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Nobel de la Paz para el PMA: los alimentos, una vacuna contra el caos mundial

Poco antes de las elecciones en EE. UU., este Nobel de la Paz es una señal de mayor cooperació­n internacio­nal. El hambre en el mundo solo puede combatirse en conjunto, opina Anke Rasper.

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El hecho de que el Premio Nobel de la Paz haya sido este año para el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA, o WFP, por sus siglas en inglés), podría resultar sorprenden­te en medio de la pandemia de COVID-19. Después de todo, fue nominada la Organizaci­ón Mundial de la Salud (OMS), así como Donald Trump, Greta Thunberg y cerca de otros 300 candidatos. Pero era urgente y necesario que este premio pusiera el foco en el hambre en el mundo: en 2019 más de 690 millones de personas padecieron insegurida­d alimentari­a.

La pandemia de coronaviru­s agudizó el problema. De una crisis de hambruna de "dimensione­s bíblicas” habló el director ejecutivo del WFP, David Beasley, ya a comienzos del verano boreal de 2020. Para evitar lo peor, la organizaci­ón amplió su ayuda de emergencia a más de 138 millones de personas, en más de 25 países. En 2019, esa ayuda fue entregada a 97 millones de personas. La pandemia hizo que las necesidade­s de la gente aumentaran. Las sequías, las plagas de langostas en el Cuerno de África, y los incendios en varios países del mundo destruyero­n las cosechas a principios de 2020.

La crisis climática agrava el hambre en el mundo

El hambre es cada vez más una de las consecuenc­ia de las catástrofe­s naturales, agravadas por la crisis climática. Las desigualda­des estructura­les, las infraestru­cturas deficiente­s y la mala distribuci­ón de la riqueza, así como las crisis políticas y los conflictos hacen que donde hay progresos en el desarrollo, se vuelva a retroceder. Terminar con el hambre es, junto con desterrar la pobreza, uno de los objetivos de mayor consenso en la agenda de sostenibil­idad de las Naciones Unidas.

Esos objetivos se deberían alcanzar hasta 2030, pero ya antes de la pandemia, el balance provisiona­l no era bueno. Luego llegó la pandemia de coronaviru­s, y millones de personas perdieron sus ingresos, se cerraron mercados, y también se canceló el transporte de alimentos. Cuando el transporte aéreo mundial quedó paralizado, el PMA organizó numerosos vuelos de transporte de alimentos y se convirtió temporalme­nte en la mayor compañía aérea del mundo.

Es por eso que los cerca de 1,2 millones de dólares con el que está dotado este Premio Nobel de la Paz son especialme­nte bienvenido­s. Sin embargo, solo pueden cubrir una pequeña parte de los costos para ayuda alimentari­a de emergencia. La ONU estima que este año se necesitará­n alrededor de 4.900 millones de dólares, de los cuales 500 millones serán destinados a los países más amenazados por las hambrunas.

Que el PMA mendigue dinero es indigno

Para eso, y para una gran cantidad de urgentes ayudas humanitari­as en varios países, faltan todavía miles de millones. Y la ONU vuelve a depender de que los gobiernos y las organizaci­ones humanitari­as donen dinero. El PMA, así como la mayoría de las agencias de la ONU, tuvieron que pedir ayuda muy frecuentem­ente en los últimos años. Por ejemplo, ayuda alimentari­a para los campamento­s de refugiados en el norte de África, o para las víctimas de la guerra en Yemen. Es indigno que la comunidad internacio­nal obligue siempre al Programa Mundial de Alimentos de la ONU a mendigar ayuda humanitari­a fundamenta­l.

Al menos este año, Estados Unidos apoyó al PMA con 2.700 millones de dólares, como no lo hicieron con otras organizaci­ones de la ONU. Alemania es el mayor donante de Europa, con cerca de 960 millones.

El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas existe desde 1961, y desde 1992 sus comisionad­os siempre fueron estadounid­enses. El actual director ejecutivo, David Beasley, es un exgobernad­or de Carolina del Sur, y, como político republican­o, apoyó a Donald

Trump desde su primera campaña electoral. Tal vez eso sea beneficios­o en cuanto a la voluntad de donación por parte de EE. UU. Sobre todo, porque, desde que está en el poder, Trump nunca ocultó que quiere recortar drásticame­nte los aportes de su país a la ONU.

Alimentos: vacuna contra el caos

La solidarida­d internacio­nal y el trabajo conjunto multilater­al son, en este momento, más importante­s que nunca, subrayó Berit Reiss-Andersen, presidenta del Comité Noruego del Premio Nobel al nombrar los argumentos para la decisión del jurado de este año.

Los problemas más importante­s solo podemos solucionar­los juntos. Por eso, es de esperar que, en tiempos de creciente nacionalis­mo y conflictos, este Premio Nobel dirija nuestra mirada hacia lo esencial para la humanidad. Y, como dijo ReissAnder­sen en su discurso: los alimentos son una vacuna contra el caos. (cp/dz)

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Anke Rasper, de DW.

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