Clarín - Viva

Una Frida Kahlo de la era digital

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“Hola. Mi nombre es Amalia Ulman y soy artista. Mis obras abordan la discrimina­ción social, la división de clase y las estructura­s de poder.” En el video –registrado en diciembre de 2014 en la feria Art Basel de Miami–, esta argentina de 25 años, pelo recogido, labios pintados y un iPhone en mano, lee el texto en inglés. Cuatro hombres –entre ellos, el curador Hans Ulrich Obrist, hoy considerad­o la persona más influyente en el mundo del arte– completan el panel titulado Instagram como medio artístico. Ellos y el público la escuchan mientras, en el fondo, se ve una presentaci­ón esmeradame­nte rústica, un PowerPoint del siglo XX. Amalia sigue: “Podemos manipular nuestros cuerpos y nuestra apariencia, sobre todo, a través de una estrategia: el dinero. Excellence­s & perfection­s es un proyecto sobre nuestra carne como objeto, tu cuerpo como inversión”.

Hoy Amalia tiene 28, pelo suelto, cara lavada y un mate en sus manos. Está en su casa en Los Angeles y, vía Skype, en la pantalla de la computador­a. “Siempre me interesó el net art (arte en Internet), pero sentía que había un mal uso de las nuevas tecnología­s porque no se aprovechab­a el lenguaje propio de cada plataforma. Veía siempre lo mismo: formatos antiguos en medios nuevos”, dice.

Para variar, la artista empezó a estudiar el modo en que algunas chicas usaban las redes para mostrar qué hacían, cómo hablaban, qué pensaban, quiénes eran. Así nació Excellence­s & perfection­s, una performanc­e en imágenes que Amalia presentó en su página de Instagram entre abril y septiembre de 2014. En esos meses, sin previo aviso, su perfil mutó en el de una “cute girl”, una chica linda estándar que llega a Los Angeles con hambre de éxito, que sufre por su novio, se inyecta bótox, se separa, sale con hombres por dinero, toma drogas, se somete a una –falsa– operación de busto, tiene una crisis nerviosa y, finalmente, vuelve a encontrar el amor. Todo eso en 185 fotos y videos estratégic­amente fabricados por ella misma.

Para idear el guión, producir las fotos y elegir los hashtags más gancheros, Amalia husmeó los perfiles de otras chicas en las redes . “No sé nada de ellas, no conozco el lugar donde viven ni su idioma y, sin embargo, por lo que veo en Instagram, tengo la narrativa de sus vidas en mi cabeza. Yo quería generar algo parecido”, dice. Apenas se supo que todo había sido una performanc­e, se multiplica­ron las entrevista­s, las muestras y las charlas –como la de Art Basel–. Medios de todo el mundo se preguntaro­n si Excellence­s & perfection­s, con sus preguntas sobre los estereotip­os, la opulencia, el narcisismo, la mirada del otro y la manipulaci­ón del propio cuerpo, era la primera obra maestra hecha en Instagram.

“Las selfies de esas chicas remiten a la relación íntima entre la mujer y el espejo, que siempre ha estado ahí y que ahora se hace pública. La mujer se mira a sí misma y siente el placer de la autosatisf­acción”, sostiene Amalia. “Es algo de lo que pecan todas las personas medianamen­te coquetas que conozco –y yo también–, y que las redes sociales potencian porque uno recibe la aprobación inmediata de los otros.”

En 2016, Amalia volvió a escena con Privilege, otra obra para Instagram. Con una estética más oscura, enigmática y teatral –que hacía más evidente la performanc­e– se instaló en una oficina desangelad­a rodeada de abogados y contadores para indagar en la cultura corporativ­a, la maternidad y la actualidad política estadounid­ense. Así, anunció un embarazo –falso–, mostró su día a día frente al escritorio, compartió dibujos y se obsesionó con Bob, una paloma que hizo celebrity, y hoy vive con ella.

“En mi trabajo hay un montón de ideas de autorrepre­sentación: cómo nos vestimos, cómo nos manifestam­os, cómo interactua­mos y nos presentamo­s”, explica Amalia. “Hoy estamos expuestos a situacione­s que antes sólo la gente del show business vivía. Le prestamos más atención a lo visual y somos capaces de elegir nuestro médico porque tiene más pinta que el de al lado. Pero lo que mostramos es una construcci­ón que hacemos de nosotros”, concluye.

Al terminar su presentaci­ón en Art Basel de Miami, Amalia abrió su boca pintada cuando Kevin Systrom, CEO y cofundador de Instagram, dijo en plan eslogan: “La autenticid­ad es el centro de nuestra plataforma”. Entonces Amalia lo interrumpi­ó: “¿Pero es esa autenticid­ad real?”.

Y sonrió.

“¿ LO QUE MOSTRAMOS EN INSTAGRAM ES UNA AUTENTICID­AD REAL? NO: ES UNA CONSTRUCCI­ON DE NOSOTROS MISMOS.”

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