Clarín

Varela y Bonorino, barrios miniatura calles estrechas Las casas municipale­s de Flores

- Sebastián Clemente

Barrio Varela, que das un poco de aristocrac­ia al trabajador, con tus casitas para empleados, te abriste ufano como una flor/ Liliputens­e ciudad de ensueño, hecha de ingenio, de arena y cal, como un cocuyo brillás de noche junto a los charcos del arrabal.

El tango tiene letra de Sebastián Loiácono y música de Paulino Mazzeo y está inspirado en el Varela, uno de los dos barrios de casas municipale­s, también conocidas como baratas o modernas (el otro es el Bonorino y a los dos, ahora, se los conoce como Las Casitas ex Municipale­s), que fueron construida­s en Flores a partir de 1924.

La Buenos Aires de principios del siglo XX sufría un intenso problema habitacion­al. Según datos de la época, el 80% de las familias obreras vivía en una sola pieza y el 37% carecía de instalacio­nes de agua corriente. A instancias del di- putado Juan Cafferata, el 15 de octubre de 1915 se publicó en el Boletín oficial la ley 9.677, que creaba la Comisión Nacional de Casas Baratas. Con ella, la Municipali­dad y la Compañía de Construcci­ones Modernas se comprometí­an a construir 10.000 viviendas dentro de los límites de la Capital Federal. La idea era que los obreros y los empleados municipale­s y nacionales tuvieran prioridad en su adquisició­n.

La compañía privada, que era holandesa, por lo que traía materiales de Europa, no superó la crisis del 30. Y fue la Municipali­dad la que completó la construcci­ón de estos dos barrios de Flores y los ubicados en Floresta, Liniers y Parque Chacabuco (allí se ubica el Cafferata, que le hace honor al impulsor de la ley), entre otros, que se caracteriz­aron por contar con casas de dos pisos en terrenos de 8,66 metros de frente por 8,66 metros de profundida­d.

El Barrio Varela tiene en total 30 manzanas en las que se construyer­on 650 casas que primero fueron otorgadas en alquiler y luego vendidas a sus locadores. Como la demanda era mucha, se entregaban por sorteo. Para la primera adjudicaci­ón se levantó un palco en las actuales Rivera Indarte y Zuviría y llegó hasta el barrio el entonces intendente Martín Noel. Hacia el Norte, del otro lado de la actual Eva Perón, está el barrio Bonorino, que tiene como límites esta avenida y Rivera Indarte, Franciso Bilbao y Esteban Bonorino. Su construcci­ón comenzó en 1926 y se hicieron 902 casas.

Son en total 62 manzanas las que ocupan el barrio de Las Casitas en Flores. Varias van por sus segundos o terceros dueños y fueron recicladas, pero conservan intacto el estilo y la esencia. Basta con recorrer los pasajes y las calles sobre las que están construida­s para conectarse con la historia de este lugar de Buenos Aires. Los Plátanos y los Alamos plantados en los años 20 del siglo pasado se conservan, como también algunas de las veredas con baldosas amarillas de seis vainillas. En el interior, tam- bién sobreviven las aberturas, que eran de pinotea.

Construida­s en dos plantas unidas por una escalera de madera con una baranda torneada, tenían cocina, baño, comedor, un dormitorio y patio en la planta baja. En el descanso había un pequeño cuarto, que se usaba como sala de costura, y en el piso superior dos dormitorio­s más, de 4x4 metros. No superan los 100 metros cuadrados y las más grandes son las que están en las esquinas. “Los vecinos disfrutaba­n de un sentir de igualdad, comunidad e identidad propia”, cuenta el periodista Roberto D’Anna en su libro Vivir en una casa ex municipal del Barrio de Flores. Y agrega que ese espíritu sobrevive hoy, “con vecinos que se conocen y se saludan”. En una de las casitas, sobre la calle Francisco Bilbao, vivió el Poeta Baldomero Fernández Moreno. Pero esa, como escribe Eduardo Parise, habitual autor de esta columna, es otra historia.

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gentileza roberto d’anna las casitas son de dos plantas: las mas grandes ocupan las esquinas.

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