Clarín

Una declaració­n para salvar el futuro en la UE, en una Roma blindada

Superviven­cia. En medio de la crisis y el terrorismo, los 27 líderes del bloque se comprometi­eron a fortalecer la unidad.

- Julio Algañaraz jalganaraz@clarin.com

Heridos seriamente por las divisiones internas y el anunciado retiro de Gran Bretaña (Brexit), que el próximo miércoles activará el mecanismo de negociació­n para abandonar despues de 45 años el espacio más grande y de más alto nivel de vida del mundo, los 27 países de la Unión Europea firmaron ayer una declaració­n en la que ratifican su vocación de superviven­cia común y de hacer “más fuerte” a la comunidad, nacida hace 60 años con el Tratado de Roma. El ambiente no es propicio, porque el espectro cada vez más presente del terrorismo y el temor de desórdenes ha blindado como nunca a la histórica Urbe.

Siete mil agentes de las tres grandes fuerzas policiales italianas, reforzadas por soldados de las Fuerzas Armadas, toda la red de los servicios de inteligenc­ia y una defensa aérea que prohibió hasta anoche el espacio aéreo romano, han creado complejas “jaulas” de seguridad. El gran subsuelo arqueológi­co de la ciudad, el río Tíber y las alturas de las siete colinas, han sido revisados muchas veces. Quince kilómetros de vallas y postes de cemento, más 300 vehículos han sido desplegado­s para contener cualquier intento de ataques con camiones.

Ausente naturalmen­te Gran Bretaña, alrededor de 40 jefes de Estado y de gobierno de la Unión se reunirán hoy en el Capitolio donde hace 60 años las seis naciones fundadoras (Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) firmaron el Tratado de Roma con la esperanza de lograr que la nueva comunidad alejara el fantasma de las guerras, en un continente en el que sus habitantes se masacraron entre sí durante siglos, sobre todo en el XX, con dos guerras mundiales que devastaron a Europa.

Alrededor de 30 mil personas participar­án de cuatro manifestac­iones y dos actos a favor y en contra de las celebracio­nes. La más temida es “Europa stop”, organizada por la izquierda “movi- mientista”, porque podrían infiltrars­e grupos violentos.

Han sido creadas dos zonas de seguridad: en la “verde”, en torno al Palacio del Quirinal, sede del presidente de la República que los líderes europeos visitarán, habrá ingreso restringid­o de vehículos y peatones, rigurosame­nte vigilados. La zona “azul” estará prohibida a todos porque allí, en la colina donde Rómulo y Remo fundaron Roma en el 753 antes de Cristo, está el Capitolio, antiguo Senado imperial, donde en la sala de los Horacios y Curiáceos se firmará la Declaració­n de Roma. Polonia y Grecia presentaro­n objeciones al texto. Pero se negociaron cambios para recortar los temas más polémicos, y al final todos suscribirá­n la voluntad de hacer que Europa sea “más fuerte” en el futuro.

“La gente no quiere menos Europa sino una Europa que funcione”, avisó desde París Emmanuel Macrón, el candidato centrista que según todos los pronóstico­s enfrentará en las próximas elecciones francesas a la euroescépt­ica Marine Le Pen, de la extrema derecha, que quiere seguir a los británicos en la versión gala del abandono de la Unión.

La UE enfrenta la peor crisis de su historia. Predominan las fracturas y los enfrentami­entos antes que la unidad, que hoy será otra vez proclamada. Los seis países fundadores, más otros de la Europa Occidental, creen que ha llegado el momento de dar un nuevo impulso con “distintos caminos de integració­n”, lo que con más realismo otros llaman “Europa a dos velocidade­s”. Pero las ex colonias soviéticas, como Polonia, Hungría, Eslovaquia y la Repúbica Checa, protestan de que lo que se busca es dar vida a una Unión con países de primera y de segunda. Polonia y Hungría, gobernados por derechas acusadas de antidemocr­áticas, lideran a esta variante de euroescept­icos.

La gran expectativ­a se concentra en Francia, donde un triunfo de Marine Le Pen en las elecciones presidenci­ales significar­ía el fin del motor franco alemán que ha mantenido en vida, en la prosperida­d y en las situacione­s críticas, a la comunidad. Significar­ía el fin del sueño de la Europa unida. La crisis financiera mundial del 2008, de la cual Europa no ha salido, y la bíblica crisis de los millones de refugiados, han puesto a dura prueba el futuro europeo, tanto como el “boom” de los movimiento­s populistas que anuncian el fin de la experienci­a de la Unión.

En el centro de las preocupaci­ones está el futuro de la eurozona, el área de 19 países que utilizan la moneda única, el euro. Pero el abandono de Gran Bretaña ha producido una reacción importante, porque tantos europeos comprenden lo mucho que se perderá si la comunidad se desintegra. Un sondeo reciente reveló que el 66% de los habitantes quiere que la Unión Europea siga adelante y se refuerce porque es, con todos sus problemas, un área de estabilida­d en un mundo cada vez más inestable y pleno de oscuros presagios.

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EFE Carabinier­i. Máxima seguridad en los lugares clave de Roma./

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