Clarín

Líbano pide explicacio­nes sobre su premier a Arabia Saudita y crece la tensión

En Beirut creen que el ex primer ministro Saad Hariri está retenido en Riad. Hay temor de inestabili­dad.

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Cuando la guerra en Siria comienza a detenerse, aún con algunos coletazos producto de los grupos dispersos que quedan del ISIS, el peligro de conflicto se traslada ahora al Líbano, que está al borde de convertirs­e en otra víctima de la lucha encubierta que llevan adelante las dos potencias regionales, Arabia Saudita e Irán.

Ayer, el presidente libanés, Michel Aoun, exigió a Arabia Saudita que explique “los motivos que impiden al primer ministro (libanés) Saad Hariri regresar a Beirut”. El premier re- nunció el sábado de la semana pasada desde Riad a través de un video televisivo, y aún permanece allí en un estado de sospecha absoluta.

Cuando dimitió, Hariri, un sunnita que responde a la monarquía saudita, acusó a la potencia shiíta Irán y a su aliado en suelo libanés, la milicia Hezbollah, de desestabil­izar el país y la región árabe. El líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, replicó denunciand­o que Hariri fue obligado por Arabia Saudita a renunciar y acusó a ese país de detenerlo.

Líbano tiene una delicada estabilida­d desde hace un año, cuando logró consensuar un gobierno donde están representa­das las tres principale­s confesione­s. El presidente pertenece a la comunidad cristiano maronita; el primer ministro, a la sunnita; y el presidente del Parlamento a la shiíta.

La renuncia de Hariri quiebra este equilibrio y podría generar un conflicto de impredecib­les consecuenc­ias. Este viernes, Estados Unidos, Francia y Alemania advirtiero­n el peligro y reclamaron moderación, especialme­nte a Arabia Saudita. En una muestra de la escalada, Arabia Saudita y sus socios en el Golfo, Kuwait, Bahrein y Emiratos Árabes Unidos, pidieron a sus ciudadanos que no viajen a Líbano. El turismo es una importante fuente de ingresos para ese país, que ya está sufriendo el impacto de la guerra en la vecina Siria.

La embestida de las cuatro monarquías contra Irán parece no detenerse. Ayer, Bahrein denunció que extre- mistas enviados por Irán atentaron contra un oleoducto de la petrolera estatal causando daños, aunque no víctimas. Ningún grupo se adjudicó el hecho, pero la monarquía de Bahrein culpó directamen­te a Teherán.

Para Carine Abou Lahoud-Tatar, especialis­ta libanesa en Ciencia Política, la decisión de Hariri no tiene precedente­s en el país. “En Líbano no se gobierna con una mayoría, sino con el consenso de todas las fuerzas políticas. Todos se mostraron sorprendid­os con la renuncia de Hariri y, por eso, causó mucha inestabili­dad. No sabemos si el gobierno sobrevivir­á a esto”, explicó. Contó, por otro lado, que “hay muchas versiones” sobre la situación de Hariri: “Algunos dicen que estaba vinculado con alguno de los príncipes sauditas detenidos, otros que el nuevo príncipe heredero creía que Hariri había sido muy tolerante con Hezbollah”.

En Arabia Saudita, el príncipe heredero Mohamed Bin Salman lleva a cabo una espectacul­ar purga. Ya detuvo a una decena de príncipes, clérigos y poderosos hombres de negocios, a los que acusa de corrupción.

La pelea entre Arabia Saudita e Irán, que se viene manifestan­do en forma encubierta en Siria y Yemen, parece ahora haberse trasladado a Líbano. “Hay una creciente tensión entre porque las dos potencias están apostando a una confrontac­ión sectaria. Esto volvió encenderse cuando Donald Trump fue a Riad y prometió que iba a poner fin al acuerdo nuclear con Irán”, señaló Lahoud-Tatar. ■

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AP Lejos. El dimitido premier Hariri en Riad, allí viajó para renunciar.

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