Clarín - Clarin - Spot - - Mú­si­ca -

trans­mi­te, aun­que no sea lo que uno quie­re es­cu­char.

Di­ce que en su ca­sa, en la que vi­ve con Ám­bar, Sil­ves­tre y Alí -es­tá en pa­re­ja con el ar­qui­tec­to y mú­si­co Agus­tín Gol­den­horn, pe­ro él no con­vi­ve con ellos- “rei­na el diá­lo­go. Y más en es­tos tiem­pos, en los que se com­par­ten mu­chos mo­men­tos”.

-De la vi­da pre pan­de­mia, ¿ex­tra­ñás al­gún ri­tual o al­gún mo­men­to co­ti­diano?

-Mi vi­da no es una vi­da con mu­chos ri­tua­les, ni tam­po­co con mu­cha ru­ti­na… Lo que sí ex­tra­ño son los víncu­los. Cu­rio­sa­men­te, es­ta par­ti­cu­lar si­tua­ción me dio mu­cho tra­ba­jo: es­toy ha­cien­do los pro­gra­mas de la abue­la, em­pe­cé con pro­gra­mas de Ins­ta­gram TV en mi cuen­ta, que es jua­na­via­leo­fi­cial. Ha­go los mar­tes a las dos de la tar­de uno de co­ci­na, los vier­nes a las 8 de la no­che ha­go uno que se lla­ma Se­sio­nes, que es una char­la con mú­si­cos, y los do­min­gos, tam­bién a las 8, otro de en­tre­vis­tas a ar­gen­ti­nos con his­to­rias de vi­da en me­dio de es­ta pan­de­mia.

-Lo de las re­des so­cia­les ¿es­ta­ba en tus pla­nes o fue una idea en ple­na cua­ren­te­na?

-Mi­rá, la co­ci­na es al­go que siem­pre me ha apa­sio­na­do y el mun­do de los mú­si­cos me en­can­ta, me in­tri­ga el uni­ver­so de la com­po­si­ción, el de la poe­sía. Y char­lar de eso con los que sa­ben me in­tere­sa mu­cho. Así que tal vez to­do ace­le­ró un po­co un pro­ce­so de al­go que no me hu­bie­se ani­ma­do a rea­li­zar en tan po­co tiem­po.

Ya po­dría­mos to­mar­nos unos ma­tes sin com­par­tir bom­bi­lla de no me­diar dis­tan­cia fí­si­ca, por­que hay lindo cli­ma de en­tre­vis­ta, con al­gu­na mí­ni­ma in­te­rrup­ción de sus hi­jos, que, le­jos de res­tar, su­ma, por­que hay aro­ma a fa­mi­lia y uno la ima­gi­na sen­ta­da en un si­llón, re­la­ja­da, a ca­ra la­va­da, a ca­ra pre­cio­sa. Cuen­ta que en los for­ma­tos de Ins­ta­gram tam­bién es­tá la mano de Nacho Via­le, su her­mano, con su pro­duc­to­ra Story­lab: “Es una per­so­na que es­tu­dia mu­cho so­bre los desa­rro­llos de re­des, la co­mu­ni­ca­ción, ana­li­za los dis­tin­tos ni­chos. Mi her­mano es un avan­za­do en eso. Y yo in­ten­to po­ner mi grano de are­na pa­ra ge­ne­rar el con­te­ni­do y crear una re­ci­pro­ci­dad con el pú­bli­co”.

-¿Te sen­tís con­duc­to­ra ya?

-Es­toy apren­dien­do a con­du­cir. No soy pe­rio­dis­ta ni ten­go años de es­tu­dio en es­te ofi­cio. Cuen­to con el aval y los con­se­jos de la abue­la, que tie­ne 52 años al man­do de es­te pro­gra­ma. Son cua­tro en­tre­vis­ta­dos por día y ten­go que te­ner la ca­be­za muy fo­ca­li­za­da en ellos, pe­ro tam­bién me per­mi­to equi­vo­car­me.

