“Pa­ra mí Jesús tie­ne hoy una exis­ten­cia más vi­va que an­tes”

Lo di­ce el poe­ta vi­vo del ca­to­li­cis­mo más im­por­tan­te de la Ar­gen­ti­na. Ase­gu­ra que eso pue­de ver­se en el en­tu­sias­mo que des­pier­ta la fi­gu­ra del Pa­pa Fran­cis­co. A lo lar­go de sus 93 años re­co­lec­tó 160 fi­gu­ras que en­ri­que­cie­ron su gran pe­se­bre.

Clarín - Valores Religiosos - - LA CELEBRACION NAVIDEÑA - María Mon­te­ro

José María Cas­ti­ñei­ra de Dios es el poe­ta vi­vo del ca­to­li­cis­mo más im­por­tan­te de la Ar­gen­ti­na. Pu­bli­có de­ce­nas de li­bros, ejer­ció la fun­ción pú­bli­ca, y re­ci­bió nu­me­ro­sas dis­tin­cio­nes. A los 93 si­gue es­cri­bien­do, y des­de ha­ce ca­si 70 res­ca­ta el sen­ti­do re­li­gio­so de la Na­vi­dad, a tra­vés de su obra y de un par­ti­cu­lar pe­se­bre que ar­ma jun­to a su fa­mi­lia. Una obra de ar­te con 160 fi­gu­ras que su­mó a lo lar­go de su vi­da.

-- ¿ Có­mo era la Na­vi­dad en su in­fan­cia?

--Na­cí en Us­huaia, y mi re­cuer­do de Na­vi­dad es el del pino ne­va­do. Yo acos­tum­bra­ba ver a los ár­bo­les así, aun­que me pa­re­cía ab­sur­do que en la zo­na pam­pea­na se ha­bla­ra de nie­ve. A los 26 años me casé y le pro­pu­se a mi esposa ini­ciar un pe­se­bre. No ten­go ha­bi­li­dad pa­ra las ma­nua­li­da­des pe­ro en­ton­ces tra­ba­ja­ba en una agen­cia de pu­bli­ci­dad y ahí me ex­pli­ca­ron có­mo ha­cer­lo. Com­pré las fi­gu­ras de san José, María, Jesús ... To­das de gran ta­ma­ño, por­que mi idea era que fue­ra una rea­li­za­ción en el tiem­po, que lo si­guie­ra mi des­cen­den­cia.

-- ¿ Cuán­tas fi­gu­ras tie­ne ya es­te Na­ci­mien­to?

--No sé con exac­ti­tud. Creo que unas 160, pe­ro no las cuen­to en for­ma es­ta­dís­ti­ca, se fue ha­cien­do con la vi­da. Mis hi­jos apor­ta­ron sus fi­gu­ras, mis ami­gos traían las su­yas y yo en ca­da via­je siem­pre com­pra­ba al­gu­na.

-- ¿ Se es­tá per­dien­do la tra­di­ción de ar­mar el pe­se­bre?

--El Na­ci­mien­to tie­ne un ca­rác­ter sim­bó­li­co, for­ma par­te de nues­tra tra­di­ción y es muy im­por­tan­te por­que lo que no es tra­di­ción, es nu­lo. Me pa­re­ce esen­cial ins­ta­lar el pe­se­bre co­mo un sen­ti­do ca­si he­re­di­ta­rio. El de casa lle­va mu­chos días pre­pa­rar­lo y hoy la ma­yor par­te del tra­ba­jo la ha­ce una de mis hi­jas, con ayu­da de sus hi­jos y nie­tos.

-- ¿ Qué sig­ni­fi­ca­do tie­ne hoy la Na­vi­dad pa­ra us­ted?

--Siem­pre sig­ni­fi­có mu­cho en mi vi­da y le de­di­qué un gran es­pa­cio de mi li­te­ra­tu­ra. Aca­bo de pu­bli­car una car­ta de Na­vi­dad. Hi­ce mu­chos poe­mas so­bre ese te­ma, que es­tán en mi obra com­ple­ta y en otros tra­ba­jos suel­tos.

-- ¿Per­dió un po­co la cen­tra­li­dad el na­ci­mien­to de Jesús?

--No, todo lo con­tra­rio. Creo que Cris­to tie­ne una exis­ten­cia más vi­va que an­tes. No só­lo en nues­tras per­so­nas sino en nues­tros acon­te­ce­res. Y la prue­ba es­tá en la reac­ción de la gen­te fren­te al Pa­pa Fran­cis­co. Hay una vuel­ta a la hu­ma­ni­za­ción de la Igle­sia, un re­torno al men­sa­je de Pe­dro y Pablo, mu­cho ma­yor en los tiem­pos que co­rren que lo que ocu­rría cuan­do yo te­nía 20 años.

EMILIANA MIGUELEZ

Ri­tual de di­ciem­bre. Des­de que se ca­só a los 26, Cas­ti­ñei­ra de Dios ar­ma el pe­se­bre de Na­vi­dad to­dos los años. Lo ayu­da su fa­mi­lia.

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