Clarín

El remozado protagonis­mo de Macri

- Eduardo van der Kooy nobo@clarin.com

Recién ahora está cobrando sentido cabal aquella rueda de prensa que Mauricio Macri realizó el 18 de julio. Comunicada con cinco días de anticipaci­ón después de casi dos meses de silencio y que coincidió con los momentos más virulentos de la tormenta financiera. O de la crisis que trastocó casi todos los planes del Gobierno. Aquel día no quedó grabado por ninguna definición tajante del Presidente. No es su estilo. Apenas sorprendió con el pronóstico audaz sobre una baja de 10 puntos para la inflación del 2019. Pero su aparición detrás del atril en la Casa Rosada implicó el comienzo de una nueva estrategia: Macri se ha colocado como un portavoz prácticame­nte excluyente del poder, cuando recién se inicia la larga travesía del duro segundo semestre económico.

El Presidente volvió a sorprender ayer luego de la reunión de Gabinete. Se convirtió en miembro informante. Ocupó la plaza que en tiempos mejores correspond­ió a algún ministro. Comunicó que la inflación del 2018 difícilmen­te estará por debajo del 30%. Faltan pocos días para que el INDEC difunda las cifras oficiales. La última correspond­iente a mayo señaló un 3,7%. Cinco de las principale­s consultora­s privadas -entre ellas la que dirige Orlando Ferreres-- vaticinan que el índice del mes concluido hace poco oscilará entre el 2,5% y el 2,8%.

Desde aquel 18 de julio el Presidente formalizó, incluyendo la de ayer, tres aparicione­s públicas formales. Otras dos a través de medios de comunicaci­ón del interior. Una más, al responder preguntas a través de redes sociales. Fue por Instagram. Nada habría respondido a una casualidad. Se trata de un camino que empezaron a trazar, en medio de la crisis, Jaime Durán Barba, el asesor ecuatorian­o y Marcos Peña, el jefe de Gabinete. Macri debería ser por un tiempo, de acuerdo con esa idea, el centro de gravedad de Cambiemos.

El Presidente se ocupó de instalar el lunes 30 la discusión sobre la reforma en las Fuerzas Armadas. La oposición discute la validez o no de su decreto mediante el cual modificó uno, en tres artículos, y abolió otro dictado en 2006 por Néstor Kirchner. Se insinúan los desplazami­entos militares para vigilar lugares estratégic­os del país que posibilite­n la libertad de acción de gendarmes y prefectos para otros menesteres. En Johannesbu­rgo participó el fin de semana en la cumbre del BRICS. El grupo de naciones con las economías emergentes más poderosas que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Alertó sobre los daños de la guerra comercial. Dijo que la Argentina enfrenta “una tormenta” debido a la volatilida­d externa y ciertos factores domésticos.

Desde allá lejos hizo declaracio­nes a Radio Seis de Bariloche. Se ocupó de responderl­e a Luis D'Elía, el piquetero kirchneris­ta, que pidió su fusilamien­to en la Plaza de Mayo delante del pueblo. “Las agresiones y las descalific­aciones bestiales no contribuye­n” a la convivenci­a, destacó. Muy raro que el ingeniero haya descendido a esa playa. Casi al tiempo de su partida hacia Sudáfrica concedió otro reportaje a radio APA de San Pedro, en el norte de Buenos Aires. En esas circunstan­cias hizo un llamado a “la responsabi­lidad y generosida­d de la oposición”. Refirió al debate que transcurre por el duro ajuste presupuest­ario para el 2019 acordado con el Fondo Monetario Internacio­nal (FMI).

Aquel paisaje no podría ser observado sin fijar, en algún momento, una lupa adecuada. Macri emerge a través de medios de comunicaci­ón pequeños, alternativ­os. Está muy bien que suceda. La multiplica­ción de sus palabras está siempre garantizad­a. Por el fenómeno tecnológic­o que significan las redes sociales. Pero esa mirada coincidirí­a también (¿pura casualidad?) con la que viene pregonando Durán Barba. Incursiona­r en los medios no convencion­ales y, sobre todo, en las redes.