-Una de tus vir­tu­des, que se vio en es­tos ca­si tres me­ses, es que sa­bés es­cu­char al in­vi­ta­do.

-Mi gra­ni­to de are­na tal vez sea ése. Soy bas­tan­te de sa­ber es­cu­char, es par­te de mi esen­cia. No soy de pre­gun­tar sor­da­men­te, por de­cir­lo de al­gu­na ma­ne­ra. Creo que de una bue­na es­cu­cha de­vie­nen pre­gun­tas in­tere­san­tes. Me gus­ta más la char­la que la pre­gun­ta res­pues­ta aco­ta­da al cues­tio­na­rio. Y con­si­de­ro que lo más ma­ra­vi­llo­so que tie­ne el mun­do del ar­te son las ter­tu­lias y eso es­tá vin­cu­la­do di­rec­ta­men­te con el in­ter­cam­bio de ideas, con el po­der ha­blar… Me gus­ta la com­bi­na­ción de pen­sa­mien­to, sen­ti­mien­to y co­no­ci­mien­to. To­do en el mar­co de un pro­gra­ma que tie­ne que te­ner ac­tua­li­dad, pe­ro siem­pre apun­tan­do a ge­ne­rar en­tre to­dos cli­mas dis­ten­di­dos.

-¿Sen­tis­te al­gu­na in­co­mo­di­dad al ai­re?

-No, par na­da. Los in­vi­ta­dos se van sa­tis­fe­chos de la me­sa. Tal vez ven­ga al­gu­na si­tua­ción in­có­mo­da, pe­ro de ver­dad que to­do vie­ne flu­yen­do muy bien (y los sá­ba­dos le pe­lea el ra­ting mano a mano a PH, el ci­clo de en­tre­vis­tas de Andy Kus­net­zoff, por Te­le­fe).

-¿Te due­len las crí­ti­cas de las re­des so­cia­les?

-No, tam­po­co vi mu­cho de eso. Twit­ter es un po­co pi­can­te. Yo ja­más ten­go ma­las in­ten­cio­nes al ai­re. No pre­ten­do que lo que ha­go le gus­te a to­do el mun­do y en­tien­do que to­da­vía me fal­ta ex­pe­rien­cia en­tre­vis­tan­do. Pa­ra al­gu­nos, tal vez, no soy tan agu­da co­mo es­pe­ran.

-¿Po­de­mos ar­mar un ran­king de mo­men­tos en esa si­lla de Mirt­ha?

-No, no sé... Al prin­ci­pio es­ta­ba muy ner­vio­sa, pe­ro ja­más tu­ve un mo­men­to de me quie­ro ir. En reali­dad, an­tes de em­pe­zar siem­pre es­toy un po­co ner­vio­sa, y tomé la de­ci­sión de asu­mir es­te ries­go y voy a se­guir. Lo ha­go con la ma­yor hu­mil­dad po­si­ble. Ten­go un equi­po de pro­duc­ción ma­ra­vi­llo­so, que me con­tie­ne mu­cho. Y los in­vi­ta­dos vie­nen con la me­jor. Nin­guno me ba­jó lí­nea ni me di­jo “De es­to no me pre­gun­tes”.

-¿Goo­gleás so­bre los in­vi­ta­dos?

-Sí, cla­ro. Me ima­gino al­go pa­re­ci­do a co­mo vos ha­cés tu tra­ba­jo pre­vio a ca­da no­ta: me in­for­mo, leo so­bre la per­so­na… La pro­duc­ción me da to­da la da­ta y yo ha­go mi pro­pia in­ves­ti­ga­ción. Soy una mu­jer cu­rio­sa. A mí me gus­ta leer mu­cho y no que­dar­me con una so­la opi­nión.

Y con­fie­sa que ha­ber da­do el sí fue “un ac­to de amor a mi abue­la. Al prin­ci­pio eran 15 días de cua­ren­te­na, era ese to­ro y lis­to. Des­pués se fue alar­gan­do”.w

Tex­to am­plia­do en Cla­rin.com

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