Se­pa para qué sir­ve ca­da co­lor de la quí­noa

Ro­ja, blan­ca o ne­gra, apren­da a ele­gir la me­jor para ca­da oca­sión.

Diario de la Salud - - EN NÚMEROS -

Es un ali­men­to ca­da vez es más po­pu­lar por sus pro­pie­da­des, be­ne­fi­cios y uso en la cocina. Se tra­ta de una se­mi­lla que se con­su­me co­mo un ce­real y es de fá­cil di­ges­tión. Exis­ten va­rios ti­pos, pe­ro sus pro­pie­da­des y be­ne­fi­cios son prác­ti­ca­men­te los mis­mos.

Sus se­mi­llas tie­nen di­fe­ren­tes sa­bo­res y tex­tu­ras. Los gra­nos más os­cu­ros tie­nen un sa­bor a tie­rra co­mo el arroz in­te­gral, mien­tras que los blan­cos tie­nen un gus­to sua­ve y son li­sos co­mo el arroz blan­co. To­das cuen­tan con los mis­mos va­lo­res nu­tri­cio­na­les y son ba­jos en gra­sa. Los tres ti­pos de quí­noa son idea­les para per­so­nas ce­lía­cas, ya que no con­tie­nen glu­ten. Con res­pec­to a los otros ti­pos de ce­rea­les, po­see mu­chas pro­teí­nas y gra­sas de las bue­nas co­mo áci­dos gra­sos ome­ga 3 y 6. Tie­ne un ba­jo ín­di­ce gli­cé­mi­co, ideal para per­so­nas con dia­be­tes o quie­nes desean adel­ga­zar. Con­tro­la los ni­ve­les de co­les­te­rol en la san­gre y al ser al­ta en fi­bra es muy bue­na para la di­ges­tión (com­ba­te el es­tre­ñi­mien­to). Po­see mu­chas pro­teí­nas, lo que la ha­ce un ali­men­to in­dis­pen­sa­ble para de­por­tis­tas. Des­ta­can en su con­te­ni­do mi­cro­nu­trien­tes co­mo po­ta­sio, mag­ne­sio, cal­cio, fós­fo­ro, hie­rro, zinc y vi­ta­mi­nas de los com­ple­jos B, A y E.

ABA­NI­CO DE CO­LO­RES

La quí­noa blan­ca es la más co­no­ci­da y pre­sen­te en el mer­ca­do. Es la de sa­bor más su­til, con­tie­ne me­nos ca­lo­rías que las otras (160 ca­lo­rías por ¼ de ta­za) y po­see más fi­bra que la quí­noa ro­ja (11g por ¼ de ta­za vs. 6 g de la ro­ja), por lo que pro­mue­ve la sa­lud del sis­te­ma di­ges­ti­vo, con­tro­la los ni­ve­les de azú­car en la san­gre y brin­da sen­sa­ción de sa­cie­dad. Es rica en pro­teí­nas, lo que ayu­da a la que­ma de gra­sas y fortalece la mus­cu­la­tu­ra y los te­ji­dos. Es la de me­nos car­bohi­dra­tos y con­tie­ne gran­des can­ti­da­des de vi­ta­mi­nas y mi­ne­ra­les: ¼ ta­za de es­te ce­real en­tre­ga un 15% de la in­ges­ta su­ge­ri­da de hie­rro, 2% de cal­cio y 4% de vi­ta­mi­na A, por ejem­plo.

La quí­noa ro­ja tie­ne pro­pie­da­des si­mi­la­res a la quí­noa blan­ca; de po­cas ca­lo­rías, rica en pro­teí­nas y es al­ta­men­te nu­tri­ti­va. Es la que con­tie­ne me­nos gra­sas y es la más al­ta en car­bohi­dra­tos, lo que la ha­ce un ex­ce­len­te ali­men­to para de­por­tis­tas: 33 g por ¼ de ta­za. Es un gran ali­men­to ya que en­tre­ga ener­gía, fuer­za y re­sis­ten­cia.

La quí­noa ne­gra es una es­pe­cie nue­va. Na­ció co­mo un hí­bri­do de la cruza de se­mi­lla de quí­noa y de es­pi­na­ca. Su sa­bor es te­rro­so y aun­que sea co­ci­na­da es la que más con­ser­va el ca­rac­te­rís­ti­co chas­qui­do de grano al ser con­su­mi­da. Tie­ne las mis­mas ca­rac­te­rís­ti­cas que los otros dos ti­pos de quí­noa, sin em­bar­go se des­ta­ca en ella la pre­sen­cia de li­tio, lo que ayu­da a re­gu­lar el es­trés y a dis­mi­nuir la de­pre­sión. Ade­más po­see pro­pie­da­des an­ti­in­fla­ma­to­rias y ci­ca­tri­zan­tes.

¿CÓ­MO GER­MI­NAR QUÍ­NOA?

Ha­cer cre­cer nues­tros pro­pios bro­tes es una for­ma efec­ti­va para au­men­tar la in­ges­ta de pro­teí­nas. Es uno de los gra­nos más fá­ci­les de ger­mi­nar y só­lo le lle­va­rá unos po­cos días. ¿Qué se ne­ce­si­ta? Quí­noa or­gá­ni­ca y lim­pia, un fras­co de vi­drio de bo­ca an­cha y una te­la li­via­na. Es­tos son los pa­sos a se­guir.

Co­mo pri­mer pa­so, guar­dar la quí­noa en un lu­gar fres­co y se­co has­ta que es­té lis­ta para bro­tar. Co­men­zar el pro­ce­so de ger­mi­na­ción re­mo­ján­do­la en agua du­ran­te 12 ho­ras en un lu­gar fres­co y os­cu­ro. La bro­ta­ción tri­pli­ca­rá el ta­ma­ño del grano, por lo que só­lo ger­mi­ne tan­to co­mo pue­da usar en apro­xi­ma­da­men­te 2 se­ma­nas.

Lue­go, es­cu­rrir el agua y la­var el grano a fon­do. La quí­noa na­tu­ral con­tie­ne sa­po­ni­na, que cau­sa un re­si­duo ja­bo­no­so que hay que en­jua­gar del grano. Si no se en­jua­ga bien, los bro­tes aca­ba­rán con un sa­bor amar­go. Una vez es­cu­rri­da y en­jua­ga­da, co­lo­car en un fras­co de vi­drio de bo­ca an­cha y cu­brir­la con un tro­zo de te­la. Co­lo­car el fras­co en un lu­gar fres­co se­mi­ilu­mi­na­do y re­pe­tir el pro­ce­di­mien­to de en­jua­ga­do y es­cu­rri­do 2 ó 3 ve­ces al día. Ase­gú­re­se de man­te­ner la quí­noa fue­ra de la luz so­lar di­rec­ta y que dre­ne el agua tan­to co­mo sea po­si­ble de los gra­nos an­tes de que bro­te. Es­to au­men­ta­rá la ve­lo­ci­dad de ger­mi­na­ción mien­tras que dis­mi­nu­ye las po­si­bi­li­da­des del cre­ci­mien­to de moho.

Por úl­ti­mo, de­ten­ga el pro­ce­so de ger­mi­na­ción des­pués de dos o tres días, cuan­do los ta­llos ha­yan cre­ci­do en­tre (1,27 a 2,54 cm de lar­go. La­var por úl­ti­ma vez, cu­brir y co­lo­car en la he­la­de­ra, ya que las tem­pe­ra­tu­ras frías pre­vie­nen más bro­tes. Los bro­tes de­ben con­su­mir­se en 2 se­ma­nas.

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