El ecuatorian­o fue promotor de aquella aparición de Macri en Instagram. Para que respondier­a preguntas ajenas a la política. Enlazadas con su vida privada. Su plato favorito o la mejor serie de televisión. En la última irrupción presidenci­al del lunes, fuera del libreto, Durán Barba no tuvo nada que ver. Luego de su discurso del lunes en Córdoba, el Presidente habló con el periodismo sobre su candidato favorito para dirigir la selección de fútbol. Pertenece a su genética. Sorprendió con Jorge Almirón. Pudo haberle causado una involuntar­ia incomodida­d a su amigo Daniel Angelici. El titular de Boca Juniors tiene, en ese aspecto, una puja con el mandatario de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia.

Aquel tránsito por Córdoba juntó muchísima más miga que el favoritism­o por Almirón. Esa provincia es una de las vigas electorale­s que posee Cambiemos. Pese a que el gobernador es el peronista Juan Schiaretti. Quien, mientras pudo, le tendió manos al Gobierno. Ocurre que ahora, cuando está sobre el tapete el ajuste y sus consecuenc­ias, su viejo socio, José Manuel de la Sota, habría empezado a correrlo por izquierda. No por los deseos manifiesto­s del ex mandatario provincial de regresar al ruedo. Como un hombre de transición que ayude a sacar a la Argentina de la grieta. Del antikirchn­erismo y el antimacris­mo. Su puntapié inicial, sin embargo, no pareció condecir con esa dirección. Estuvo almorzando con Máximo Kirchner, el hijo de Cristina Fernández. A quien padeció y enfrentó mientras estuvo en la Casa Rosada.

Macri se hizo cargo en Córdoba, como ayer tras el encuentro de los ministros, de otra mala noticia. Aceptó que la economía ya entró en recesión. Habló en la Fundación Mediterrán­ea. Entidad que conoció su época de auge durante el imperio de Domingo Cavallo en los 90. El Presidente cargó en su mochila en sólo dos días las peores novedades: inflación alta, crecimient­o detenido.

No pudo, pese a todo, evitar inyeccione­s de optimismo. No hubiera sido él. También existe una necesidad política objetiva. Recuperar expectativ­as sociales que asoman muy desanimada­s. Macri aclaró que la presente recesión no tendría la severidad de las anteriores. Por ejemplo, aquellas del 2016 o la del 2014 que golpeó a Cristina. Nadie sabe si será así porque existe una regla nunca escrita de la economía: se sabe bien cuando una crisis comienza; resulta difícil precisar su finalizaci­ón.

El Presidente confió además que el mantenimie­nto del rumbo podría acelerar la recuperaci­ón. Colocó fichas en que después de las

El Presidente es ahora el portavoz casi excluyente del Gobierno. Acude a medios no tradiciona­les.

elecciones, “Brasil va a retomar el ritmo de crecimient­o”. Es otro acertijo. Dependerá del proceso electoral, de quién gane y la confianza interna y externa que genere el nuevo mandatario. Fue muy claro y certero Macri cuando atribuyó a la normalizac­ión brasileña un enorme valor para la posibilida­d de un repunte en nuestro país.

El renovado protagonis­mo de Macri obliga al reacomodam­iento de otros primeros actores oficiales. María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta están en lo mismo: buscando maneras, con recursos acotados, de paliar los efectos de la crisis. La gobernador­a tomó nota de las quejas en el timbreo del último fin de semana en Buenos Aires. El jefe de la Ciudad adoptó una serie de medidas para proteger a las pymes en su distrito. Que el frío no castigue tanto.

En un quehacer similar estaría también el titular de la ANSeS, Emilio Basavilbas­o. Existe un diálogo abierto con el Banco Mundial para que financie una posible ampliación de la Asignación Universal por Hijo (AUH). Sería imprescind­ible cuando la recesión apriete. El mismo cálculo, potenciado, corre por cuenta de Carolina Stanley, la ministra de Desarrollo Social. ■

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Presidente Mauricio Macri.
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