KAIA CUAN­DO SE ENCONTRO KARL CON

ELLE (Argentina) - - ALIANZA - VIRGINIE DOLATA

que fue in­creí­ble. Ver el pro­ce­so y el re­sul­ta­do fi­nal fue muy emo­cio­nan­te. ELLE ¿CUAN­TO TIEM­PO TO­MO EL PRO­YEC­TO? K.G. Vi los pri­me­ros bo­ce­tos en no­viem­bre y lue­go los pro­duc­tos ter­mi­na­dos ha­ce só­lo dos o tres me­ses. Sor­pren­den­te­men­te, fue bas­tan­te rá­pi­do. Me que­dé asom­bra­da cuan­do pu­de ob­ser­var to­das mis ideas jun­tas plas­ma­das y des­pués ver la ro­pa real des­de al­go que fue só­lo un di­bu­jo ¡no ha­ce mu­cho tiem­po! ELLE ¿EN QUE TE INSPIRASTE PA­RA HA­CER ES­TA COLECCION CAPSULA? K.G. La idea era in­cor­po­rar el te­ma de Los An­ge­les a Pa­rís. Yo que­ría mos­trar mi es­ti­lo ca­li­for­niano com­bi­na­do con el de Karl: una es­té­ti­ca pa­ri­si­na-chic. Tra­ba­ja­mos en co­la­bo­ra­ción du­ran­te to­do el pro­ce­so de di­se­ño. Hay mu­cha in­fluen­cia mía en lo de­por­ti­vo y divertido, pe­ro tam­bién he­mos in­cor­po­ra­do la ele­gan­cia pa­ri­si­na gra­cias a Karl. ELLE ¿CO­MO DESCRIBIRI­AS TU ES­TI­LO PER­SO­NAL? K.G. Es­ta cáp­su­la en reali­dad re­fle­ja có­mo me vis­to yo en la vi­da real. ELLE NE­GRO Y RO­SA, ¿SON TUS FA­VO­RI­TOS? K.G. El ne­gro es mi co­lor pre­fe­ri­do. Siem­pre es­tá vi­gen­te. ¡Siem­pre fue bas­tan­te va­ron­ci­to! Pe­ro un toque de ro­sa no las­ti­ma a na­die… ELLE HICISTE TU PRI­ME­RA CAM­PA­ÑA A LOS 10. TENES CA­SI 17 Y UNA LARGA CARRERA. ¿QUE FUE LO ME­JOR? K.G. Pro­ba­ble­men­te el port­fo­lio que lo­gré en es­tos años. Es ge­nial por­que veo mi evo­lu­ción y cre­ci­mien­to de una ma­ne­ra en la que el co­mún de la gen­te no lo ha­ce. Veo mis fo­tos a los 10, a los 13, eso es in­creí­ble. ELLE ¿TE RESULTA DIFICIL COM­BI­NAR TU VI­DA DE TEEN CON EL TRA­BA­JO? K.G. De­fi­ni­ti­va­men­te es di­fí­cil en­con­trar el equi­li­brio

