­dri­tas o ca­ra­co­les si es­ta­mos en la pla­ya. Tam­bién ju­ga­mos mu­cho con nues­tra mas­co­ta, un pe­rro sal­chi­ca her­mo­so que se lla­ma Pio­lín.

-¿Có­mo sur­ge lo lú­di­co con tus ami­gos?

-Con ellos me gus­ta can­tar. Con Ca­ro Pe­le­rit­ti nos jun­ta­mos mu­cho, con Ger­tru­dis de Pe­rro­va­ca ju­ga­mos a dis­fra­zar­nos; tam­bién con Li­san­dra que es una com­po­si­to­ra y per­for­mer y con Ma­ria­na Ba­raj.

-¿Qué ene que ha­ber en tu vi­da pa­ra que sea un buen día?

-¡Po­rro! (ri­sas). Son­ri­sas. Es al­go que viene de aden­tro. Hay co­sas ex­ter­nas que te ha­cen bien, pe­ro hay que es­tar abier­to a la son­ri­sa. En ge­ne­ral, cuan­do no es­tá es por­que es­toy aga­rran­do otro sen­ti­mien­to.

-¿Qué bo­rra esa son­ri­sa?

-Ca­da vez son co­sas más im­por­tan­tes. Me acuer­do de lo que me qui­ta­ba la son­ri­sa ha­ce un año y no pue­do creer que me ha­ya de­ja­do cap­tu­rar por ese sen­ti­mien­to. Hoy pien­so que hay que es­tar blin­da­do de cier­tas cues­tio­nes. La vi­da es cor­ta y hay que dis­fru­tar­la. Hay que ser ge­ne­ro­so. Eso ha­ce bien y vuel­ve.

-¿En qué te con­si­de­rás ge­ne­ro­so?

-Me pa­re­ce que soy muy par­ti­ci­pa­ti­vo. Soy agi­ta­dor y com­par­to mu­cho: pro­yec­tos, con­te­ni­dos, ex­pe­rien­cias, son­ri­sas. Sien­to que ne­ce­si­to mu­cho del otro pa­ra dis­fru­tar.

-Sos re­co­no­ci­do co­mo un di­se­ña­dor con­sa­gra­do. ¿Creés que eso te ubi­ca en un pe­des­tal?

-Es un po­dio de ca­jo­nes de man­za­na. Si po­nés al­go de más se rom­pe y te vas pa­ra el fon­do. Den­tro de la Argentina el crea­dor no es­tá va­lo­ra­do en mo­ne­da, no es­tá mo­ne­ti­za­do. No se si me sien­to en un pe­des­tal. Sí hay al­go que me da mu­cha sa­tis­fac­ción que es ha­ber si­do tan jo­ven y ha­ber­la te­ni­do tan cla­ra en el te­ma del mer­ca­do y lo que yo co­mo crea­dor po­día dar que es iden­ti­dad. Es­te mer­ca­do no tra­ba­ja­ba so­bre eso, men­tía so­bre la iden­ti­dad. Esa es una hue­lla que de­jé des­de el prin­ci­pio, una im­pron­ta que siem­pre tu­ve.

-¿Ex­tra­ñás al­go de tus pri­me­ras épo­cas co­mo di­se­ña­dor?

-Siem­pre ex­tra­ñé a Jes­si­ca ( Tros­man) co­mo una per­so­na con la que me pa­só al­go muy lin­do a ni­vel crea­ti­vo y siem­pre me que­dó ese sabor de ha­ber en­con­tra­do a al­guien que es un par tu­yo: un so­cio. Ade­más de eso, me gus­ta es­te mo­men­to. Es­toy tra­ba­jan­do en pro­yec­tos lin­dos que se van a con­cre­tar en 2019 y a ni­vel per­so­nal es­toy ha­cien­do mú­si­ca, com­po­nien­do con una ar­tis­ta ami­ga con la que es­pe­ra­mos gra­bar al­go a fin de año. ❖

“Cuan­do sos adul­to y tu­vis­te trau­mas de ni­ño te pre­gun­tás có­mo los vas a re­sol­ver. Cuan­do lle­ga un hi­jo apa­re­ce esa po­si­bi­li­dad de sa­nar co­sas del pa­sa­do.

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