“Em­pe­zar un pro­yec­to de ce­ro es una sen­sa­ción ma­ra­vi­llo­sa”

Des­pués del éxi­to de “El otro la­do de la ca­ma”, vuel­ve con “Una se­ma­na na­da más”, obra en la que ade­más de ac­tuar, co­pro­du­ce. Ha­bla del va­lor de tra­ba­jar en equi­po, del re­cuer­do de su her­mano y de Ri­ver Cam­peón.

Clarín - Clarin - Spot - - Nota De Tapa - San­dra Com­mis­so scom­mis­[email protected]­rin.com

Ni­co Váz­quez es­tá en to­do. De la ma­ña­na a la no­che, arri­ba del es­ce­na­rio y tam­bién de­trás. Con la adre­na­li­na a pleno en la pre­via al estreno, el 9 de enero en El Na­cio­nal de Una se­ma­na

na­da más, la nue­va comedia que pro­ta­go­ni­za jun­to a Ben­ja­mín Ro­jas y Flor Vig­na, en la que de­bu­ta tam­bién co­mo pro­duc­tor aso­cia­do.

-¿No es es­tre­san­te ser ac­tor y pro­duc­tor a la vez?

-Ven­go pro­du­cien­do des­de las som­bras ha­ce bas­tan­te, pe­ro has­ta aho­ra no me ha­bía ani­ma­do a dar­me el lu­gar y de­cir: “Es­to lo hi­ce yo”. Con la obra an­te­rior, El otro la­do de la ca­ma tar­dé diez años en con­cre­tar­la y des­pués fui co­pro­duc­tor y co­di­rec­tor. Dis­fru­to de ar­mar equi­pos, na­da se lo­gra so­lo, y me en­can­ta po­der dar­le la opor­tu­ni­dad a un mon­tón de gen­te ta­len­to­sa que me fui cru­zan­do en el ca­mino en es­tos 21 años de la­bu­ro.

-Des­pués de tres años de un sú­per éxi­to co­mo “El otro la­do de la ca­ma”, ¿qué es lo que bus­cás aho­ra?

- Me da­ba un po­co de mie­di­to, no sa­bía muy bien qué ha­cer des­pués de esa obra. Pe­ro creo que es­tá bueno de­jar­la des­can­sar un po­co. Bus­ca­ba al­go sim­ple con lo que la gen­te se sin­tie­ra iden­ti­fi­ca­da y cuan­do en­con­tré es­ta comedia de Cle­ment Mi­chel so­bre la con­vi­ven­cia, sus com­pli­ca­cio­nes más allá del amor, di­je: “Es es­to”. Me im­por­ta que la gen­te, an­tes que na­da, va­ya al tea­tro y se ría, que la pa­se bien. Con el di­rec­tor, Ma­riano De­ma­ría, hi­ci­mos la adap­ta­ción y apro­ve­cha­mos mu­chas co­sas que iban sa­lien­do de mi ca­sa, de la de Ben­ja, de la de Flor, de la de Ma­riano, de to­dos.

-¿Cuál es el ma­yor ries­go de en­ca­rar un pro­yec­to co­mo pro­duc­tor?

-Em­pe­zar un pro­yec­to de ce­ro es una sen­sa­ción ma­ra­vi­llo­sa, a pe­sar del es­fuer­zo en to­do sen­ti­do, ni ha­blar del eco­nó­mi­co. Por suer­te ten­go so­cios que me ayu­dan en eso, pe­ro yo es­toy in­vo­lu­cra­do en to­do. Ir vien­do el pro­ce­so me en­can­ta. Tie­ne que ver con ser­vir al otro, es un con­cep­to que ten­go in­cor­po­ra­do y has­ta lo lle­vo ta­tua­do en el cuer­po, en la fi­gu­ra de un sa­mu­rai que pre­ci­sa­men­te quie­re de­cir eso, ser­vir. Amo ese co­di­go y acá se ve, to­do el mun­do es­tá a dis­po­si­ción del otro, se tra­ba­ja en equi­po por­que no hay al­go que se pue­da con­se­guir so­lo. Cuan­do vie­ne el ar­ma­do ge­ne­ral me pue­do que­dar to­do el día en el tea­tro, soy bas­tan­te ob­se­si­vo, pe­ro es­toy apren­dien­do a de­le­gar. Tra­to de que­dar­me en la butaca y no pue­do. He apren­di­do mu­cho es­tos años, me sa­le así, me gus­ta. Y se ve que el pú­bli­co tie­ne ga­nas de ver lo que va­mos a ha­cer, por­que la pre­ven­ta vie­ne ge­nial.

-Te­nés un pú­bli­co muy fiel, ¿con qué creés que tie­ne que ver?

-Soy un agra­de­ci­do al pú­bli­co, le de­bo mu­cho, soy cons­cien­te de eso. Des­de que em­pe­cé re­ci­bí el abra­zo de la gen­te, lo que viví siem­pre en el tea­tro no se com­pa­ra con na­da. Si me das a ele­gir en­tre una pe­lí­cu­la en Holly­wood y tea­tro en la Ar­gen­ti­na, yo eli­jo tea­tro en la Ar­gen­ti­na, por el con­tac­to y la gra­ti­fi­ca­ción que te dan la ri­sa y el afec­to tan cer­ca­nos. Eso es al­go que no se pue­de com­pa­rar con

na­da. Tal vez sea por­que tra­ba­jo mu­cho, de­jo to­do siem­pre arri­ba del es­ce­na­rio, ja­más ha­go al­go de ta­qui­to, no sub­es­ti­mo al que vie­ne a ver­me. To­do el tiem­po co­rri­jo co­sas, aun­que sea la fun­ción nú­me­ro 600. Al­go de eso se trans­mi­te tal vez. Lo sien­to en la ca­lle, en las re­des so­cia­les. Mu­cha gen­te se me acer­ca con hu­mor y amor y yo ha­go lo mis­mo, es una ener­gía que flu­ye.

