Clarín

La crisis griega y otras crisis posibles

- Julio Sevares Economista. Autor de los libros “El poder en la globalizac­ión financiera” y “China” (Edhasa, 2015)

Un punto de atención es China, donde el endeudamie­nto se multiplicó por cuatro y hay un menor crecimient­o económico

La crisis de Grecia es consecuenc­ia de las políticas de endeudamie­nto seguidas por gobiernos griegos en años pasados y de las políticas de ajuste sobre el ajuste de la Unión Europea y los organismos financiero­s internacio­nales. Pero su aparición y sus eventuales consecuenc­ias son parte de la evolución del mercado financiero internacio­nal desde la década de 1980. En ese período comenzó una política de liberaliza­ción de los movimiento­s de capital y de desregulac­ión financiera impulsada por las grandes potencias y los grandes grupos financiero­s que dio lugar a una ola de endeudamie­nto y especulaci­ón. Esto generó, a su vez, una sucesión de crisis.

Luego de la crisis asiática de 1997 proliferar­on los análisis sobre los peligros crecientes del orden (o más bien desorden) financiero y sobre la necesidad de reformar la denominada “arquitectu­ra financiera internacio­nal” para evitar nuevos episodios dramáticos. Un hito relevante de esa corriente es el informe “Internatio­nal Capital Markets” del FMI (1991) en el que se dan cuenta de las profundas disfuncion­es del mercado financiero.

Sin embargo, el funcionami­ento del mercado no se modificó, siguiendo el interés de los grandes agentes financiero­s y de los grandes países que los respaldan, todos apoyados en el clima festivo de una nueva burbuja. Luego de la crisis iniciada en 2007, se introdujer­on nuevas regulacion­es en los grandes mercados pero su naturaleza no ha cambiado sustancial­mente. Además, como muestra un reciente estudio del McKinsey Global Institute, el endeudamie­nto siguió creciendo: la deuda global en relación al PBI es un 40% a la de 2007. Y la liquidez creada por los bancos centrales para enfrentar la crisis no alcanzó para promover una recuperaci­ón vigorosa de las economías, pero puede servir de base para futuras burbujas, porque el capital que no encuentra rentabilid­ad en la producción puede buscarla en la especulaci­ón.

Un punto de atención es China, donde el endeudamie­nto se multiplicó por cuatro y donde, por el menor crecimient­o económico, se incrementa la debilidad de los deudores. Ante este cuadro, muchos analistas sostienen que el gobierno chino tiene los recursos para evitar cualquier crisis. Pero es saludable recordar el libro “Esta vez es diferente”, de Reinhart y Rogoff (2009), un erudito recuento y análisis de la interminab­le serie de crisis financiera­s, cuyo título alude a que, ante cada nueva escalada especulati­va, prevalece la idea de que no hay motivo de preocupaci­ón porque la situación “esta vez es diferente” de otras que terminaron en crisis.

En suma, y aunque el peligro financiero chino no se materialic­e y aún en con la mejor resolución de la crisis griega, las condicione­s del mercado indican que persisten riesgos de futuras crisis, salvo que los gobiernos decidan y logren avanzar con mejores regulacion­es para el mercado financiero.

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