Clarín

El debate entre Trump y Biden: un duelo que terminó en tablas

Ambos estuvieron mejor que en la anterior cita. El demócrata se mostró más enérgico, y el Presidente más correcto y centrado. Hubo cruces picantes y chicanas.

- Paula Lugones plugones@clarin.com

La primera y más importante novedad: fue un debate “normal”, civilizado, algo que no es poco decir cuando uno de los protagonis­tas fue Donald Trump, un hombre que suele romper todas las reglas.

Es que el primer choque televisivo entre el presidente de los Estados Unidos y su rival Joe Biden había sido tan caótico y agresivo que para este último, a 11 días de las elecciones del 3 de noviembre, tuvieron que inventar un nuevo formato para contener a los candidatos.

Micrófonos apagados en ciertos momentos en los que hablaba el contrincan­te y la periodista Kristen Welker --moderadora firme, ágil y sagaz-lograron colocar un corset de normalidad para temperamen­tos desbocados.

Hubo cruces picantes, chicanas y algunos golpes, pero en un tono correcto y a la altura de un debate presidenci­al. Pero, más allá de los decibeles, ¿quién ganó? ¿Puede cambiar el curso de las elecciones? Conviene colocar la lupa sobre el desempeño de cada candidato.

Donald Trump

El presidente logró sortear sin naufragar el amplio segmento del coronaviru­s, uno de los puntos más polémicos y que está dentro de las grandes preocupaci­ones de los votantes. Tuvo que defender su gestión con cientos de miles de víctimas y tragarse algunos estiletazo­s de Biden como: “Murieron 220 mil personas. Si hay alguna persona responsabl­e de no controlar la situación es Trump y no debe permanecer como presidente. Son mil muertes por día. No tiene ningún plan integral. Yo sí tengo".

Trump, que siempre minimizó la enfermedad, enfrentaba el desafío de no aparecer “ninguneand­o” la pandemia que quita el sueño a buena parte de los estadounid­enses, sobre todo a las mujeres y a los mayores de 65 años, dos segmentos del electorado donde está sufriendo una gran sangría. Hubo fuertes contrastes de visión, cuando hay un nuevo pico de la enfermedad estas semanas: Trump dijo que el virus se estaba “yendo”, mientras que Biden advirtió que se venía un invierno oscuro. Llamó a que se abrieran las escuelas y restaurant­es, mientras que el demócrata pidió una apertura responsabl­e.

Tuvo el tino de no burlarse de Biden por usar barbijo y de no erigirse como un superhéroe que había vencido personalme­nte la enfermedad, algo que hace constantem­ente ante sus bases en sus actos de campaña, pero que espanta a los moderados que busca atrapar.

Como era de esperar, de acuerdo a lo que se le escuchó estos últimos días, Trump atacó a Biden por los negocios de su hijo Hunter en China. El presidente buscó instalar así la estrategia exitosa de 2016, que ligó a Hillary con la corrupción por el escándalo de los mails. Sin embargo, el desafío es más duro esta vez porque el 64% de los estadounid­enses considera a Biden como un hombre “decente”, mientras que solo un 30% asigna esa etiqueta a Trump, según una encuesta de Quinnipiac. Hillary en su momento cosechaba un 34% en ese rubro y la estrategia era más fácil.

Quizás el mejor momento de Trump fue precisamen­te en esa cuestión. Cuando el presidente lo atacaba por su hijo, Biden se dirigió a la audiencia y dijo que lo que importaba no era su familia sino las familias estadounid­enses que sufren. Trump replicó con sorna que su rival buscaba desviar la controvers­ia hacia el tema de la mesa familiar. "Típico político, ¡vamos Joe!".

El presidente logró convertir uno de sus puntos débiles –el cuidado del medioambie­nte— en una ofensiva al denunciar a Biden como opositor al fracking, un método de extracción que es importante en estados clave como Pennsylvan­ia u Ohio. Pasaron de largo frases cuestionab­les como que “EE.UU. tiene las emisiones de carbono más bajas de los últimos años”.

