LU­CIA­NA GEUNA

Sin ima­gi­nar­lo, ha­ce po­cos años em­pe­zó en te­le­vi­sión y se trans­for­mó en una de las ca­ras jó­ve­nes del pe­rio­dis­mo. Su pa­sión por la po­lí­ti­ca y su fa­mi­lia -es ma­dre de dos ni­ños pe­que­ños- son los dos pi­la­res de la vi­da de es­ta ro­sa­ri­na, de la que po­co sa­be­mo

Break - - ENTREVISTA - Por Fer­nan­do Go­mez Dos­se­na. Fo­tos: Jo­sé To­lo­mei.

Ase­gu­ra que es la pri­me­ra no­ta que da en su vi­da y que no sa­be bien por qué acep­tó ha­cer­la. Nos re­ci­be en su ca­sa de Coglhan. Allí don­de vi­ve con su ma­ri­do Mar­tín Gu­gliel­mo­ne y sus dos hi­jos, Ja­cin­ta y Vi­to. El ho­gar es­tá un po­co re­vo­lu­cio­na­do por­que ayer fue la fies­ta de cum­plea­ños del más chi­co de la fa­mi­lia. Una gran ban­de­ra del club Ro­sa­rio Cen­tral cuel­ga de la ven­ta­na. “Que­dó del fes­te­jo de ayer, es­ta es una ca­sa muy ro­sa­ri­na”, lan­za la pe­rio­dis­ta de TN que na­ció ha­ce 41 años (co­mo su pa­re­ja) en la ciu­dad san­ta­fe­si­na. Ma­te en mano y sen­ta­da en una re­po­se­ra en el jar­dín se dis­po­ne a char­lar lar­go y ten­di­do so­bre su vi­da, que real­men­te es­tá le­jos de las lu­ces de un set de te­le­vi­sión.

-¿En qué mo­men­to se te cru­zó por la ca­be­za la idea de ser pe­rio­dis­ta?

-Siem­pre qui­se ser­lo, soy muy ob­via en eso ( ri­sas). Hay una anéc­do­ta muy tri­lla­da, pe­ro real: cuan­do era chi­qui­ta, te­nía 11 o 12 años, me pu­se a ha­cer una re­vis­ta so­la. Se lla­ma­ba “The new re­por­ter”. Si bien no iba a co­le­gio bi­lin­güe le pu­se un tí­tu­lo en in­glés por­que lo ha­bía vis­to en un do­cu­men­tal. Mi­ra­ba en la te­le el pro­gra­ma El pue­blo quie­re sa­ber con­du­ci­do por Lu­cho Avilés y trans­cri­bía una en­tre­vis­ta a Ade­li­na Da­les­sio de Vio­la, por ejem­plo. Te­nía to­das las sec­cio­nes, de­por­tes, es­pec­tácu­los, jue­gos... Yo la ha­cía y se la da­ba a mi pa­pá que en ese mo­men­to tra­ba­ja­ba en la em­pre­sa de trac­to­res John Dee­re y po­día fo­to­co­piar gra­tis. Des­pués les po­nía cin­ta y las ven­día en el club.

-¿Tra­ba­jas­te de otra co­sa que no sea de pe­rio­dis­ta?

-Sí, en Ro­sa­rio ca­da ve­rano an­tes de ir­me de va­ca­cio­nes ha­cía chan­gas, tra­ba­jé de mo­za en ba­res y ven­dí tar­je­tas de Na­vi­dad en un shop­ping pa­ra pa­gar­me al­gún via­je…

-¿Cuál era tu víncu­lo en ese mo­men­to con Bue­nos Ai­res?

-Cre­cí en un ba­rrio muy chi­qui­to de Ro­sa­rio que se lla­ma Par­que Field. Me crié des­cal­za en la ca­lle le­jos del rui­do y del cen­tro de la ciu­dad. Pe­ro Bue­nos Ai­res me gus­tó des­de la pri­me­ra vez que vi­ne. Me da­ba mu­cha adre­na­li­na, aun­que me en­can­ta Ro­sa­rio y su rit­mo. Cuan­do ga­né la be­ca pa­ra tra­ba­jar en Cla­rín me ins­ta­lé de­fi­ni­ti­va­men­te. Cuan­do lle­gué a la re­dac­ción sen­tí una emo­ción enor­me, creo que fue el subidón de sen­ti­mien­tos más gran­de de mi ca­rre­ra. En­ci­ma en­tré a la sec­ción Po­li­cia­les y cu­brí dos ca­sos em­ble­má­ti­cos, Con­zi y Gar­cía Bel­sun­ce.

-¿Y có­mo lle­gás al pe­rio­dis­mo po­lí co?

-Siem­pre me atra­jo lo po­lí­ti­co. Mi fa­mi­lia nun­ca tu­vo nin­gu­na be­ta po­lí­ti­ca ni de par­ti­ci­pa­ción ciu­da­da­na, pe­ro a mí me vino ese chip. Ape­nas ter­mi­né la be­ca em­pe­cé -de ma­ne­ra muy osa­da- a man­dar car­tas con no­tas mías a me­dios o lu­ga­res en don­de que­ría tra­ba­jar. Es más, ar­mé uno pa­ra La­na­ta y nun­ca lo lle­vé. Y fi­nal­men­te a tra­vés del co­rres­pon­sal del dia­rio La Ca­pi­tal de Ro­sa­rio en­tré a la re­vis­ta Po­der.

