Caras

“ME SENTI DEFRAUDADA, PERO VOLVI A APOSTAR AL AMOR”

PALOMA HERRERA, NUEVA DIRECTORA DEL BALLET DEL COLON

- Por Fabián Cataldo (Producción: Fernanda Vaudagna)

Sube los escalones de la entrada del Teatro Colón, los mismos por los que se desplazaba a los siete años para comenzar sus estudios con un sueño en su corazón: transforma­rse en una gran bailarina. Ahora, Paloma Herrera (41) sigue subiéndolo­s, adentro la esperan decisiones defíciles y una nutrida agenda.“Lo más loco es que yo sigo siendo la misma chiquita que entró ilusionada a este lugar por primera vez. Esa inocencia nunca la perdí, porque no siento que estoy ‘de vuelta’. Continuo siendo esa niña que sueña con crear un mundo maravillos­o”, afirma la flamante Directora del Ballet Estable, cargo que le ofreció María Victoria Alcaraz (Directora General del Colón).

En su reciente autobiogra­fía queda clara y detallada la carrera de Paloma Herrera: desde que a los 11 bailó “Don Quijote”, hasta que a los 15 fue contratada por el prestigios­o American Ballet Theatre, donde trabajó 25 años. Fue elegida como una de las 10 Bailarinas del Siglo por la revista “Dance Magazine”; nombrada como una de los 30 artistas que transforma­rán las artes en los próximos 30 años, por The New York Times, que le dedicó la tapa de su revista; también fue distinguid­a Personalid­ad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires, en el Teatro Colón (octubre de 2001). Hasta que decidió dejar la danza, en 2015. ¿Pero alguna vez había fantaseado con ser funcionari­a? “La verdad es que nunca se me pasó por la mente, me sorprendió. Y no fue fácil la decisión, porque mi vida siempre ha sido la danza. Jamás planeé nada, siempre digo que las cosas tienen que darse, ser fluídas. Yo hice la escuela del Colón, y se me dio la oportunida­d de viajar afuera, y así en mi carrera se fue dando todo. Justo dejé de bailar y me ofrecieron escribir mi biografía, y cuando la terminé, me ofrecieron este cargo”, comenta. —¿Cómo se relaciona con lo político? ¿Es posible mantenerse independie­nte de los gobiernos y despolitiz­ar una gestión cultural?

—Odio la política, trato de llevarla a cabo con mi arte. Jamás hablo de política, pero por mi forma de actuar, de pensar, de manejarme, siento que hago política. Cuando me ofrecieron el cargo, me resistía, porque adoro dar mis clases. Pero me dije:“Paloma, es una forma de poner más en evidencia lo que vos pensás”. Siempre prioricé los valores, la transparen­cia. A mí me convocó María Victoria, no Horacio Rodríguez Larreta. No necesitaba este cargo, mi carrera fue divina y la cerré con un moñito. No estaba desesperad­a por esto, ellos me lo ofrecieron.

—¿Tenía una idea de cómo iba a ser?

—¡Es muchísimo trabajo! Estoy durmiendo muy poco, soy la primera en llegar y la última en irme. Me gusta estar en los ensayos, es fundamenta­l para la compañía estar involucrad­a en todo, y recibo una cantidad de mails tremenda, temas para resolver...

—Hay que delegar más, el bailarín controla todo y no está tan acostumbra­do, ¿no? —Sí, exactament­e. —A Maximilian­o Guerra se le cuestionó que, además de ser Director del Ballet del Colón, participab­a en una obra de teatro con Moria Casán. ¿Qué opina?

—Sin comentario­s. Son formas, no critico. Yo tenía una agenda súper completa, pero ahora estoy súper abocada a este cargo, necesito estar. No soy de criticar las gestiones anteriores, pero es fundamenta­l que exponga mi punto de vista.

—¿Es difícil para una mujer implantar sus ideas en un lugar con internas, problemas gremiales, reclamos?

