ELLE (Argentina)

¿Qué ti­po de SE­DUC­TO­RA SOS?

Lo­grar que un hom­bre se de­rri­ta por vos es un ar­te. Des­cu­brí tus do­tes.

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1. Es­ta no­che vie­ne gen­te a ca­sa. Me­sa pa­ra do­ce en el jar­dín ba­jo el ce­dro azul ro­dea­do de ve­las. Y pa­ra vos…

▲ Un ves­ti­do de la­mé, el que usas­te pa­ra la gra­dua­ción de tu so­bri­na ha­ce unos diez años.

● Un short blan­co muy sen­ci­llo que te que­da per­fec­to.

■ Po­lle­ra lar­ga, ca­mi­sa de jean, el look que te va bien des­de siem­pre.

★ Un pan­ta­lón. Ob­vio: pa­ra que no te ma­ten los mos­qui­tos.

2. Du­ran­te la ce­na, la per­so­na que te in­tere­sa ha­bla con otra. Te sen­tís…

★ Dé­bil.

■ De­cep­cio­na­da.

● De­sa­fia­da.

▲ Desata­da.

3. De to­dos mo­dos, en ge­ne­ral, to­do mar­cha bien cuan­do…

■ Es­tás pre­sen­te.

★ Adop­tás un ai­re dis­tan­te.

● Ac­ti­vás tu mi­ra­da op­ti­mis­ta.

▲ Ser­vís tu tar­ta de arán­da­nos, yo­gur na­tu­ral y me­ren­gue.

4. Acep­ta­lo: él, tu objeto de de­seo, se te acer­ca. Vos…

▲ De­jás que el bre­tel de tu ves­ti­do se des­li­ce lán­gui­da­men­te.

★ Ju­gue­teás con tu pe­lo y co­rrés a ac­tua­li­zar el la­bial.

■ Pro­po­nés una cer­ve­za, ¡bien he­la­da por fa­vor!

● Te acer­cás a otra per­so­na.

5. ¿El que más te se­du­ce...?

▲ Es muy buen mo­zo.

★ Es sol­te­ro.

● Es im­pre­sio­nan­te.

■ Es sim­pa­ti­cón.

6. ¿Se va a de­rre­tir por vos?

★ No creo…

▲ Ha­re­mos lo po­si­ble pa­ra que sí.

■ Lo que sea, se­rá.

● ¡Por su­pues­to! 7. Mien­tras él te ha­bla vos ya te ima­gi­nás un in­ter­cam­bio de tex­tos al día si­guien­te…

● ”Pien­so en vos.”

★ ”Ten­go ga­nas de vos.”

▲ ”Es­toy des­nu­da en la pi­le­ta.”

■ ”¿Pro­bas­te al­gu­na vez en una ha­ma­ca pa­ra­gua­ya?”

8. Des­pués de la pri­me­ra no­che jun­tos, vos…

▲ Le lle­va­rías me­dia­lu­na a la ca­ma y pa­sa­rías el res­to de tus do­min­gos al­mor­zan­do con sus pa­dres.

★ Te irías sin de­cir una pa­la­bra, en pun­ti­tas de pie.

■ Vol­ve­rías a tu ca­sa pa­ra dor­mir real­men­te (con él no pe­gás un ojo).

● ¿Qué pri­me­ra no­che? ¡To­da­vía va a se­guir un tiem­po en re­mo­jo!

9. Se va sin ha­ber­te pe­di­do tu nú­me­ro. ¿Qué ha­cés/sen­tís?

★ “Qué feo.”

▲ Lo bus­cás en Fa­ce­book.

● Le pe­dís su nú­me­ro al ami­go que tie­nen en co­mún.

■ “¡El que si­gue!”

10. Un hom­bre no muy fa­vo­re­ci­do por la na­tu­ra­le­za tra­ta de in­vi­tar­te a sa­lir…

■ Qué im­por­ta, te­nés ga­nas de dar­te un re­vol­cón.

▲ Im­po­si­ble, de­tes­tás a los feos.

● Es nor­mal, te­nés a to­dos los hom­bres en el bol­si­llo.

★ Es el fin, aca­ba de en­viar­te el pri­mer chat.

11. Atre­vi­do, él di­ce que te­nés le­chu­ga en­tre los dien­tes…

★ Es­ca­pás al ba­ño.

● Abrís los la­bios pa­ra que te in­di­que dón­de.

▲ Te lar­gás a reír.

■ ¡Sal­drá con cham­pag­ne ro­sa­do!

12. ¡Zaz! Tu hom­bre te cae de sor­pre­sa…

★ ¡Ay, no! Re­cién es­ta­bas em­pe­zan­do a to­mar­le el gus­to…

■ ¡Uf! Que­rías sa­lir con ami­gas.

● ¡Mi amor! Te le ti­rás en­ci­ma.

▲ ¡Ge­nial! Va a po­der lle­var a los chi­cos al cur­so de na­ve­ga­ción.

13. Al des­pe­dir­se, tu target de la no­che re­tie­ne tu mano en la su­ya…

★ Vos tem­blás de an­gus­tia, ner­vio­sa.

