Se­gu­ri­dad pa­ra los chi­cos en ca­sas con bal­cón

El Huarpe - - CULTURA -

El bal­cón o la te­rra­za de una ca­sa sue­le ser un pun­to de en­cuen­tro pa­ra to­da la fa­mi­lia y los ni­ños dis­fru­tan es­pe­cial­men­te es­te es­pa­cio con ai­re fres­co, luz na­tu­ral y mu­chas co­sas que des­cu­brir. Por eso es im­por­tan­te te­ner en cuen­ta una se­rie de con­se­jos de se­gu­ri­dad pa­ra evi­tar po­si­bles ac­ci­den­tes con los más pe­que­ños.

Lo pri­me­ro a te­ner en cuen­ta es que los pe­que­ños siem­pre de­ben es­tar en com­pa- ñía de al­gún adul­to. Lo ideal es que el ac­ce­so a la zo­na del bal­cón o te­rra­za cuen­te con al­gu­na puer­ta o me­ca­nis­mo pa­ra que un ni­ño no pue­da in­gre­sar por sus me­dios. La dis­tan­cia en­tre los ba­rro­tes de una ba­ran­di­lla o re­ja no pue­de su­pe­rar los 12 cen­tí­me­tros pa­ra que un ni­ño no pue­da co­lar­se en­tre los hue­cos. Tam­bién las ba­ran­di­llas de­ben con­tar con una al­tu­ra mí­ni­ma de se­gu­ri­dad, en­tre 100 y 110 cen­tí­me­tros co­mo mí­ni­mo, de­pen­dien­do de la al­tu­ra de la vi­vien­da. No se de­ben co­lo­car ele­men­tos de vi­drio o cris­tal.

Es im­por­tan­te que los adul­tos con­tro­les que no ha­ya si­llas, ban­qui­tos o ma­ce­tas, ni cual­quier ob­je­to de­co­ra­ti­vo por el que se pue­da tre­par.

Si hay plan­tas, se de­be te­ner en cuen­ta que los ni­ños de cor­ta edad pue­den ver­se ten­ta­dos a co­mer la tie­rra o has­ta los in­sec­tos de las ma­ce­tas.

Te­nien­do en cuen­ta es­to se de­be pro­cu­rar

Los ni­ños pue­den dis­fru­tar de es­te es­pa­cio siem­pre y cuan­do se ten­ga en cuen­ta una se­rie de cui­da­dos pa­ra evi­tar po­si­bles le­sio­nes.

de no co­lo­car en al­to los ma­ce­te­ros, ni so­bre al­gu­na ba­se de la que pue­da caer y da­ñar al ni­ño. Lo mis­mo hay que ha­cer con otros ob­je­tos de­co­ra­ti­vos, pe­ro es­to no de­be pro­vo­car que el sue­lo no es­té des­pe­ja­do, pues los tro­pie­zos y las co­sas al al­can­ce de su mano, tam­bién pue­den cau­sar­le da­ños.

Otros ries­gos en te­rra­zas y bal­co­nes pue­den en­con­trar­se si des­cui­da­mos es­ta es­tan­cia de la ca­sa y apa­re­cen los ba­rro­tes oxi­da­dos o un po­co suel­tos, las hu­me­da­des, los sue­los irre­gu­la­res y ob­je­tos res­que­bra­ja­dos que pue­den cau­sar he­ri­das a los pe­que­ños. Cual­quier pe­que­ña co­sa en mal es­ta­do pue­de cau­sar una le­sión a quien no co­no­ce los ries­gos.

Lo me­jor es no con­fiar­se en las ma­llas de pro­tec­ción o una mos­qui­te­ra, pues no evi­ta las caí­das, si es un es­pa­cio gran­de, lo me­jor es ha­bi­li­tar un área de re­creo pa­ra el pe­que­ño, cuan­to más de­li­mi­ta­do es­té, me­jor com­pren­de­rá cuál es el es­pa­cio que le tie­ne pro­te­gi­do.

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