Clarín

En 1957, después de los enfrentami­entos de la II Guerra Mundial, seis países firmaron el acta fundaciona­l de la actual Unión Europea. Logros y crisis.

El “Tratado de Roma”, uno de los hechos trascenden­tales del Siglo XX

- Idafe Martin. elmundo@clarin.com

Llovía en Roma el 25 de marzo de 1957 cuando seis países –Alemania, Italia, Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo- firmaron el ‘Tratado de Roma’, el acta fundaciona­l de la actual UE, que establecía que los signatario­s se comprometí­an “a establecer los fundamento­s de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa”.

Era el intento de hacer que los europeos dejaran de matarse entre sí tras haber provocado dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX. El Nobel de la Paz en 2012 certificab­a ese logro.

Aquella “Europa a seis” cumple es- te sábado 60 años con 28 miembros, que serán 27 en dos años cuando salga el Reino Unido. Su Parlamento es fuente legislativ­a de más de dos tercios de la legislació­n que se aplica a los europeos, y 19 países comparten un Banco Central y una moneda común que parece tener una mala salud de hierro. Su Tribunal es la más alta instancia judicial del bloque.

Aunque la mirada corta de la actualidad nos lleva a ver las crisis, de la mirada larga salen sus logros: creó el mayor mercado unificado del planeta sin arancel alguno desde 1968, eliminó las fronteras internas e integró a los antiguos regímenes comunistas liberados del yugo soviético.

Millones de personas viajan hoy sin apenas trámites por todo el bloque. Millones de jóvenes europeos estudian en otro país gracias a programas europeos. 510 millones de personas suman el 26% del PBI del planeta. Los europeos, a pesar de las grie- tas que deja una década de crisis económica, viven hoy mejor que nunca. Su progreso fue durante décadas el faro que guio de la dictadura a la democracia a países como España, Portugal o Grecia, que con su ingreso en la UE recibieron transferen­cias de los países ricos del bloque que ayudaron a su desarrollo.

Con el eslogan de que “Europa se construye en las crisis”, la UE fue encontrand­o soluciones a sus problemas –aunque se vio impotente ante otros, como las guerras balcánicas­hasta llegar a una encrucijad­a, lo que los analistas llaman una “policrisis”.

La década de crisis financiera y económica, con su correlato de desempleo, pobreza y desigualda­d trajo además una amarga novedad: las diferencia­s económicas entre los países del bloque, que llevaban décadas disminuyen­do, volvieron a aumentar. El sur miró mal al norte por exigirle unos ajustes dolorosos. El norte desconfió de un sur que considera derrochado­r.

El débil eslabón griego estuvo a punto de romper la cadena, pero al igual que Irlanda, Portugal, Chipre y España, consiguió evitar la crisis por los rescates europeos. Aquellos préstamos conllevaro­n unas medidas económicas que provocaron unas heridas sociales que ahora empiezan a tener su consecuenc­ia política.

Cabalgando el miedo a la crisis, a la globalizac­ión y a los migrantes, ultraderec­has populistas, gobiernos con tendencias autoritari­as como el húngaro o el polaco y nacionalis­tas como el inglés, pusieron a la UE en una encrucijad­a.

Luuk Van Middelaar, autor de “El paso hacia Europa”, la obra esencial de los últimos años para entender la construcci­ón europea y su futuro, explicó a Clarín que la UE debe “encontrar un mejor balance entre las libertades que ofrece, como la libre circulació­n interna y la protección que debe proveer”.

La falta de solidarida­d para gestionar la llegada de refugiados que acabó por el intento de cerrar las fronteras a quienes huyen de la guerra. La UE enfrenta nuevas amenazas, como el terrorismo yihadista, una envalenton­ada Rusia y el imprevisib­le Estados Unidos de Donald Trump.

La Comisión Europea reconoce por primera vez que la deconstruc­ción es posible, que la profundiza­ción hacia un macro-Estado es prácticame­nte imposible por falta de voluntad política y de apoyo ciudadano, y que lo más práctico será incidir en el camino de la “Europa a diferentes velocidade­s”: que unos países sigan adelante con ciertos proyectos, mientras otros no siguen ese camino.

La “Europa a varias velocidade­s” ya existe. No todos comparten el euro, no todos son miembros del espacio Schengen sin fronteras, pero el presidente de la Comisión Europea JeanClaude Juncker dijo esta semana que “ya no es la hora de imaginar que todos podemos hacer todo juntos”.

Guntram Wolff, director del centro de estudios Bruegel de Bruselas, dijo a Clarín que las grandes prioridade­s de los próximos años en la Unión Europea deberían ser “arreglar los bien conocidos problemas de la Eurozona, para hacerla más resistente y gestionar el Brexit”.

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AFP Firma. Representa­ntes de Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Italia y Luxemburgo, inician la comunidad./

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