co­rrec­to, pe­ro me di cuen­ta de que só­lo ne­ce­si­to man­te­ner las co­sas se­pa­ra­das. Mi vi­da co­ti­dia­na por un la­do y cuan­do tra­ba­jo y via­jo por otro. Me con­cen­tro só­lo en eso cuan­do es­toy tra­ba­jan­do y des­pués regreso a ca­sa y soy una per­so­na nor­mal, ¡esa es la me­jor par­te! ELLE ¿PODES TE­NER VI­DA DE UNA JO­VEN “NOR­MAL”? K.G. Creo que sí. Pa­ra ser­lo, a ve­ces te­nés que re­cor­dar que eso es lo que sos. Yo ha­go un es­fuer­zo cons­cien­te por man­te­ner mis dos vi­das se­pa­ra­das. ELLE ¿Y QUE FUE LO PEOR DE TU CARRERA? K.G. No lo sé. Es­tar ex­haus­to es pro­ba­ble­men­te lo peor. Me en­can­ta lo que ha­go, así que en­con­trar al­go ma­lo me cues­ta. ELLE ¿TENES ASISTENTE? K.G. Sí, la ma­yo­ría del tiem­po. Pe­ro en reali­dad es una in­dus­tria muy pe­que­ña y po­dés tra­ba­jar mu­cho con las mis­mas per­so­nas. Cuan­to más lo ha­cés, más ter­mi­nas sin­tién­do­te co­mo “fa­mi­lia”. To­dos son muy pro­tec­to­res con­mi­go y es lin­do ver que ti­ra­mos pa­ra el mis­mo la­do. ELLE ¿QUE CON­SE­JO LES DARIAS A LAS ADO­LES­CEN­TES QUE SUE­ÑAN CON SER MODELOS? K.G. ¡Que lo in­ten­ten! Só­lo hay que te­ner el tiem­po pa­ra pen­sar bien las co­sas. Las opor­tu­ni­da­des es­tán siem­pre ahí, así que si es al­go que real­men­te uno quie­re ha­cer, hay que to­mar­se tiem­po y no sen­tir­se pre­sio­na­do por na­da. ELLE CUAN­DO ERAS CHIQUITA, ¿VESTIAS A LAS MUÑECAS O LES DISEÑABAS RO­PA? K.G. Prin­ci­pal­men­te so­lía re­vi­sar­le el pla­card a mi ma­dre y pro­bar­me to­dos los vestidos, aun­que fue­ran enor­mes. Co­rría al­re­de­dor de la ca­sa con ta­cos al­tos y me sen­ta­ba cer­ca de mi ma­má pa­ra ver có­mo se pre­pa­ra­ba. Ella me trans­mi­tió el amor por la mo­da.

KAIA CUAN­DO SE ENCONTRO KARL CON

ELLE ¿TE GUSTARIA CONVERTIRT­E EN DISEÑADORA? K.G. En es­te mo­men­to, es­toy feliz en don­de es­toy. Si tu­vie­ra que ter­mi­nar con­vir­tién­do­me en diseñadora, po­dría de­cir que apren­dí de los me­jo­res. Te­ner cer­ca a Karl pa­ra guiar­me fue una ex­pe­rien­cia que ni si­quie­ra pu­de ima­gi­nar­me. ELLE ¿TERMINASTE TUS ES­TU­DIOS? K.G. To­da­vía no. Me que­da un año más y es una de mis prio­ri­da­des. ELLE ¿ ES FACIL O DIFICIL SER HI­JA DE CINDY CRAW­FORD? K.G. (Se ríe) Amo mu­chí­si­mo a mi ma­má. Es mi me­jor ami­ga. Pa­ra mí no es “Cindy Craw­ford” es só­lo mi ma­má. Hi­zo un buen tra­ba­jo se­pa­ran­do la vi­da la­bo­ral de la ho­ga­re­ña. Así que nun­ca pen­sé en ella co­mo al­go di­fe­ren­te. Pe­ro es una lo­cu­ra ver lo pe­que­ño que es el mun­do y có­mo vuel­ve cuan­do co­noz­co gen­te co­mo Karl que tra­ba­jó con ella. ELLE ¿FUE UNA ESPECIE DE AYU­DA? K.G. Hay al­gu­nas co­sas que uno tie­ne que apren­der por sí mis­mo. Pe­ro el mun­do de la mo­da no me era ajeno. Creo que eso me dio se­gu­ri­dad cuan­do em­pe­cé. Me ayu­dó a man­te­ner los pies bien pues­tos so­bre la tie­rra. ELLE ¿QUE SI­GUE? K.G. Me voy a ca­sa, re­lax ¡y a dis­fru­tar el ve­rano! Es­toy feliz por eso.

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