Có­mo pre­ve­nir la apa­ri­ción del Síndrome Urémico Hemolítico.

Buenas Ideas - - Sumario -

La en­fer­me­dad afec­ta so­bre to­do a niños por de­ba­jo de los 6 años. Se la sue­le aso­ciar con el con­su­mo de ali­men­tos mal co­ci­dos o que per­die­ron la cadena de frío, pe­ro tam­bién pue­de con­traer­se por ba­ñar­se en aguas con­ta­mi­na­das e in­clu­so de per­so­na a per­so­na.

El ca­so del ni­ño de dos años que murió en Cór­do­ba por Síndrome Urémico Hemolítico reavi­vó la alar­ma por es­ta en­fer­me­dad tí­pi­ca de la pri­ma­ve­ra y del verano. La Argentina tie­ne la tris­te fa­ma de con­tar con más casos que to­dos los del res­to del mun­do su­ma­dos. Mu­cho pa­ra una en­fer­me­dad que no tie­ne cu­ra y que es la pri­me­ra causa de in­su­fi­cien­cia re­nal agu­da en los me­no­res de 5 años y la ter­ce­ra de tras­plan­te re­nal en chi­cos. ¿La bue­na no­ti­cia? Pre­ve­nir­la es po­si­ble, si se res­pe­tan há­bi­tos bá­si­cos de hi­gie­ne.

Eva­cuar to­das las du­das

Le pre­sen­ta­mos las preguntas más fre­cuen­tes so­bre es­te Síndrome y las res­pues­tas de la Dra. An­drea Exe­ni, je­fa del Ser­vi­cio de Ne­fro­lo­gía In­fan­til del Hos­pi­tal Uni­ver­si­ta­rio Aus­tral (HUA).

- ¿Qué es el Síndrome Urémico Hemolítico?

- Su nom­bre des­cri­be bien de qué se tra­ta: Síndrome: por­que tie­ne múl­ti­ples cau­sas y afec­ta a va­rios ór­ga­nos, en­tre otros, al Sis­te­ma Ner­vio­so Cen­tral, al co­ra­zón, a la san­gre, al ri­ñón y al pán­creas. Urémico: por­que sube la urea, de­bi­do al da­ño que causa en el ri­ñón. Pro­du­ce una pér­di­da sú­bi­ta de la ca­pa­ci­dad del apa­ra­to uri­na­rio pa­ra eli­mi­nar los re­si­duos tó­xi­cos. Hemolítico: por­que se rom­pen los gló­bu­los ro­jos y ba­jan las pla­que­tas.

- ¿Có­mo se con­trae la en­fer­me­dad?

- La bac­te­ria in­gre­sa al or­ga­nis­mo por in­ges­tión de ali­men­tos con­ta­mi­na­dos, aguas con­ta­mi­na­das o de per­so­na a per­so­na.

- ¿Qué sín­to­mas pre­sen­ta el ni­ño que la pa­de­ce?

- Lue­go de co­mer el ali­men­to con­ta­mi­na­do, la dia­rrea (mu­chas ve­ces, con san­gre) em­pie­za a las 72 ho­ras, o, in­clu­so, en los 7 días pos­te­rio­res en al­gu­nos casos, y du­ra en­tre 3 ó 4 días. Lue­go, pue­de dis­mi­nuir la can­ti­dad de ori­na del ni­ño y al­gu­nos em­pa­li­de­cen por­que se des­tru­yen gló­bu­los ro­jos. Tam­bién es fre­cuen­te que los niños es­tén de­caí­dos o irri­ta­bles.

- ¿Có­mo es el tra­ta­mien­to de la en­fer­me­dad?

- Co­mo no exis­te una cu­ra, el tra­ta­mien­to es de sos­tén. Con­sis­te, en ge­ne­ral, en trans­fu­sio­nes de san­gre y diá­li­sis. Si la evo­lu­ción es bue­na, en ge­ne­ral den­tro de los 15 días los pa­cien­tes co­mien­zan, len­ta­men­te, a re­cu­pe­rar­se. - ¿Qué ali­men­tos se con­si­de­ran de ries­go? - La car­ne pi­ca­da mal co­ci­da. - Las car­nes ju­go­sas de co­lor ro­sa­do o ro­jo en el cen­tro.

- Los ali­men­tos co­ci­dos que tomaron con­tac­to con car­ne cru­da.

- Los pro­duc­tos lác­teos que pier­den la cadena de frío.

- Las fru­tas y ver­du­ras que no se la­va­ron ade­cua­da­men­te.

- Los ju­gos no pas­teu­ri­za­dos.

- El agua no po­ta­ble.

- Los ali­men­tos pro­ce­sa­dos fue­ra de la ca­sa don­de uno no pue­da es­tar se­gu­ro de có­mo han si­do co­ci­dos o al­ma­ce­na­dos.

- ¿Qué pre­cau­cio­nes ha­bría que te­ner en ca­sa?

- Res­pe­tar la cadena de frío de las car­nes y los lác­teos. - Un ali­men­to fres­co pue­de per­ma­ne­cer dos ho­ras co­mo má­xi­mo en tiem­po acu­mu­la­ti­vo a tem­pe­ra­tu­ra inade­cua­da (4 a 60 gra­dos).

- Fi­na­li­zar la compra del su­per­mer­ca­do con las car­nes y lác­teos.

- No des­con­ge­lar so­bre la me­sa­da, ha­cer­lo en la he­la­de­ra o en el mi­cro­on­das o ba­jo un cho­rro de agua fría. Lue­go, co­lo­car­lo en la he­la­de­ra.

- Una vez que se co­ci­nó el ali­men­to con­su­mir­lo pron­to. Si se guar­da en la he­la­de­ra, an­tes de con­su­mir­lo lle­var­lo a tem­pe­ra­tu­ras de co­mo mí­ni­mo 70 gra­dos (con dos mi­nu­tos de mi­cro­on­das sue­le al­can­zar). - Evi­tar co­lo­car car­ne en los es­tan­tes su­pe­rio­res de la he­la­de­ra pa­ra evi­tar que se de­rra­me su ju­go so­bre otros ali­men­tos.

- No guar­dar ali­men­tos cru­dos jun­tos con los co­ci­dos. - Con­si­de­rar que los pro­duc­tos en la puer­ta de la he­la­de­ra es­tán ex­pues­tos a ma­yor tem­pe­ra­tu­ra. - ¿En qué de­be­mos pres­tar aten­ción al co­ci­nar?

- La­var­se las ma­nos an­tes y des­pués de pro­ce­sar los ali­men­tos. - Al ter­mi­nar, la­var to­do lo que ha to­ma­do con­tac­to con la car­ne cru­da, con agua bien ca­lien­te y ja­bo­no­sa.

- No uti­li­zar los mis­mos cu­bier­tos con la car­ne cru­da y co­ci­da. - La­var fru­tas y ver­du­ras con agua po­ta­ble y, de no ser po­si­ble, agre­gar 2 go­tas de la­van­di­na por li­tro de agua, es­pe­rar 30 mi­nu­tos y la­var.

- Ase­gu­rar­se de que la car­ne no sea ju­go­sa ni es­té ro­sa­da o ro­ja en el cen­tro.

- La car­ne pi­ca­da es­tá bien co­ci­da cuan­do el sue­ro que li­be­ra al co­ci­nar­se es trans­pa­ren­te.

- Se re­co­mien­da la­var con la­van­di­na al me­nos una vez por se­ma­na las ta­blas de ma­de­ra don­de se cor­ta car­ne.

Ase­so­ra­mien­to: Dra. An­drea Exe­ni.

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