JAQUEMATE

No só­lo es un pro­ble­ma de teens. Pe­ro la bue­na no­ti­cia es que la cos­mé­ti­ca ayu­da y ofre­ce fór­mu­las ma­ti­fi­can­tes que van des­de pro­tec­to­res so­la­res has­ta ma­qui­lla­je y tra­ta­mien­tos an­ti­age.

ELLE (Argentina) - - ESTILO -

El cu­tis gra­so es­tá de­ter­mi­na­do ge­né­ti­ca­men­te, más allá de la edad. Es de­cir, si lo te­nés vas a li­diar con él de por vi­da. Sin em­bar­go, con los cui­da­dos ade­cua­dos es po­si­ble ma­ne­jar­lo, con­tro­lar­lo y has­ta sa­car­le par­ti­do. Piel de as­pec­to bri­llan­te, con po­ros di­la­ta­dos y mu­chas ve­ces con co­me­do­nes y pun­tos ne­gros... ¿Te sue­na? Es que el ex­ce­so de se­bo ha­ce de las su­yas, en­ton­ces, la idea es re­gu­lar su pro­duc­ción (por­que un po­co vie­ne bien). Sue­le de­cir­se que el cu­tis gra­so en­ve­je­ce más tar­de; es­to en par­te es ver­dad, aun­que no ne­ce­sa­ria­men­te sig­ni­fi­que que la piel es­té hi­dra­ta­da: por eso es im­pres­cin­di­ble apor­tar­le agua. Ade­más, pue­de ser sen­si­ble, te­ner una tex­tu­ra grue­sa, ten­der a la des­ca­ma­ción en las zo­nas no se­bo­rrei­cas y pre­sen­tar ro­je­ces e irri­ta­cio­nes. El pun­to más ál­gi­do sue­le dar­se en la ado­les­cen­cia por el au­men­to de la ac­ti­vi­dad glan­du­lar ge­ne­ral (en­tre ellas las se­bá­ceas) y tam­bién du­ran­te el em­ba­ra­zo. Pe­ro a di­fe­ren­cia de las teens, en las que la zo­na gra­sa se da en el área de la T (fren­te, na­riz y men­tón), en las mu­je­res adul­tas se ma­ni­fies­ta en la lla­ma­da re­gión U (a lo lar­go de la man­dí­bu­la, en el cue­llo e in­clu­so ex­ten­di­da has­ta las me­ji­llas).

La ma­yor com­pli­ca­ción es el ac­né (que no es más que la acu­mu­la­ción de gra­sa ba­jo los po­ros obs­trui­dos). Pe­ro aten­ción: no es lo mis­mo ex­ce­so de oleo­si­dad que ac­né (ge­ne­ra­do por una bac­te­ria). Si bien es­te ti­po de pie­les son más pro­pen­sas a pa­de­cer­lo, no es ley. De to­dos mo­dos, en am­bos ca­sos la clave es la hi­gie­ne pro­fun­da. Y pa­ra ello lo ideal es uti­li­zar tan­to en la lim­pie­za co­mo en el tra­ta­mien­to y el ma­qui­lla­je lí­neas específica­s que con­ten­gan se­bo­rre­gu­la­do­res. Son pro­duc­tos li­via­nos e hi­dra­tan­tes, que cu­bren sin obs­truir los po­ros y que no se co­rren al trans­pi­rar por­que so­por­tan la hu­me­dad.

A LOS 40, CO­MO DE 15 (PE­RO PA­RA PEOR)

Un es­tu­dio pu­bli­ca­do el año pa­sa­do por The Jour­nal

of Cli­ni­cal and Aest­he­tic Der­ma­to­logy afir­ma que en­tre el 75% y 85% de las mu­je­res ma­yo­res de 25 años con­ti­núa man­te­nien­do el cu­tis gra­so des­de la ado­les­cen­cia. Y den­tro de es­te gru­po, el 20% re­por­tó al­go in­só­li­to: ha­ber co­men­za­do a desa­rro­llar ac­né a edad adul­ta.

Se­gún la So­cie­dad Ar­gen­ti­na de Der­ma­to­lo­gía es­te es uno de los prin­ci­pa­les mo­ti­vos de con­sul­ta en nues­tro país. Y la ma­yo­ría de los es­pe­cia­lis­tas coin­ci­de en que el nú­me­ro va en au­men­to. Pa­ra al­gu­nos tie­ne que ver con que hoy exis­te más con­cien­cia so­bre el cui­da­do de la sa­lud de la piel (y tam­bién hay una so­bre­exi­gen­cia con res­pec­to a la ima­gen y la apa­rien­cia a cau­sa de las re­des so­cia­les). Otros, en cam­bio, sos­tie­nen que ade­más de la va­ria­ción hor­mo­nal na­tu­ral que se da en­tre los ci­clos mens­trua­les (lo que ha­ce que mu­je­res adul­tas pa­dez­can

“No por­que ten­gas ex­ce­so de gra­sa quie­re de­cir que el con­torno de la mi­ra­da sea más re­sis­ten­te: pue­de es­tar tan des­hi­dra­ta­do co­mo el de un cu­tis se­co. Ha­cé de cuen­ta que te­nés dos ca­ras y cui­dá la piel por par­ti­da do­ble.”

más el ac­né y la piel gra­sa que los hom­bres), son otras las cau­sas de­ter­mi­nan­tes.

