Ho­ra­cio Sánchez El ve­cino de San Isi­dro que re­vi­ve las tra­di­cio­nes crio­llas con sus ami­gos

Ha­ce 66 años co­no­ció la pul­pe­ría de El La­zo por pri­me­ra vez. Nun­ca de­jó de ir y hoy es el res­pon­sa­ble del lo­cal.

Clarín - Zonal San Isidro - - PERSONAJES | OCIO - Cons­tan­za Oro­nel Alan Ná­po­li

Ha­ce 66 años, a Ho­ra­cio Sánchez su pa­dre Bal­ta­sar y su ma­dre Án­ge­la lo lle­va­ron a una pul­pe­ría por pri­me­ra vez. Que­rían que co­no­cie­ra al­gu­nas de las ar­tes tí­pi­cas de la cul­tu­ra de nues­tro país, co­mo la jineteada, el fol­clo­re y el asa­do. “Era nues­tro plan fa­mi­liar. Ve­nía­mos to­dos los días y nun­ca de­jé de ve­nir”, co­men­ta a la vez que pren­de un ci­ga­rri­llo. Ac­tual­men­te es uno de los tres so­cios vi­ta­li­cios más an­ti­guos de la Agru­pa­ción Tra­di­cio­na­lis­ta El La­zo.

La pul­pe­ría de El La­zo es­tá en la ca­lle Tom­kin­son al 1175 y se ac­ce­de a tra­vés de un por­tón pin­ta­do con los colores de la ban­de­ra na­cio­nal. Me­tros aden­tro del pre­dio, y gra­cias a la pre­sen­cia de hor­nos de ba­rro, te­chos de pa­ja y ca­rre­tas, el vi­si­tan­te se me­te en un tú­nel del tiem­po que lo tras­la­da al si­glo XIX. Lue­go de pa­sar la ca­pi­lla, es­tá Ho­ra­cio en el lu­gar en el que to­dos los días atien­de a la gente: la pul­pe­ría.

Du­ran­te 49 años el pul­pe­ro des­fi­ló to­dos los 24 de sep­tiem­bre ves­ti­do de gau­cho en las pe­re­gri­na­cio­nes a ca­ba­llo que se ha­cen a Lu­ján. En 1980, su pa­dre fue elec­to co­mo pre­si­den­te del club y Ho­ra­cio in­gre­só a la Co­mi­sión Di­rec­ti­va. “Pa­ra las fies­tas pa­trias siem­pre me to­ca­ba ayu­dar a cor­tar la car­ne, ha­cer el asa­do o aten­der las me­sas”, re­cuer­da. Aun­que ha­ce dos dé­ca­das de­jó sus fun­cio­nes di­rec­ti­vas “pa­ra es­tar más con la gente” y así ro­dear­se de ami­gos, mú­si­ca y “ver­mu­ci­tos”. Pa­ra Ho­ra­cio, la pul­pe­ría es su lu­gar. Ase­gu­ra que co­no­ce to­dos sus se­cre­tos y que pa­sa más tiem­po allí que en su ca­sa.

La pul­pe­ría se en­cuen­tra en el cen­tro del pre­dio, tie­ne cua­tro per­sia­nas y es­tá en­re­ja­da con ba­rro­tes ce­les­tes. En­tre las bo­te­llas hay un car­tel que di­ce: “Pa­ra que el vino se­pa a vino de­be to­mar­se con ami­gos”.

Los sá­ba­dos por la tar­de las vi­si­tas se in­cre­men­tan y el lu­gar se vuel­ve es­ce­na­rio de chis­tes y lar­gas char­las. “Parece un car­na­val ca­rio­ca: can­tan, bai­lan, gri­tan”, di­ce Ho­ra­cio.

“El La­zo” es un te­so­ro en el tiem­po den­tro de San Isi­dro. Sus so­cios más an­ti­guos son los que lo im­pul­san pa­ra que si­ga exis­tien­do y se fo­men­ten así las cos­tum­bres pa­trias y se di­fun­dan las dan­zas tra­di­cio­na­les. ■

Pa­ra las fies­tas pa­trias siem­pre me to­ca­ba ayu­dar a cor­tar la car­ne, ha­cer el asa­do o aten­der las me­sas”. Ho­ra­cio Sánchez

So­cio vi­ta­li­cio. En la pul­pe­ría de El La­zo. Su pa­pá fue pre­si­den­te del club y cuan­do era chi­co se ves­tía de gau­cho pa­ra las ji­ne­tea­das.

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