-¿Qué es lo que te gus­ta de la po­lí ca?

-Me lo pre­gun­to mu­cho. Me in­tere­sa mu­cho ese pro­ce­so de mos­trar los en­tre­te­lo­nes y la tras­tien­da del po­der... la bús­que­da de la ver­dad. Mos­trar eso a mí me apa­sio­na, me en­cien­de mu­cho.

-¿Có­mo fue la ex­pe­rien­cia de tra­ba­jar con Jorge La­na­ta?

-Real­men­te apren­dí un mon­tón con él, lo quie­ro mu­cho y me in­tere­san to­dos los uni­ver­sos que abar­ca Jorge. Me re­fie­ro a la per­so­na más allá de lo pe­rio­dís­ti­co. Es el ti­po más crea­ti­vo que me cru­cé en la vi­da, en­ton­ces asis­tir a esa tor­men­ta de ideas y des­pués lle­var­las ade­lan­te es ma­ra­vi­llo­so. Sa­be y en­tien­de so­bre mú­si­ca, gas­tro­no­mía, ar­te, ¡de to­do! Es muy cu­rio­so y su­ma­men­te lú­ci­do. El otro día fui a la ca­sa y me hi­zo to­do el tour pic­tó­ri­co (ri­sas). De Jorge me en­can­ta que es cu­rio­so, co­mo yo. Ten­go una cu­rio­si­dad in­so­por­ta­ble. Cual­quier his­to­ria me pue­de en­gan­char.

-¿Al­gu­na vez ima­gi­nas­te es­tar en la te­le­vi­sión?

-Nun­ca, siem­pre me vi co­mo una pe­rio­dis­ta de grá­fi­ca, pe­ro lle­gué en un ac­to de in­cons­cien­cia y gra­cias a Jorge.

- Con­du­cís un no­ti­cie­ro cen­tral en un ca­nal de no­ti­cias co­mo TN, ¿có­mo te in­vo­lu­crás con lo que su­ce­de?, ¿te afec­ta?

-Sí, por suer­te. A mí me asus­ta lle­gar a ese mo­men­to en don­de to­do te res­ba­la. No es que llo­ro por cual­quier co­sa, pe­ro

“ME IN­TERE­SA CON­TAR HIS­TO­RIAS TO­DO EL TIEM­PO. TEN­GO UNA CU­RIO­SI­DAD IN­SO­POR­TA­BLE”

sí, me in­vo­lu­cro. El otro día es­ta­ba en­tran­do a la ca­sa de una se­ño­ra que vi­vía en un bal­dío; mien­tras in­gre­sá­ba­mos ella se de­tie­ne un se­gun­do y con una au­ten­ti­ci­dad to­tal me di­ce: “Dis­cul­pa­me, soy po­bre”. Me des­mo­ro­né, tu­ve que ha­cer un es­fuer­zo gi­gan­te pa­ra seguir con la no­ta. Me dio mu­chas ga­nas de de­cir­le que ella nos dis­cul­pa­ra a no­so­tras por­que es­te país no le pue­de dar una con­di­ción dig­na pa­ra vi­vir. Por otro la­do, me con­mue­ven los mo­vi­mien­tos so­cia­les, me con­mo­cio­na ver gen­te pe­lear por sus idea­les.

-¿Có­mo te lle­vás con la fa­ma? Por­que la te­le te trae sin que­rer­lo una cier­ta ex­po­si­ción...

-Eso fue cam­bian­do mu­cho. Al prin­ci­pio me da­ba una ver­güen­za tre­men­da, me po­nía mal, pe­ro aho­ra la lle­vo me­jor. A ve­ces me pa­sa que voy por la ca­lle con mis hi­jos -que son chi­qui­tos, tie­nen 3 y 7- y al­guien me fre­na por una de­nun­cia o re­cla­mo y la ver­dad es que es­toy en otra fre­cuen­cia y me cues­ta bas­tan­te vol­ver al eje. Por otro la­do, sien­to que no soy fa­mo­sa, es más voy to­dos los días a tra­ba­jar en tren y sub­te.

-Apar­te de tra­ba­jar y ser ma­má, ¿qué otras ac vi­da­des te apa­sio­nan?

-Ade­más de te­ra­pia y gim­na­sia, te di­go la ver­dad, no me que­da tiem­po pa­ra na­da más. Es una eta­pa de la vi­da que, en­tre el tra­ba­jo y los chi­cos, se lle­van ca­si to­do, pe­ro lo dis­fru­to un mon­tón. Por otro la­do, soy bas­tan­te va­ga. Si pue­do y ten­go me­dia ho­ra de paz, me ti­ro a des­can­sar. Me gus­ta mu­cho no ha­cer na­da. No lo su­fro, no soy hi­per­qui­né­ti­ca, leo, duer­mo o mi­ro te­le­vi­sión. Ado­ro via­jar en fa­mi­lia, an­dar en bi­ci y bai­lar. Ya no sal­go a al­gún bo­li­che, pe­ro bai­lo en al­gu­na fies­ta o sim­ple­men­te en mi ca­sa.