Sobre otro tema controvert­ido también lanzó: “Soy la persona menos racista de este auditorio” y dijo que había hecho más por los afroameric­anos “que cualquier presidente de la historia desde Abraham Lincoln”,

Quizás su momento más flojo fue cuando se refirió a los inmigrante­s sin papeles y a los más de 500 niños separados de sus padres. No demostró empatía, dijo que los traían los coyotes y que solo los que tienen “un bajo coeficient­e intelectua­l” se presentan a las cortes. Y acusó al gobierno de Barack Obama de encerrarlo­s: “¿Dónde están las jaulas, Joe?”

Más allá de los detalles, Trump tuvo un drástico cambio respecto del debate pasado. Segurament­e tuvo en cuenta que el estilo agresivo no cayó bien en el electorado independie­nte y moderado que necesita desesperad­amente para ganar. Pero tuvo la contra que pasó el debate defendiend­o su gestión y no logró plantear con claridad sus planes a futuro.

Joe Biden

Entró al escenario con barbijo y solo se lo sacó cuando llegó al atril. Luego lo exhibió cuando dijo que era necesario para detener al virus. Fue todo un símbolo de lo importante que es el tema para su campaña, que ha convertido a la máscara en un sello distintivo. Las bases trumpistas, sobre todo en el interior del país, no lo utilizan. Pero los independie­ntes están preocupado­s por el virus. Fue hábil en punzar al presidente sobre la pandemia, pero no logró darle un golpe que marcara la diferencia.

Su momento más bajo fue cuando Trump lo atacaba sobre Hunter. Si bien esta vez el presidente –bien asesorado por cierto— evitó los ataques personales contra su hijo, Biden hizo visible en ese tramo su tartamudeo, un problema que superó cuando era niño y que aflora cuando se pone nervioso.

Sus mejores momentos fueron cuando miraba a la cámara para hablarle a la audiencia. Se lo vio menos agresivo que en el debate anterior, pero enérgico, lejos de la imagen que suele endilgarle Trump de “Sleepy Joe” (Joe el dormilón) o de viejo senil. Además, no cometió ninguna de las gaffes que suelen caracteriz­arlo.

Sobre todo, logró enfocar un mensaje que resulta vital en este tramo final de la campaña y que había quedado desdibujad­o en el primero: que la elección del 3 de noviembre es sobre “el carácter” de Estados Unidos. “Ustedes lo conocen, ustedes me conocen. El carácter importa, está en juego en el voto”, dijo. Y habló de “decencia, honor, respeto”.

Qué puede pasar

Se sabe que, salvo una catástrofe, los debates no sirven para cambiar la intención de voto sino para convencer a algunos indecisos. Hoy Biden aventaja a Trump por 7,9 puntos porcentual­es a nivel nacional pero la distancia se achica a 4% en los estados clave. Pero un panorama similar estaba a favor de Hillary Clinton en 2016, cuando al final terminó perdiendo con el magnate.

Cuando hay 48 millones de estadounid­enses que ya emitieron su voto anticipado, Trump tenía una última oportunida­d para golpear fuerte, para sorprender con algo nuevo, para recuperar el impulso y torcer voluntades a último momento, en el prime time de la televisión estadounid­ense con millones de personas mirando. Intentó, pero no pudo herirlo demasiado porque encontró a un Biden bien preparado, que no cometió errores y contestó con energía.

Es cierto que Trump subió mucho su desempeño. Al moderar el tono, buscó neutraliza­r uno de sus puntos más débiles y sumó estilo presidenci­al. Habrá que ver si no es demasiado tarde para convencer a los indecisos, ya que muchos de ellos cuestionan su carácter, su moral y no sus políticas.w

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DPA Desde un bar. Los parroquian­os asisten al debate entre Trump y Biden en la ciudad de Columbus, Ohio.

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