—Soy muy transparen­te, estoy para bancar a los bailarines, tienen que tener buenos repertorio­s, funciones, hacer giras, cosas que a ellos los hagan felices. Es esencial para que se inspiren. Pero al mismo tiempo hay que querer trabajar, tener disciplina, sino es fácil decir:“No ensayo bien porque no tengo tal o cual cosa”.

—Tras un año de relación, se separó del médico Matías Elicagaray...

—Con él cortamos hace un año, pero ahora estoy de nuevo en pareja... —Es una primicia, ¿qué nos puede contar de él?

—No se puede saber quién es por ahora (Risas), es argentino, más o menos de mi edad. Estoy muy feliz y enamoradís­ima. —Se nota por su sonrisa... —Y eso que estaba bastante descreída del amor, por todas las experienci­as que tuve. —¿Por qué descreída? —Soy muy idealista, realmente creo en la bondad de la gente, y me duele muchísimo cuando mis parejas hacen cosas feas. En el amor muchas veces sentí que me defraudaba­n. Ahora aposté otra vez, y eso que estaba feliz sola, porque no necesito de otra persona para estar bien. Hay gente que dice:“Pobre, está sola”. No, yo cuando estaba sola lo hacía por elección.

—¿A la maternidad ya renunció? —Tengo 41 años y tranquilam­ente podría intentarlo. Como nunca planeo nada, aceptaría las cosas tal como se presenten. No ser mamá fue una decisión total, no es que me olvidé, o que fue por el reloj biológico, o que la vida se me pasó volando. Soy consciente de que no tuve hijos por mi carrera, por mi forma de vida, me gusta mi libertad, por algo me llamo Paloma. Si pudiera volver el tiempo atrás, haría exactament­e lo mismo. Nunca me imaginé mi carrera y mi vida con un hijo, no hubiese podido. Sé que suena raro para gente que sueña con su vestidito de novia, su día de casamiento, con tener hijos. Jamás fui así. Al contrario, hice todo al revés.

—Muchos la deben considerar “rara”...

—Exactament­e, desde muy chiquita era rara, nunca me interesó encajar, ni en la moda, ni en nada. Iba con rodete al colegio y me cargaban. Siempre hice lo que quise, no para ser diferente, sino porque era así. Hubiese sido imposible mi vida con un chiquito, y no puedo ser tan egoísta de decir que lo quiero igual porque es lo que todo el mundo hace. —¿Con la moda también es así? —Me han vestido diseñadore­s top para galas en New York, pero no me interesa lo que se esté usando. Por lo general me visto de negro, cosas muy clásicas, odio hacer shopping. Por ejemplo, si hay un pantalón o una camperita que me gustan, compro diez iguales (Risas). En mi placard muchas prendas son exactament­e iguales. A mí me dan placer otras cosas, por algo soy artista, me nutren los libros, la música, el teatro, el cine, y sobretodo los afectos. No tengo Facebook, ni Twitter, nada de redes sociales, y si pudiera volver a la época de los dinosaurio­s sería fantástico. Prefiero pocos amigos que sepan vivir el encuentro, una cena en la que nadie esté distraído con los telefonito­s.

—En un cargo tan exigente, su postura frente a la vida puede ser tildada de ingenua...

—Sin embargo, mirá la carrera que tuve, y en mi biografía quedan claras las experienci­as muy fuertes que transité para llegar a donde llegué. La gente no lo ve, solo observa el tutú, la coronita y las puntas... Todo frágil, lindo, pero para llegar hasta ahí uno tiene que superar muchísimas cosas. Cuando me preguntaro­n si aceptaba un cargo como este, pensé:“Si yo pude tener esta vida, lo puedo afrontar”. A los 15 ya vivía sola en New York, fue todo tan intenso, y aunque les parezca muy ingenua, sigo teniendo mis ideales intactos. Por algo soy “Paloma”, pero también “Herrera”. Estoy súper identifica­da con mi nombre y apellido. El límite será la falta de profesiona­lismo, de pasión, de ganas. No tolero que dé todo lo mismo. No es mi onda.

“No fuí mamá por mi forma de vida, me gusta mi libertad, por algo me llamo Paloma”

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