Clarín

Los Juliá ya habían usado la base de Morón para otro vuelo sospechado

Fue en junio, previo a un viaje a España. Se cree que también llevaron cocaína.

- Juan Cruz Sanz

Morón no fue una casualidad. Para Eduardo y Gustavo Juliá la Base Aérea de Morón fue el principal escenario de sus operacione­s. Según consta en registros oficiales a los que accedió Clarín, mucho antes del vuelo con el narcoavión a España por el que están detenidos, utilizaron a Morón como refugio de otra nave -un Hawker 800XPcon la que también viajaron a Europa en 2010. Según informes de la Guardia Civil española, en esos viajes los Juliá también llevaron cocaína para probar los sistemas de seguridad de aquel país.

El 15 de septiembre de 2009, Gustavo Juliá, ahora detenido en Barcelona junto a su hermano Eduardo, cerró los trámites para el leasing de un avión Hawker 800 XP con una empresa de Fort Lauderdale, a poco más de 100 kilómetros de la ciudad de Miami. En ese avión, matrícula N348MC, una aeronave de caracterís­ticas diferentes al Challenger 604 en el que cargaron 944 kilos de cocaína, los hermanos Juliá realizaron más de 20 vuelos, entre ellos el que los puso en la mira de la Justicia.

Entre el 16 y 18 de abril de 2010, el Hawker aterrizó en el aeropuerto de Viru Viru en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Arriba del avión iban los Juliá junto a tres argentinos y un colombiano, entre ellos el colombiano Wilson Díaz Vélez y el argentino Daniel Amitrano. La lista de pasajeros fue detectada por la Policía de Seguridad Aeroportua­ria, que lo registró como un vuelo sospechoso. Se cree que Díaz Velez y Amitrano eran el contacto de la narcomodel­o Angie Sanclement­e Valencia con los carteles proveedore­s de droga.

Luego de esa reunión y tal como anticipó Clarín, los Juliá viajaron a España en dos oportunida­des, el 9 y el 30 de junio. El 9 de junio, el Hawker salió de Argentina al pequeño aeropuerto de Murcia, a 400 kilómetros de Madrid, como destino final. Regresaron a la Argentina el 12 de junio. Cinco días después de ese fugaz vuelo, los Juliá alojaron el Hawker en Morón. Sin razón aparente, la aeronave estuvo 12 días parado en Morón. Este dato surge de los documentos oficiales de vuelo a los que pudo acceder este diario. “Los Juliá pagaban 35 mil dólares de alquiler. Si lo tenían parado perdían plata, salvo que el dinero no sea de ellos”, sostuvo una fuente conocedora del mercado aeronáutic­o. El 29 de junio, a las 16.09, el Hawker N348MC, con Eduardo Juliá como piloto, salió a Ezeiza para poder iniciar su segundo viaje a España.

Con diferencia del primero, la segunda gira por España fue aún más sospechosa. La primera escala fue en el aeropuerto de Reus, una estación aérea alternativ­a al aeropuerto El Prat de Barcelona. El 1° de julio, volaron hasta Murcia, donde el avión se mantuvo detenido una semana. El miércoles 7, partieron rumbo al aeropuerto civil de Torrejón (conocida como Base aérea de Torrejón de Ardoz). El 9 de julio, despegaron rumbo a Málaga, donde estuvieron sólo algunas horas antes de regresar a la Argentina. Por todos esos vuelos, los empresario­s argentinos debieron pagar 1.645 euros al organismo que controla el tráfico aéreo en el espacio común europeo.

Según el informe “Operación Volare”, remitido por la Guardia Civil a distintas fuerzas de seguridad argentina, en cada uno de esos vuelos se transporta­ron 80 kilos de droga. Fue la operación previa al envío de los 944 kilos de cocaína, que la Justicia cree que se cargaron en Morón. Según fuentes con acceso a la causa que se tramita en España, Matías Miret, el tercer detenido en Barcelona, identificó a “Claudio Burgueño como el copiloto de Eduardo Juliá”, en los dos primeros viajes a España.

Una fuente que tuvo contacto con Gustavo Juliá, confirmó que las semanas previas al viaje a Barcelona, los hermanos aprovechar­on el cierre de Aeroparque como “excusa para su desembarco en Morón” con el avión Challenger. El 30 de agosto de 2010, los Juliá volvieron a Morón, donde estuvieron hasta el 12 de septiembre, antes de devolver el Hawker en Miami. Morón no era sólo un estacionam­iento, fue el lugar donde eran los “dueños de casa”. Ahí, por partes y sin control, cargaron el Challenger. Con el Hawker no habían tenido problemas.

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