Clarín - Viva

De crear en Tierra del Fuego a presentar colección en Buenos Aires.

Juliana García Bello y Carla Andrea Escalera son de Río Grande, Tierra del Fuego. Desde allí crean prendas sustentabl­es, que ya desfilaron en Buenos Aires.

- POR MARIA EUGENIA MAURELLO / FOTOS: GENTILEZA ESTEBAN BAIGORRI Y NICOLAS VELAZQUEZ

Al noroeste de la provincia de Tierra del Fuego, en la ciudad de Río Grande, donde el frío es una constante y el viento parece no tener descanso, nacieron y fueron criadas las diseñadore­s Juliana García Bello y Carla Andrea Escalera. Y esa no es la única coincidenc­ia, sino que, las dos, trabajan de acuerdo a parámetros sostenible­s, reutilizan textiles y este año ganaron, en la pri

mera y la segunda edición, respectiva­mente, el concurso Autores Moda BA. También hicieron un desfile conjunto en su tierra de origen.

Nuevo rumbo.

“Las mujeres de las que aprendí”, dice García Bello, y alude a su abuela que trabajó en Alpargatas confeccion­ando refuerzos, a su tía que hizo lo propio en una fábrica de suéteres y su mamá que es maestro mayor de obra. Ella, a los 6 años, rompió el chanchito para comprar su primera máquina de coser y de adolescent­e se animó a confeccion­ar y a pintar sus propias remeras. Después, llegó a Buenos Aires para cursar la carrera de Diseño de Indumentar­ia y Textil en la UBA. De su marca homónima dice que “trabaja desde el arte y el oficio, hablo de las cosas simples que tiene la vida”. Adhiere a la sostenibil­idad haciendo las prendas una a una, en el taller que tiene en su casa, con detalles artesanale­s y con materiales recuperado­s a partir de prendas donadas por amigos y vecinos. “Creo que el sistema actual de trabajar por temporadas está en crisis, porque no es funcional al mundo, no necesitamo­s producir para todas las temporadas, porque ya existe ropa”, manifiesta.

Con 30 años, en octubre partirá hacia Amsterdam, Holanda. Piensa quedarse a vivir allí, donde además parti

cipará del Fashion Clash Festival que se desarrolla en ese mismo país. “Tengo ganas de migrar, ya hace once años que vivo acá y quiero algo nuevo, otro desafío”, explica.

¿Es posible asociar sus diseños a Río Grande? “En mis inicios estaban muy relacionad­os al sur por la paleta, los materiales, el imaginario patagónico; con el tiempo eso se metaforizó, no pienso en la relación con mi tierra, porque creo que es ineludible, sale solo”, dice. Justamente, su nueva colección se llama Campo y hace foco en el “camping tal cual lo vive un fueguino”. Está hecha con indumentar­ia, accesorios y objetos outdoor en desuso. ¿El dato? Además hace patrones de moldería en formato fanzine para que cada uno pueda hacer sus propias prendas con material de descarte.

Ritmo textil.

“Río Grande es gris y beige, por eso las casas y canteros se alzan en colores saturados” asevera Escalera. Y agrega: “Tiene identidad austera y hostil y eso es lo que más me gusta”. De chica aprendió a tejer al crochet, en telar y a dos agujas, también adquirió conocimien­tos para hacer bijouterie. Armó un taller en su habitación, su papá le preparó un escritorio especial y la mamá la llevaba a la mercería. “Me encerraba horas a trabajar”, comenta. Para esa época le preguntaro­n qué quería ser de grande y lo expresó en un dibujo. Partió una hoja en dos: a un lado plasmó una pasarela y al otro, una banda de rock.

Cumplió con las dos cosas. Estudió Música Popular en la facultad de Bellas Artes de la Universida­d Nacional de La Plata, ciudad en la que también vive y trabaja. Después se metió de lleno en la Escuela Argentina de Moda. Hasta acá, con 26 años, hace hincapié en coleccione­s con temáticas autorrefer­enciales.

Para desarrolla­r la marca que lleva su nombre de pila, Carla Andrea, trabaja con fibras nobles que le permiten teñir con pigmentos naturales (palta y cebolla). Diseña piezas únicas y adhiere a la “moda lenta”. Aprovecha los descartes de las empresas generados dentro de la isla de Tierra del Fuego, que no reciben tratamient­o, para dar a conocer esta problemáti­ca. Primero los utilizó para hacer packaging y etiquetas, después se lanzó a diseñar prendas con percal de algodón. “Quiero que mi ropa sea reinterpre­tada por el que desee vestirla”, concluye.

Pasarelas compartida­s.

En marzo, las dos fueguinas se unieron para presentars­e en “RG Semana de la moda”. Hicieron un desfile en la Casa Histórica de la Asociación Rural de Tierra del Fuego. Las coleccione­s aludieron a la historia de cada una de ellas y al vínculo con su tierra. A su vez, a principio de año, García Bello participó en la pasarela de BAFWeek tras ganar el concurso organizado por la oficina de moda de la Dirección General de Industrias Creativas, a cargo de la diseñadora Vero Ivaldi. Su colección Dora Duba la hizo de manera conjunta con su abuela. Trabajó con textiles de artículos domésticos resignific­ados: delantales, manteles y repasadore­s, que transformó en nuevas tipologías.

En esta última edición de BAFWeek, el turno fue de Escalera. Presentó la colección Py’aguasú, vinculada a Misiones, de donde viene su familia materna. Camisas de cuello volcado, monoprenda­s, jardineros, chalecos y fajas, con referencia­s de la cosecha propia del lugar. Las terminacio­nes son rústicas y al corte. La paleta incluye el verde obtenido por la tintura natural de la yerba mate.

DESDE EL SUR, IMPUSIERON SU ESTILO Y CONCEPTO DE LA MODA. LA IMPORTANCI­A DEL DISEÑO SOSTENIBLE.

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 ??  ?? PROPUESTAS. De García Bello, una diseñadora en constante cambio. Y de Carla Andrea, para quien la moda es un espacio de expresión.
PROPUESTAS. De García Bello, una diseñadora en constante cambio. Y de Carla Andrea, para quien la moda es un espacio de expresión.
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