▲ Lo be­sás en el cue­llo, sor­pren­den­te.

■ Re­so­plás de­cep­cio­na­da, re­zon­gan­do.

● Sus­pi­rás en­can­ta­da, ri­sue­ña.

re­sul­ta­do Ma­yo­ría de ★ TE OL­VI­DAS­TE

¿Pe­ro qué te pa­sa? Con tan­tos par­ti­dos, dan ga­nas de usar me­tá­fo­ras fut­bo­lís­ti­cas: sos co­mo un ju­ga­dor que se la pa­sa en el ban­co, que mi­ra a los otros y pien­sa cuán­do lo lla­ma­rán pa­ra pe­gar­le a la pe­lo­ta. ¡De pie! ¡A las ar­mas! ¿Te ol­vi­das­te de que has­ta a los 17 años, con un cuer­po es­plén­di­do (bueno, más es­plén­di­do que el de aho­ra), só­lo te­nías éxi­to cuan­do creías que lo ibas a te­ner? En­ton­ces, a po­ner nues­tra par­te, a se­xua­li­zar­nos, a fan­ta­sear… A fuer­za de pren­der­le fue­go a tu ce­re­bro te vas a vol­ver una mu­jer 100% in­cen­dia­ria.

Ma­yo­ría de ● SOS UNA EX­PER­TA

Con vos no se sa­be si­quie­ra por qué hi­cis­te es­te test. Ah, sí, cla­ro: ¡pa­ra to­mar una do­sis más de “soy ge­nial”! Lo sa­bés bien: la me­jor ma­ne­ra de se­du­cir es atre­vién­do­se, te­nien­do con­fian­za en vos mis­ma, po­ten­cian­do tus ga­nas de ju­gar. Y vos ju­gás. No im­por­ta si te­nés tres aman­tes o cuán­tos. Te en­can­ta ver los ojos que se en­lo­que­cen cuan­do en­trás en una pie­za, y pa­ra vos to­do es un tro­feo: tu novio, su ve­cino, las si­llas en las que es­tán sen­ta­dos. ¿Tu ver­da­de­ra ha­bi­li­dad? Que eso te gus­te, pe­ro con dis­tan­cia, sin im­pli­car­te de­ma­sia­do, sa­ber reír­te de la cues­tión. La vi­da es lú­di­ca. Y pen­san­do asi, la que ga­na sos vos.

Ma­yo­ría de ▲ TE ESFORZAS DE­MA­SIA­DO

¿Có­mo de­cir­lo? Qué más da, aquí va, sin vuel­tas: vos no se­du­cís, ha­cés gim­na­sia ar­tís­ti­ca. O na­ta­ción sin­cro­ni­za­da, si pre­fe­rís. Pe­ro, en sín­te­sis: un ejer­ci­cio al que fu­rio­sa­men­te le fal­ta na­tu­ra­li­dad. Po­dría creer­se que ca­da uno es­tá pa­ra fi­jar­se en vos, en tu ves­ti­do, en tu con­ver­sa­ción… y, ya que es­ta­mos, en tu on­da pa­ra po­ner la me­sa. ¡Stop! Res­pi­ra­mos, vol­ve­mos a em­pe­zar. El ar­te de la se­duc­ción es tam­bién el ar­te de de­jar­se se­du­cir, de de­jar­le lu­gar al otro pa­ra so­ñar­te, per­ci­bir­te, des­nu­dar­te men­tal­men­te. Co­sa que no pue­de ha­cer si vos lle­gás to­da des­nu­da con un CV en la mano. Por lo tan­to, da­mos un pa­so al cos­ta­do, ve­mos qué ocu­rre cuan­do le sol­ta­mos la mano al otro. Vas a ver, se­rás vos la que ga­ne la apues­ta.

Ma­yo­ría de ● ES­TAS DESGANADA

Sin du­da, fuis­te una cam­peo­na de la se­duc­ción. Pe­ro tam­po­co eras ma­la en geo­me­tría del es­pa­cio y/o imi­tan­do al ra­pe­ro de Ca­lle 13 y no por eso te­nés que se­guir ha­cién­do­lo. Pa­ra vos el de­seo de se­du­cir a tu hom­bre o a un des­co­no­ci­do es una es­tra­te­gia de otra épo­ca que ya te har­tó. Has­tia­da de com­pli­ca­cio­nes, te­nés ga­nas de lan­zar­te con to­da fran­que­za o no ha­cer­lo en ab­so­lu­to. Sin hi­po­cre­sía. ¡Error fa­tal! Se sa­be: el me­jor mo­men­to de una re­la­ción amo­ro­sa es cuan­do va­mos es­ca­le­ra arri­ba… ¿Y si hi­cie­ras un es­fuer­ci­to pa­ra ver? ¿Pa­ra acor­dar­te de lo bueno que era? No es re­ba­jar­se que­rer com­pla­cer. Por­que es a vos a quien vas a com­pla­cer pri­me­ro... Y eso, vien­do lo re­gia que sos, no de­be­ría re­sul­tar­te pa­ra na­da di­fí­cil.

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