Clarín

Un acto de rendición con un riesgo alto: que muchos dejen de ir a clases

- Gustavo Iaies Especialis­ta en Educación*

Nos cuesta exigirles a los padres y a los chicos más pobres. Tenemos dificultad­es para ordenar un criterio de exigencia. Sacar la obligación de la escolarida­d suena a rendición. Dejar de exigirles a los chicos que vayan a la escuela es abandonar la presión, esa presión que les demuestra que es importante que lo hagan, y que creemos que pueden hacerlo. Es permitirle­s dejar de pelear por un mejor futuro, por ellos mismos.

¿Por qué la ANSeS levanta la obligación de presentar el certificad­o de alumno regular para otorgar el subsidio de ayuda escolar? ¿Qué nos dice que no debemos exigir su asistencia?

Pareciera un gesto de considerac­ión, de entender que pasan por una situación difícil y que presionarl­os ahora resulta inhumano. Pero si abandonamo­s la obligación, aceptamos que no vayan, los dejamos solos.

Es probable que muchos chicos dejen la escuela cuando sus padres no se sientan obligados a llevarlos, y son probableme­nte los que más la necesitan. Ceder en esa obligación no los ayuda. Necesitan padres y madres que les exijan, que no los dejen caerse de la escuela. Y parte del rol del Estado es guiar, proponer buenos caminos. Abandonarl­os es entregar su rol, perder una perspectiv­a para todos.

Necesitamo­s, en cambio, una mirada de la sociedad que no les permita rendirse, que los obligue a pelear por ellos mismos, por su porvenir.

La escuela es la mejor avenida para construir un proyecto de vida, estar dentro de la sociedad, trabajar para encontrar un camino propio que nos inserte en la pelea por una sociedad mejor. Sacarles la exigencia es borrar la obligación de que aprendan, estudien y se esfuercen por ser mejores.

Es cierto que la situación de muchos es compleja y que la exigencia parece cruel. Pero no es así. El mensaje debe ser: “Te exijo porque apuesto a que podés, y te ayudaré a que efectivame­nte puedas”. Los chicos y los jóvenes deben sentir esa apuesta cada día, saber que no pueden caer porque estamos todos esperando que no lo hagan, y los asistiremo­s.

Esta sociedad no puede permitirse bajar las barreras. Necesitamo­s trabajar en un esfuerzo de superación, de mejora. Nos venimos cayendo: el único modo de que eso deje de ocurrir es mirar hacia adelante. “El futuro no es lo que va a pasar, sino lo que vamos a hacer”, decía Jorge Luis Borges. No es abandonarn­os, es pelear para superarnos. Necesitamo­s ser dueños de nuestro futuro, tener metas y apostar a cumplirlas.

Ser felices es mirar para atrás, y ver que hemos logrado cumplir el camino, que lo que nos proponíamo­s lo hemos logrado, sentirnos orgullosos y festejar. Dejar a esos chicos fuera de la escuela es un pecado. Hay que exigirles. Ayudarlos, pero exigirles. Y llegar a festejar por ellos. ■

*El autor es director de la Escuela de Gestión Educativa de ESEADE

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina