“ES­TOY CON­MO­VI­DO POR TAN­TO AMOR”

ZA­NET­TI SE DESPIDIO DEL FUT­BOL

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Emo­ción, re­co­no­ci­mien­to, ho­me­na­je, pro­fun­do agra­de­ci­mien­to. El im­po­nen­te es­ta­dio Giu­sep­pe Meaz­za, de la ciu­dad de Mi­lán, Ita­lia, fue el mar­co so­ña­do en la que to­das es­tas con­sig­nas se die­ron ci­ta pa­ra des­pe­dir a Ja­vier Za­net­ti (40), quien ju­gó por úl­ti­ma vez fren­te a las mi­ra­das con­mo­vi­das de los hin­chas del In­ter, club don­de se des­ta­ca des­de ha­ce 20 años. El par­ti­do, que ter­mi­nó con un abul­ta­do 4-1 so­bre la La­zio, fue una ex­cu­sa pa­ra que el ju­ga­dor que lle­va­ba el bra­za­le­te de ca­pi­tán des­de el 29 de agos­to de 1999, se des­pi­die­ra del fút­bol mien­tras era ova­cio­na­do de pie.“Es­toy con­mo­vi­do por tan­to amor de los hin­chas y por de­jar atrás tan­tos años lle­van­do es­ta ca­mi­se­ta. He te­ni­do una ca­rre­ra in­creí­ble. Es­ta des­pe­di­da fue muy es­pe­cial, la re­cor­da­ré por siem­pre”, de­cla­ró.

El ‘Pu­pi’ lle­gó al In­ter en 1995

“Tu­ve una ca­rre­ra in­creí­ble. Es­ta des­pe­di­da fue muy es­pe­cial, la re­cor­da­ré por siem­pre.”

cuan­do te­nía ape­nas 21 años, tras ha­ber ju­ga­do en la Ar­gen­ti­na en Ta­lle­res de Re­me­dios de Es­ca­la­da y en Ban­fi­eld. Con su hu­mil­dad y ge­ne­ro­si­dad, se ga­nó el co­ra­zón de los ita­lia­nos y tam­bién de los ar­gen­ti­nos, cuan­do se des­ta­có ju­gan­do pa­ra la se­lec­ción na­cio­nal, y al desa­rro­llar su vo­ca­ción so­li­da­ria al fren­te de la Fun­da­ción P.U.P.I. (“Por Un Pi­be­río In­te­gra­do”) pa­ra la re­cu­pe­ra­ción so­cial de los chi­cos po­bres y ca­ren­cia­dos.

Tras el par­ti­do des­pe­di­da, Za­net­ti fue arro­ja­do al ai­re va­rias ve­ces por sus com­pa­ñe­ros co­mo mues­tra de afec­to, y sa­lu­da­do por su mu­jer, Pau­la De La Fuen­te (36), y sus hi­jos, Sol (8), Ig­na­cio (5) y To­más (2), quie­nes apor­ta­ron la cuo­ta emo­ti­va que fal­ta­ba pa­ra que el fut­bo­lis­ta de­rra­ma­ra lá­gri­mas so­bre el mis­mo cés­ped en el que su­po bri­llar con sus ju­ga­das.

El ex ju­ga­dor de la se­lec­ción y em­ble­má­ti­co de­fen­sor del In­ter de Mi­lán, a los 40 años di­jo adiós co­mo fut­bo­lis­ta en un es­ta­dio re­ple­to de hin­chas que lo ova­cio­na­ron de pie. Ja­vier se “que­bró” cuan­do en­tra­ron a la can­cha su mu­jer, Pau­la, y sus hi­jos, Sol, Ig­na­cio y To­más, que lu­cie­ron la ca­sa­ca de su club.

En se­ñal de re­co­no­ci­mien­to, el que­ri­do “Pu­pi” fue arro­ja­do al ai­re va­rias ve­ces por sus com­pa­ñe­ros del In­ter, club en el que em­pe­zó a ju­gar a los 21 años y del cual fue ca­pi­tán des­de 1999. To­dos elo­gian sus va­lo­res hu­ma­nos y su vo­ca­ción so­li­da­ria.

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