La vi­da en las gran­des ciu­da­des con al­tos ín­di­ces de con­ta­mi­na­ción es uno de es­tos fac­to­res agra­van­tes. Los ra­di­ca­les libres pre­sen­tes en la po­lu­ción pe­ne­tran en la piel, de­ján­do­la más irri­ta­da y em­peo­rán­do­la.

El estrés tam­bién pue­de des­en­ca­de­nar reacciones dra­má­ti­cas y erup­cio­nes por el au­men­to de los ni­ve­les de cor­ti­sol (és­te ha­ce que se ele­ven los an­dró­ge­nos su­pra­rre­na­les, los ver­da­de­ros “vi­lla­nos” del ac­né).

Por úl­ti­mo, una se­rie de es­tu­dios se­ña­la el ex­ce­so de in­su­li­na en ali­men­tos con al­to ín­di­ce glu­cé­mi­co co­mo res­pon­sa­ble. De la mano de la in­su­li­na es­tá el fac­tor de cre­ci­mien­to IGF-1 (una hor­mo­na del cre­ci­mien­to que se in­cre­men­ta a la par de és­ta). El IGF-1 es­ti­mu­la el cre­ci­mien­to de las cé­lu­las pro­duc­to­ras de se­bo y au­men­ta su pro­li­fe­ra­ción en la piel. Por eso tam­bién es im­por­tan­te evi­tar en la die­ta ali­men­tos co­mo lác­teos, em­bu­ti­dos, dul­ces y car­bohi­dra­tos re­fi­na­dos.

LA TEN­DEN­CIA: PIEL SEL­FIE EN SE­GUN­DOS

Las mi­llen­nials, el seg­men­to pre­fe­ri­do de la mo­da y la cos­mé­ti­ca – son las com­pra­do­res más exigentes y crí­ti­cos–, van por el plan “ce­ro gra­si­tud”, pe­ro re­cha­zan el efec­to acar­to­na­do. En­ton­ces las fir­mas cos­mé­ti­cas se con­cen­tran en desa­rro­llar pro­duc­tos que las se­duz­can y sa­tis­fa­gan sus ex­pec­ta­ti­vas. A l fi­nal, los lan­za­mien­tos y no­ve­da­des se ven re­fle­ja­dos en be­ne­fi­cios pa­ra to­das las eda­des.

La pri­me­ra im­per­fec­ción que se in­ten­ta co­rre­gir es el as­pec­to pe­ga­jo­so, la piel tie­ne que lu­cir fres­ca, na­tu­ral

y lu­mi­no­sa pe­ro sin ex­ce­so de bri­llo (y mu­cho me­nos de se­bo). Y hoy el mer­ca­do ofre­ce al­ter­na­ti­vas que cum­plen con es­tos re­qui­si­tos. Hay des­de mas­ca­ri­llas ma­ti­fi­can­tes que re­fres­can en po­cos mi­nu­tos, ba­ses con si­li­co­nas y aca­ba­do opa­co, serums y pol­vos que mi­ni­mi­zan los po­ros (y se pue­den reapli­car por en­ci­ma del ma­qui­lla­je) has­ta bri­llos de la­bios con efec­to es­pe­jo, que no se co­rren ni en­can­di­lan.

A pe­sar de lo que se cree, la epi­der­mis se­bo­rrei­ca no ab­sor­be tan­to co­mo la se­ca los pro­duc­tos de tra­ta­mien­to. Lo ideal es apli­car dos ve­ces por se­ma­na una mas­ca­ri­lla que equi­li­bre el es­ta­do cu­tá­neo. No uses pro­duc­tos pe­sa­dos ni muy un­tuo­sos. Los me­jo­res son los que tie­nen de­ri­va­dos cí­tri­cos, re­ti­nol, vi­ta­mi­na B3. Ex­fo­liar re­gu­lar­men­te tam­bién ayu­da a re­mo­ver las cé­lu­las muer­tas (sin exa­ge­rar, una vez por se­ma­na es su­fi­cien­te) y, por su­pues­to, usar ma­qui­lla­jes y cre­mas de tra­ta­mien­to ma­ti­fi­can­tes, oil free y de tex­tu­ra li­via­na co­mo emul­sión o gen pre­fe­ren­te­men­te. Más allá de la mo­les­tia es­té­ti­ca del lus­tre cu­tá­neo y de la en­fer­me­dad del ac­né, la ca­ra fres­ca pe­ro ma­te es lo que to­das que­re­mos. Las ba­ses y co­rrec­to­res se ocu­pan de per­fec­cio­nar sin qui­tar lu­mi­no­si­dad. Apli­car una pre-ba­se siem­pre es ideal por­que po­ten­cia el efec­to ma­ti­fi­can­te. Y cuan­do va­yas a co­lo­car­te la ba­se, usá una es­pon­ji­ta (ya que los de­dos trans­mi­ten bac­te­rias y gra­sa). ¿Un úl­ti­mo tru­co de ex­per­to? Lavar los pin­ce­les y bro­chas una vez por mes pa­ra que no se acu­mu­len bac­te­rias.

“Que el con­su­mo de cho­co­la­te des­pier­ta el ac­né o em­peo­ra la piel gra­sa es un mi­to. Sí, en cam­bio, hay que evi­tar en la die­ta el con­su­mo de lác­teos, em­bu­ti­dos, dul­ces y car­bohi­dra­tos re­fi­na­dos.”

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