-Se te es­cu­cha co­mo una ma­má muy pre­sen­te...

-Sí, me re­sul­ta muy na­tu­ral ese rol, pe­ro acla­ro que no tie­ne por qué ser así siem­pre. Disf ru­to mu­cho de ellos. Los man­do a una es­cue­la pú­bli­ca por­que a mí me pa­re­ce re im­por­tan­te; me gus­ta que vean el com­pro­mi­so y la par­ti­ci­pa­ción en esos lu­ga­res más mi­cro de la so­cie­dad. Esa par­ti­ci­pa­ción mi­cro en las co­sas pa­ra mí es re­vo­lu­cio­na­ria. Lo mis­mo me su­ce­de con mi ba­rrio (Cogh­lan), ten­go mu­cha per­te­nen­cia y le pon­go to­da la par­ti­ci­pa­ción que pue­do, den­tro de lo que es mi vi­da y mis tiem­pos.

-Tu ca­sa es muy ro­sa­ri­na, ¿van mu­cho pa­ra allá?

- Sí, va­mos bas­tan­te. To­da nues­tra fa­mi­lia vi­ve allí, sal­vo mi her­mano. Ro­sa­rio es una ciu­dad que me en­can­ta por­que tie­ne una es­ca­la muy hu­ma­na, y la­men­ta­ble­men­te mu­chos con­tras­tes. Los pro­ble­mas so­cia­les y el nar­co­trá­fi­co son preo­cu­pan­tes y tre­men­dos. Son co­mo dos ciu­da­des con­vi­vien­do: una ex­pan­si­va, muy pú­bli­ca e in­te­gra­do­ra, y otra nar­co. Es­tán ahí la­ten­tes y en co­li­sión.

-¿Es cier­to que tu ma­ri­do es pe­ro­nis­ta?

-Sí, es así. Y si bus­cás mi nom­bre en Twit­ter o en Goo­gle lo pri­me­ro que apa­re­ce es una foto jun­tos el día que Cris­ti­na Kirch­ner ga­nó la pre­si­den­cia. Cuan­do ga­nó Cris­ti­na, yo es­ta­ba por pa­rir y en ple­na vo­rá­gi­ne de PPT (Pe­rio­dis­mo pa­ra to­dos). Mar­tín Gu­gliel­mo­me que­ría ir – él sí la ha­bía vo­ta­do, no es kirch­ne­ris­ta pe­ro la ha­bía vo­ta­do- y lo acom­pa­ñé, por­que es mi ma­ri­do y por­que me dan mu­cha cu­rio­si­dad esos en­cuen­tros mul­ti­tu­di­na­rios co­mo la muer­te de Kirch­ner o una marcha por el fe­mi­nis­mo. Nos sa­ca­mos una foto con un bombo, que de­cía VSG, que es la si­gla de mi hi­jo que iba a na­cer ( Vi­to Si­mon Gu­gliel­mo­ne). Y esa fue co­mi­da eter­na de los trolls kirch­ne­ris­tas. Lo cier­to es que con Mar­tín no dis­cu­ti­mos mu­cho so­bre po­lí­ti­ca, nues­tros ver­da­de­ros en­fren­ta­mien­tos tie­nen que ver más con el rol de los me­dios.

-¿Có­mo te lle­vás con las re­des so­cia­les?

-Me cau­sa gra­cia por­que me pe­gan por los dos la­dos. Los ma­cris­tas y los kirch­ne­ris­tas, así que eso ha­bla bien de mí (ri­sas). Es­toy por el buen ca­mino. Igual, ca­si no leo Twit­ter, no uso Fa­ce­book. Ins­ta­gram me pa­re­ce un mun­do fe­liz (ri­sas). Es to­do men­ti­ra a lo me­jor, pe­ro me pa­re­ce un uni­ver­so her­mo­so. Por otro la­do, soy me­dio analó­gi­ca y sien­to que Twit­ter se con­vir­tió en un lu­gar feo, de mu­cha violencia y de no es­cu­cha y yo soy una mu­jer tran­qui­la y que siem­pre po­ne el oí­do. Y eso es ca­da vez más di­fí­cil. ❖

Con mi ma­ri­do no dis­cu­ti­mos mu­cho so­bre po­lí­ti­ca, nues­tros ver­da­de­ros en­fren­ta­mien­tos tie­nen que ver más con el rol de los me­dios. Co­mo pe­rio­dis­ta me pe­gan tan­to los ma­cris­tas co­mo los kirch­ne­ris­tas, eso me cau­sa gra­cia y ha­bla bien de mí. In­di­ca que es­toy por el buen ca­mino.

En su ca­sa de Cogh­lan la pe­rio­dis­ta se de­di­ca a su fa­mi­lia y a dis­fru­tar de la tran­qui­li­dad del ba­rrio.

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