-Es­te ti­po de comedia es el ám­bi­to en el que te sen­tís co­mo pez en el agua, ¿ no?

- Sí, me ha­ce muy fe­liz, ahí me sien­to pleno. To­da la vi­da es­tu­vo y si­gue es­tan­do sub­es­ti­ma­do ha­cer reír. Siem­pre el me­jor ac­tor es el que llo­ra, el que pue­de ha­cer una es­ce­na muy dra­má­ti­ca y la ver­dad es que es muy di­fi­cil ha­cer reír.

-Con ca­si 3 mi­llo­nes de se­gui­do­res en Instagram y otros 3 mi­llo­nes y pi­co en Twit­ter, ¿sen­tís cier­ta res­pon­sa­bi­li­dad con lo que pu­bli­cás en las re­des so­cia­les?

-Cuan­do em­pe­cé en las re­des lo hi­ce só­lo co­mo una for­ma de ex­ten­der mi tra­ba­jo, una po­si­bi­li­dad más que uno tie­ne a mano. Ser par­te del mun­do Cris Mo­re­na me hi­zo lle­gar a mu­cha gen­te de mu­chos paí­ses. A mí me gus­ta usar las re­des pa­ra di­ver­tir tam­bién, me mues­tro co­mo soy con mi fa­mi­lia, siem­pre con hu­mor y amor..

-Los te­mas de ac­tua­li­dad co­mo el #Metoo ar­gen­tino y la de­nun­cia de Thel­ma Far­dín con­tra Juan Dart­hés por vio­la­ción, ¿qué opi­nión te­nés so­bre eso?

- Lo vi­vo con mu­cha an­gus­tia, bronca y a la vez con es­pe­ran­za. Es­ta lu­cha la co­mien­zan las mu­je­res, pe­ro es de to­dos, te­ne­mos to­dos que des­apren­der co­sas y apren­der otras. Te­ne­mos que es­cu­char a las mu­je­res por­que hay cues­tio­nes muy de­li­ca­das. No hay ma­yor prue­ba que un re­la­to do­lo­ro­so. Yo me so­li­da­ri­zo con to­das las mu­je­res que pa­san por si­tua­cio­nes de abu­so, y hay es­ta­dís­ti­cas que son con­tun­den­tes. Te­ne­mos que dar­nos cuen­ta de que es un mo­men­to de cam­bio, no se tra­ta de bue­nos y ma­los, ni es en con­tra de los hom­bres, es al­go de to­dos pa­ra cons­truir un mun- do me­jor, más jus­to, me pa­re­ce.

-Es el con­cep­to de em­pa­tía: no ha­ce fal­ta que te pa­se al­go ho­rri­ble pa­ra en­ten­der el do­lor ajeno

-No hay que es­pe­rar a que te pa­se lo mis­mo a vos o a al­guien cer­cano pa­ra to­mar con­cien­cia. Y eso es con to­das las lu­chas. Tam­bién creo que es ho­ra de que el Es­ta­do ha­ga al­go al res­pec­to con res­pon­sa­bi­li­dad. No pue­de que­dar me­dia­ti­za­do y na­da más.

-Ha­ce dos años su­fris­te la pér­di­da de tu her­mano San­tia­go, ¿có­mo so­bre­lle­vás el do­lor?

- An­tes no po­día ni nom­brar­lo, aho­ra pue­do re­cor­dar­lo con una son­ri­sa. Me cam­bió la vi­da cien por cien, a to­da mi fa­mi­lia nos dio vuel­ta por com­ple­to. To­do es­te tiem­po ten­go que agra­de­cer el im­pul­so que vie­ne de no sé dón­de, de la gen­te que te quie­re, de que la vi­da que si­gue y de que a él le hu­bie­ra gus­ta­do ver­nos bien. Em­pe­cé a ver la fa­ta­li­dad des­de otro lu­gar y a agra­de­cer los 27 años que lo tu­vi­mos con no­so­tros. Eso no nos los ro­ba na­die. Lo ex­tra­ño to­dos los días.

-Co­mo hin­cha fa­ná­ti­co de Ri­ver tu­vis­te una gran ale­gría ha­ce po­co.

-Pa­sé de la in­dig­na­ción por las pie­dras y por ju­gar en Es­pa­ña a dis­fru­tar­lo co­mo lo­co, por com­par­tir­lo con mi pa­pá. Es­toy or­gu­llo­so. Creo que a la can­cha ha­bría que cam­biar­le el nom­bre y po­ner­le el de Ga­llar­do.w

Ja­más ha­go al­go de ta­qui­to, no sub­es­ti­mo al que vie­ne a ver­me. To­do el tiem­po co­rri­jo co­sas, aun­que sea la fun­ción nú­me­ro 600”.

JUANO TESONE.

Un hom­bre en su lu­gar. Ni­co Váz­quez, en el Tea­tro El Na­cio­nal, don­de el pró­xi­mo miér­co­les se su­birá al es­ce­na­rio.

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