“ES­TE HI­JO ME REJUVENECIO”

MAR­CE­LO DE BELLIS Y SU MU­JER, MA­RI­SOL, EN LA DUL­CE ES­PE­RA

Caras - - CARAS - Por Fe­de­ri­co Le­vin (Pro­duc­ción: Ali­cia Blanco)

Co­rría el año 2013 cuan­do, mien­tras desa­yu­na­ba en el “Ho­tel Pro­vin­cial” de Mar del Pla­ta, vio a lo le­jos una fi­gu­ra que lo ma­ra­vi­lló. En ese en­ton­ces Mar­ce­lo De Bellis (50) es­ta­ba ha­cien­do tea­tro en la cos­ta y no pu­do apar­tar su mi­ra­da de Ma­ri­sol Gras­so (37), la pro­duc­to­ra de “Se­cre­tos Ver­da­de­ros”, el pro­gra­ma de Amé­ri­ca, que es­ta­ba pa­san­do unos días de va­ca­cio­nes y char­la­ba con su ami­ga, Pía Shaw.

El ac­tor, que hoy brilla en la obra “Cho­rros” y que es una de las fi­gu­ras de “Mi Her­mano es un Clon”, no se acer­có a “Sol” pe­ro lue­go ha­bló con Pía pa­ra que se la pre­sen­ta­ra. Pa­sa­ron quince días en los que, se­gún él, no de­jó de pen­sar en ella ni un mi­nu­to, y la pe­rio­dis­ta de­bió ofi­ciar de “ce­les­ti­na”. A par­tir de ese mo­men­to se co­no­cie­ron, co­men­za­ron una re­la­ción, “pa­so a pa­so”, co­mo ella le pi­dió De Bellis, y lue­go se enamo­ra­ron. Hoy, cin­co años des­pués de aquel pri­mer en­cuen­tro, es­pe­ran la lle­ga­da de su pri­mer hi­jo. Un va­rón que na­ce­rá pa­ra no­viem­bre, ya que Ma­ri­sol lle­va sie­te me­ses de em­ba­ra­zo. “Me acuer­do que yo es­ta­ba desa­yu­nan­do en la con­fi­te­ría del Pro­vin­cial y muy a lo le­jos la vi. Es­ta­ba co­mo a cin­cuen­ta me­tros pe­ro igual me flas­heó. Ella ha­bla­ba con una ami­ga en co­mún a quien lla­mé esa mis­ma no­che y le pre­gun­té por ella. En­ton­ces me en­te­ré que Sol re­gre­sa­ría a Mar del Pla­ta en quince días y yo estuve to­do ese tiem­po pen­san­do en ella. Cuan­do vol­vió nos co­no­ci­mos y pe­ga­mos on­da. Lue­go fui-

mos afian­zan­do nues­tra re­la­ción con un per­fil muy ba­jo. Le es­ca­pa­mos a las cá­ma­ras y a las no­tas. Es­ta es la primera que ha­ce­mos jun­tos”, cuen­ta Mar­ce­lo.

—¿Se ima­gi­na­ba ser pa­dre a los 50?

—Sí, me ima­gi­né mu­chas ve­ces sien­do pa­dre. Sol siem­pre tu­vo ga­nas de ser ma­má y, gra­cias a Dios, se ali­nea­ron los pla­ne­tas pa­ra que lle­gue el va­ron­ci­to. Yo ya ten­go dos ne­nas, Flo­ren­cia, de 22, y Abril, de 20. La vi­da te sor­pren­de to­dos los días. Me sien­to bár­ba­ro… Me atien­do con el Dr. Ru­bén Mühl­ber­ger quien me hi­zo des­cu­brir que la me­di­ci­na Ort­ho­mo­le­cu­lar es fantástica. Me sien­to un pi­be de 30 años. Yo fui a ver­lo de cu­rio­so y me cam­bió la vi­da. Pe­ro lo más im­por­tan­te pa­ra des­ta­car, es que es­te hi­jo que es­ta­mos es­pe­ran­do me re­ju­ve­ne­ce.

—¿Có­mo to­ma­ron sus hi­jas la lle­ga­da de un her­ma­ni­to?

—Lo to­ma­ron sú­per bien; es­tán fe­li­ces de te­ner un her­mano más. De he­cho, ya tie­nen a San­tia­go, un her­ma­ni­to por par­te de la ma­má. Así es que es­tán fe­li­ces. Y muy an­sio­sas. Flor y Abril le be­san la pan­za a Sol ca­da vez que la ven. No ten­go du­das de que mi hi­jo va a ser un mal­cria­do te­rri­ble. Tie­ne una pues­ta en es­ce­na y to­do da­do pa­ra que sea así. Tie­ne her­ma­nas, pa­dres, abue­los, tíos… To­da una fa­mi­lia es­pe­rán­do­lo.

—¿Có­mo tran­si­ta el em­ba­ra­zo su mu­jer?

—Los pri­me­ros me­ses los vi­vió con mu­chas náu­seas y ma­reos. Aho­ra el bar­co se fue asen­tan­do, pe­ro al co­mien­zo fue trau­má­ti­co. Los pri­me­ros me­ses no qui­so con­tár­se­lo ni a los com­pa­ñe­ros de tra­ba­jo. Hoy, que es­tá de sie­te, ya lo sa­be to­do el mun­do y aun­que a ve­ces el mé­di­co le pi­de que ha­ga re­po­so y no se es­tre­se, ella nun­ca de­ja de ir a tra­ba­jar y el úni­co día que se que­dó en re­po­so por­que se sen­tía mal, lo vi­vió con cul­pa. ¡Es una san­ta!

