JOAN COLLINS, VI­GEN­TE

Clarin - Spot - - Portada - Silvia Maes­trut­ti Es­pe­cial pa­ra Cla­rín

La ac­triz de “Di­nas­tía”, a los 85 años se ha con­ver­ti­do en un ícono fas­hion, a la vez que re­gre­sa a la te­le­vi­sión.

¿Quién pue­de in­ter­pre­tar a una bru­ja me­jor que Joan Collins, la ac­triz bri­tá­ni­ca que to­da­vía vi­ve del le­ga­do que de­jó con su in­mor­tal vi­lla­na Ale­xis Ca­rring­ton, en uno de los gran­des hits de la TV de los ‘80, Di­nas­tía?

“Cuan­do lle­gas a cier­ta edad, ya na­da te da mie­do”, di­ce la ac­triz, más vi­gen­te que nun­ca a los 85. En el ho­me­na­je a Ha­llo­ween de la se­rie Ame­ri­can Horror Story, Joan vis­tió una pe­lu­ca ru­bia, gran­des aros y to­do el gla­mour de una es­tre­lla de ci­ne de la era do­ra­da. Y se ani­mó a re­pro­du­cir su es­ce­na en la película His­to­rias de la crip­ta

(1972), don­de ase­si­na a su es­po­so y lue­go es per­se­gui­da por un de­men­te ves­ti­do de San­ta Claus.

Es­te es su se­gun­do per­so­na­je en la se­rie que emi­te el ca­nal FX los jue­ves a las 22. Pri­me­ro fue una mu­jer adi­ne­ra­da, Eve Ga­llant, ami­ga de Na­ta­lie Wood. Aho­ra es es­ta ve­te­ra­na ac­triz que pue­de leer la men­te, Bub­bles Mc­gee, una bru­ja muy gla­mo­ro­sa del co­ven que li­de­ra Cor­de­lia (Sa­rah Paul­son). “Es el fin del mun­do”, con­fir­ma so­bre la se­rie, que con­fron­ta a las bru­jas con el mis­mí­si­mo An­ti­cris­to.

Lo di­ver­ti­do es que cuan­do Paul­son le pre­sen­tó a Ryan Murphy, en una fies­ta post Oscar, Collins no sa­bía quién era. Has­ta que se acor­dó ha­ber leí­do que el crea­dor de Glee ha­bía si­do con­tra­ta­do por Net­flix por 300 mi­llo­nes de dó­la­res. Pa­ra él era un ho­nor te­ner­la en su ci­clo y ella, que se de­fi­ne co­mo una tra­ba­ja­do­ra, acep­tó de in­me­dia­to.

En la úl­ti­ma re­vis­ta In­ter­view, la en­tre­vis­tó el di­se­ña­dor de mo­da (y di­rec­tor de ci­ne) Tom Ford, quien le pre­gun­ta có­mo se con­vir­tió en ícono fas­hion. Ella cuen­ta que fue­ron sus sie­te tías y su ma­dre, muy fans de la mo­da, las que la ini­cia­ron. Le gus­ta mu­cho el es­ti­lo de los ‘80, es­pe­cial­men­te las hom­bre­ras. Y le di­ce un no con­tun­den­te a la re­me­ra y el jean. “Si otras ac­tri­ces en Holly­wood quie­ren an­dar por ahí con jeans ro­tos, que lo ha­gan. Yo no voy a se­guir al re­ba­ño”.

Joan es una lady, y se la ve siem­pre ele­gan­te cuan­do sa­le a ce­nar a su res­tau­ran­te fa­vo­ri­to de West Holly­wood, Creig’s. Más que una lady es una “da­ma”, ese es el tí­tu­lo no­bi­lia­rio que le dio la co­ro­na de su país por los ser­vi­cios pres­ta­dos en el mun­do del en­tre­te­ni­mien­to, y por sus mu­chas be­ne­fi­cen­cias. Se la ve se­gui­do en los círcu­los so­cia­les en com­pa­ñía de su quin­to es­po­so, Percy Gib­son, un fi­nan­cis­ta 30 años me­nor que ella. Ob­vio.

Na­ci­do en Li­ma, de una fa­mi­lia aco­mo­da­da com­pues­ta por pa­dre pe­ruano y ma­dre es­co­ce­sa, Gib­son la se­cun­da en to­do. Se los pue­de ver lle­gan­do muy pro­du­ci­dos a una fies­ta de dis­fra­ces de Ha­llo­ween, lle­na de famosos, ella ves­ti­da de Ma­da­me Du Barry y Percy co­mo Ro­bes­pie­rre.

Por esas co­sas, la frase que que­dó dan­do vuel­tas por las re­des so­cia­les de la en­tre­vis­ta de Ford es su res­pues­ta a los “im­plan­tes de co­la” que mu­chas mu­je­res se ha­cen aho­ra en Los An­ge­les. “Bi­za­rro”, di­jo Joan. “Me pre­gun­to qué va a pa­sar cuan­do se les em­pie­ce a caer, cuan­do ten­gan 60 o 70”. Igual, ter­mi­nó re­fle­xio­nan­do que ca­da era tie­ne su mo­de­lo de be­lle­za, y que la Ve­nus de Mi­lo, por ejem­plo, te­nía pan­ci­ta.

En su au­to­bio­gra­fía re­cuer­da que a los 18 fue dro­ga­da y vio­la­da por un hom­bre con el que iba a ca­sar­se. Y que lue­go, a lo lar­go de su ca­rre­ra, fue aco­sa­da in­nu­me­ra­bles ve­ces. Joan asegura que fue Ma­rilyn Mon­roe la que le avi­só de en­tra­da que se cui­da­ra de “los lo­bos” que iba a en­con­trar en la industria. El mo­vi­mien­to #Me­too le pa­re­ce re­le­van­te, pe­ro só­lo pa­ra las mu­je­res oc­ci­den­ta­les. Joan se pre­gun­ta qué pa­sa en la otra par­te del mun­do.

La ac­triz era co­no­ci­da en su país co­mo pi­nup girl, pe­ro cuen­ta que fue su arri­bo a Holly­wood, con su enor­me ma­qui­na­ria de pren­sa, la que la con­vir­tió en fa­mo­sa mun­dial­men­te. Y que, aun­que tra­ba­jó con mu­chas di­vas, ella pre­fie­re no te­ner en­torno, y apli­car­se su pro­pio ma­qui­lla­je. Se con­si­de­ra una tra­ba­ja­do­ra de las ar­tes. Esa ac­ti­tud se la atri­bu­ye a una lec­ción que le de­jó su pa­dre, un agen­te de ta­len­tos, que le ha­bría en­se­ña­do que el es­tre­lla­to es efí­me­ro.

Gla­mo­ro­sa. A los 85, Joan Collins si­gue ac­tuan­do y es un ícono fas­hion.

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