A los 61, la hi­ja de Luis San­dri­ni se des­nu­da... li­te­ral­men­te

“Mi vie­jo era un ído­lo po­pu­lar. Su ci­ne y es­ta pe­lí­cu­la, aun­que no lo creas, tie­nen al­go que ver con lo esen­cial”.

Clarín - Clarin - Spot - - Porteños - Her­nán Firpo hfir­[email protected]­rin.com

-¿Cuán­to tiem­po te lle­vó de­ci­dir­te a tra­ba­jar des­nu­da? -Un año y mu­chas au­di­cio­nes.

-Te cos­ta­ba la pro­pues­ta…

-No, pa­ra nada, yo lo de­ci­dí rá­pi­da­men­te. Sen­tí que era una pe­lí­cu­la con un tono ar­tís­ti­co, y que en la pro­pues­ta el des­nu­do te­nía un con­te­ni­do pro­pio, un len­gua­je. -El tu­yo de­be ser el des­nu­do más lar­go del ci­ne na­cio­nal…

-Mi­rá vos (son­ríe), no lo ha­bía to­ma­do en cuen­ta. No sé, no lo cuan­ti­fi­qué.

-La Coca Sar­li, un po­ro­to…

-Bueno, pe­ro son pro­pues­tas muy di­fe­ren­tes. Ni me­jor ni peor. Es­to su­ce­de con dos per­so­nas de la ter­ce­ra edad, es la in­ti­mi­dad... -¿Qué que­rés de­cir?

-Creo que es­tas es­ce­nas deses­truc­tu­ran al­go que se di­ri­ge al in­te­rior del es­pec­ta­dor. Además, La Ca­ma es una pe­lí­cu­la muy su­til, muy de­li­ca­da, muy bo­ni­ta. Te­nien­do en cuen­ta tu com­pa­ra­ción, no es una pe­lí­cu­la ex­plo­si­va. Vos de­cías la Coca, pe­ro es­to no ape­la a los sen­ti­dos, o no tan rá­pi­da­men­te.

En­tre bam­ba­li­nas, se di­ce que San­dra es una per­so­na es­pe­cial, re­traí­da, un po­co naif, un po­co aniña­da, be­lla pa­ra la edad que tie­ne, de ha­blar pau­sa­do y con pen­sa­mien­tos pro­fun­dos.

¿Qué hu­bie­ra pen­sa­do Luis San­dri­ni, su pa­dre cé­le­bre, de ella des­nu­da y en pan­ta­lla gran­de? Los ac­to­res con cier­ta edad la co­no­cen de chi­ca. Gra­cie­la Bor­ges es su ami­ga. San­dra vi­ve en Pun­ta La­ra, ale­ja­da del mun­da­nal rui­do.

La pe­lí­cu­la, ópe­ra pri­ma de Mó­ni­ca Lai­ra­na, fue pre­mia­da en el Fes­ti­val In­ter­na­cio­nal de Ci­ne de Mar del Plata. La di­rec­to­ra se lle­vó un re­co­no­ci­mien­to a Me­jor Di­rec­to­ra, y San­dra San­dri­ni ganó el Pre­mio Pa­ta­cón Es­tí­mu­lo, que en­tre­ga la So­cie­dad Ar­gen­ti­na de Ges­tión de Ac­to­res In­tér­pre­tes (SAGAI) a Me­jor Ac­triz.

Con un cu­rio­so me­ca­nis­mo de es­tre­nos es­ca­lo­na­dos, La Ca­ma se vio el 22 de no­viem­bre en la Sa­la Lu­go­nes, lue­go en el Mal­ba y des­de el 6 de di­ciem­bre es­ta­rá en el Ci­ne Cos­mos UBA. -¿Es el me­jor pa­pel de tu ca­rre­ra?

-(Pien­sa) Sí, creo que sí. Sí, fue mi me­jor pa­pel. Y me die­ron un pre­mio, el pri­mer pre­mio que re­ci­bo en ci­ne. -¿Có­mo es des­nu­dar­se a los 60?

-Ha si­do un pa­pel que tran­si­té co­mo ac­triz, y fue un mo­men­to de mu­cha co­mu­ni­ca­ción con to­do el equi­po. -¿Es la pri­me­ra vez?

-Sí, es la pri­me­ra vez que me des­nu­do en una pe­lí­cu­la. -¿An­tes no ha­bías te­ni­do oportunidad?

-Na­die me lo ha­bía ofre­ci­do, no es que yo no lo hu­bie­ra que­ri­do ha­cer.

-¿Sos “cons­truc­ción de las que cul­tu­ral”? pien­san que el cuer­po es una -El -No cuer­po en­tien­do... es la vi­da co­ti­dia­na.

-No­so­tros, cul­tu­ral­men­te, so­le­mos cons­truir es­te­reo­ti­pos. En es­ta pe­lí­cu­la jus­ta­men­te se bus­ca to­do lo con­tra­rio, rom­per com­ple­ta­men­te con esa téc­ni­ca. -¿Eso de los cuer­pos flác­ci­dos y ma­du­ros se pue­de aso­ciar con lo de los vi­nos añe­jos?