—¿Tie­nen nom­bre pa­ra el ne­ne ya?

—Te­ne­mos uno en car­pe­ta pe­ro no lo quie­ro de­cir por­que, la ver­dad, es que pue­de cam­biar (ri­sas).

—¿Có­mo ma­ne­jan la di­fe­ren­cia de edad? Us­ted tie­ne 50 y ella es

tre­ce años me­nor…

—La di­fe­ren­cia de edad se no­ta pa­ra bien. A ni­vel vi­sual, no nos ven y pien­san: “¡Mi­rá esa mi­na es­tá con el nono!”. Yo co­mo sano y me en­treno pa­ra te­ner un buen es­ta­do fí­si­co. El va­rón, al ser más in­ma­du­ro emo­cio­nal­men­te que la mu­jer, se equi­pa­ra con ella. Es más, yo sien­to que los años me han me­jo­ra­do mu­chí­si­mo. Hi­ce mu­cho tra­ba­jo con­mi­go en te­ra­pia. Ten­go muy buen hu­mor y pa­ra mí no exis­te la fra­se “¡Es­toy can­sa­do!”. Voy y ven­go con mu­cha ale­gría. Si ten­go que ha­blar de Ma­ri­sol, de­bo que de­cir que es lo me­jor que me ha pa­sa­do en la vi­da. Es in­te­li­gen­te, di­ver­ti­da… Ha­bla con el co­ra­zón. Tie­ne un gran víncu­lo con sus ami­gos y con su fa­mi­lia y eso, pa­ra mí, es un plus. Es sin­ce­ra en la vi­da y la ad­mi­ro co­mo per­so­na. Es ma­ra­vi­llo­sa.

—¿Qué lo con­quis­tó de su mu­jer?

—Lo que a mí me pa­só fue real­men­te “amor a primera vista”. Uno se cru­za con chi­cas lin­das per­ma­nen­te­men­te pe­ro cuan­do la vi tu­ve una sen­sa­ción co­mo si me hu­bie­sen co­rri­do el pi­so y no es­toy exa­ge­ran­do. Des­pués, cuan­do la co­no­cí, me di cuen­ta de que res­pon­día a un ca­non que yo es­ta­ba bus­can­do. Ella tie­ne una fa­mi­lia, con unos pa­dres y her­ma­nos ado­ra­bles y yo soy muy fa­mi­li­ero. Me sien­to muy có­mo­do con ellos. Cuan­do uno es­tá en pa­re­ja no só­lo es­tá con la mu­jer que ama, sino tam­bién con to­do su en­torno. La fa­mi­lia de ella me hi­zo sen­tir uno más de los su­yos. Y, fi­nal­men­te, lo que más me enamo­ró de ella fue que siem­pre me pi­dió que va­ya­mos pa­so a pa­so. Yo es­ta­ba acos­tum­bra­do a co­sas más ver­ti­gi­no­sas y ella me pu­so en un lu­gar que me ma­ra­vi­lló. Me pu­so el pie en el freno. Es­toy he­cho un “bo­bo”… (ri­sas) Pe­ro te es­toy ha­blan­do sin cas­set­te. Me sien­to em­bo­rra­cha­do de amor.

—Fi­nal­men­te, ¿Es­tá pre­pa­ra­do pa­ra vol­ver a cam­biar pa­ña­les y can­tar can­cio­nes de cu­na des­pués de 20 años?

—To­tal­men­te… Sien­to que fui un gran pa­dre pa­ra mis hi­jas y aho­ra me sien­to más pre­pa­ra­do pa­ra vol­ver a vi­vir to­das esas sen­sa­cio­nes. Mis hi­jas son lo más her­mo­so del mun­do y aho­ra que­ría el va­rón y ya lo ten­go. ¿Qué más se le pue­do pe­dir a la vi­da..?

"A los 50 años me sien­to pre­pa­ra­do pa­ra vol­ver a cam­biar pa­ña­les y dar ma­ma­de­ras. Pien­so que con Sol va­mos a for­mar una gran fa­mi­lia. Mis hi­jas no ven la ho­ra de co­no­cer a su her­ma­ni­to y te­ner­lo en bra­zos".

El ac­tor y la pro­duc­to­ra de te­le­vi­sión se co­no­cie­ron en Mar del Pla­ta en el ve­rano de 2013 y co­men­za­ron una re­la­ción que se afian­zó y hoy los en­cuen­tra tran­si­tan­do el sép­ti­mo mes de em­ba­ra­zo. El tie­ne 50 y ella 37 pe­ro no sien­ten la di­fe­ren­cia de edad.

Mar­ce­lo y “Sol” ha­cen gym jun­tos pa­ra que ella lle­gue ple­na al mo­men­to de dar a luz. Es­tán en pa­re­ja hace cin­co años y di­cen que des­de que se unie­ron, pla­ni­fi­ca­ron for­mar una gran fa­mi­lia.

Mar­ce­lo y "Sol" eli­gie­ron ju­gue­tes di­dác­ti­cos de "Play­gro" que uti­li­za­rán pa­ra ju­gar con su pe­que­ño. Con­fie­san que aún no de­fi­nie­ron el nom­bre del be­bé pe­ro que tie­nen tres op­cio­nes. Du­ran­te los pri­me­ros me­ses de em­ba­ra­zo, ella no se sin­tió bien pe­ro hoy dis­fru­ta de su pan­za, la aca­ri­cia y le ha­bla a su hi­jo to­do el tiem­po.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina

© PressReader. All rights reserved.