-Las cons­truc­cio­nes de cuer­pos irrea­les co­mo for­ma de pen­sar es­tá de­ma­sia­do ins­ta­la­da. Ha­blo de cuer­pos irrea­les en re­la­ción con cuer­pos que son ca­si un di­bu­jo. La pe­lí­cu­la, igual, bus­ca de­jar un in­te­rro­gan­te que tras­cien­de la des­nu­dez. -El fil­me ha­bla de una mu­dan­za, ¿los cuer­pos des­ves­ti­dos de la pe­lí­cu­la se­rían co­mo ac­ce­so­rios ol­vi­da­dos? -Los cuer­pos y los ob­je­tos for­man par­te de la ex­pre­sión que eli­gió la di­rec­to­ra. Pue­de ser.

¿Con­si­de­rás que cuan­do exis­ten pa­re­jas de 20 años o más quie­re de­cir que el se­xo, en reali­dad, es­tá so­bre­va­lo­ra­do? -No ten­go res­pues­ta pa­ra esa pre­gun­ta.

-Ehhh...

-Creo que la se­xua­li­dad nos cons­ti­tu­ye, pe­ro no es to­do.

-Tu des­nu­do se­rá re­cor­da­do co­mo “el des­nu­do de la hi­ja de San­dri­ni”. Es co­mo lo con­tra­rio a lo que ha­cía tu pa­dre. Luis San­dri­ni fue un ído­lo po­pu­lar de un hu­mor muy blanco… -Las épo­cas han cam­bia­do, pa­sa­ron mu­chas ins­tan­cias. Hay al­go que va más allá. Mi vie­jo era un ído­lo po­pu­lar pe­ro fue un gran ar­tis­ta del len­gua­je sen­ci­llo. Su ci­ne y es­ta pe­lí­cu­la, aun­que no lo creas, tie­nen al­go que ver con lo esen­cial. Mi vie­jo tran­si­ta­ba la esen­cia­li­dad. Si ocu­rrie­ra el mi­la­gro de que es­tu­vie­ra vi­vo, lo es­ta­ría­mos com­par­tien­do co­mo ar­tis­tas que so­mos. -No hay an­ta­go­nis­mos...

-Lo an­ta­gó­ni­co es un as­pec­to muy pri­ma­rio. No me in­tere­sa. Pe­ro in­da­gan­do en esa bús­que­da, mi pa­pá ha­cía un per­so­na­je re­vo­lu­cio­na­rio: un per­de­dor. Con el nue­vo ci­ne, él de­sa­pa­re­ce, pe­ro no hay que ol­vi­dar que San­dri­ni na­ció en 1905. El tras­cien­de por ar­mar un an­ti­hé­roe emo­cio­nal y afec­ti­vo. Eso era re­vo­lu­cio­na­rio. Su co­lor ar­tís­ti­co es muy gran­de. Yo hi­ce un do­cu­men­tal so­bre su vi­da y obra. Se lla­ma sim­ple­men­te San­dri­ni, lo di­ri­jo yo y se es­tre­na­rá el año que vie­ne. -Hay un mo­men­to en “La Ca­ma” don­de tu per­so­na­je se enoja an­te la fal­ta de erec­ción de su com­pa­ñe­ro de to­da la vi­da. -Lo que yo en­ten­dí de la es­ce­na es una cri­sis de an­gus­tia que tie­ne que ver con el enojo y la so­le­dad. A ve­ces es más fá­cil afe­rrar­se al enojo que a una si­tua­ción de­ter­mi­na­da que es­tá por ve­nir y no pue­de ser re­suel­ta al ins­tan­te. -Dos cuer­pos des­nu­dos y res­pe­ta­bles que, sin em­bar­go, no es­tán in­va­di­dos por el con­cep­to de la pu­bli­ci­dad y la mo­da... -To­tal­men­te. Son tan im­por­tan­tes los es­tí­mu­los vi­sua­les, que el plano exis­ten­cial se vuel­ve com­pli­ca­do por más que al­guien se es­fuer­ce en con­tar una his­to­ria, una his­to­ria pe­que­ña que bus­ca en otras di­rec­cio­nes. -A cier­ta edad el des­nu­do ex­po­ne el error.

-Pe­ro el des­nu­do de con­su­mo es otra co­sa. El mío es un cuer­po real. Di­gá­mos­lo de otra ma­ne­ra: lo que es­ta des­nu­do es el al­ma a tra­vés del len­gua­je de la ma­du­rez. -¿Sen­tís que se de­ja de ob­je­ti­vi­zar el cuer­po des­pués de de­ter­mi­na­da edad?

-Nues­tros cuer­pos se­rían cen­su­ra­bles en otro te­rreno. De to­dos mo­dos, yo creo que la des­nu­dez no res­pe­ta úni­ca­men­te el pa­trón de la ju­ven­tud, sino el de la ju­ven­tud y la be­lle­za. -Ser la hi­ja de Luis San­dri­ni y Mal­vi­na Pas­to­rino te abrió puer­tas?

-A ni­vel per­so­nal fue bas­tan­te in­hi­bi­to­rio. Hay mu­cha mi­ra­da so­bre una. Yo trato de es­tar co­nec­ta­da con mi ele­men­to a pe­sar de no tra­ba­jar mu­cho. Soy ac­triz des­de los 18, deseo tra­ba­jar,pe­ro es la vi­da la que pro­po­ne.w

San­dra San­dri­ni. Hi­ja de Luis y Mal­vi­na Pas­to­rino, acep­tó un pro­ta­gó­ni­co que le exi­ge ex­hi­bir­se des­nu­da mu­cho tiem­po fren­te a la cá­ma­ra.

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