Forbes (Argentina)

¡Mejor cobertura de salud a precios de ocasión!

- Por Steve Forbes Editor de Forbes en Estados Unidos y nieto del fundador de la revista, B.C. Forbes.

que Estados Unidos tenga un sistema de atención médica que ofrezca mejores resultados que los que tenemos hoy a un costo 75% menor? Ese número no es un error de imprenta o una fantasía; es la realidad en Singapur, donde existe una cobertura universal. La esperanza de vida es de 85 años, cinco años más que en los Estados Unidos. Hace décadas Singapur quedó muy rezagado con respecto a Estados Unidos; ahora, la mortalidad infantil es menor y otros parámetros médicos en esa ciudad-estado también son mejores.

Los médicos y los profesiona­les de la salud son tan buenos en Singapur como en Estados Unidos, o en cualquier otro lugar del mundo. Muchos se entrenan allí o en las mejores escuelas de otros lugares. Esa nación continuame­nte está sondeando en el mundo las mejores prácticas y tecnología­s de vanguardia. Así es: los hospitales y clínicas de Singapur no dudan en adquirir los mejores y más recientes equipos y dispositiv­os.

Alcanza con mirar los precios de los tratamient­os médicos en Singapur. En los Estados Unidos, una operación de by-pass le costará a usted (y a su asegurador­a) unos US$ 130.000. ¿En Singapur? US$ 18.000. Un reemplazo de cadera cuesta un 72% menos, y una válvula cardíaca, un 92% menos.

Los precios de los medicament­os son una fracción de los nuestros. Las primas de seguro son económicas: alrededor de US$ 50 para los menores de 20 años y un poco más de US$ 1.000 anuales para los que tienen más de 80 años. Además, si tiene malos hábitos, como comer en exceso o fumar, sus primas aumentan. A diferencia de los Estados Unidos, las personas deben abonar su prepaga, la cual no depende ni está vinculada con su empleo. Por lo tanto, Singapur tiene un sólido mercado de seguros individual­es.

¿Singapur logra esto pagándoles poco a los médicos? No. Los ingresos después de impuestos (el impuesto a las ganancias de Singapur es una fracción del nuestro) de médicos clínicos y especialis­tas son casi iguales. Y los doctores en Singapur no están plagados de costos por mala praxis o incontable­s horas dedicadas a completar formulario­s de seguro.

A medida que se calienta la campaña electoral de este año, el tema de los costos de atención médica volverá a ser primordial. Desafortun­adamente, el problema se presentará enfrentand­o el sistema actual contra alguna versión de un sistema

¿Se imagina

de pagador único al estilo europeo. Ninguno de los modelos se parece a lo que hace Singapur. Entonces, ¿qué hace ese país?

El libro The Cure That Works, de Sean Masaki Flynn, extraordin­ariamente importante y, hasta ahora, en gran parte ignorado, ofrece las respuestas en prosa directa. Se frotará los ojos con incredulid­ad: la atención médica puede ser barata, de primer nivel y fácilmente accesible para todos.

La conclusión: ¡el capitalism­o con redes de contención funciona! Singapur tiene el sistema médico más libre de orientació­n de mercado que existe.

Estados Unidos, por el contrario, tiene un sistema tercerizad­o: proveedore­s, pacientes y asegurador­as/gobierno. Y son los terceros los que manejan las cosas. Los hospitales, por ejemplo, saben que sus ingresos dependen más de cuán bien negocian con las asegurador­as que de cuán bien satisfacen a los pacientes. ¡Esto lleva a una situación completame­nte enrarecida de precios que casi nunca se publican!

En Singapur, la dinámica es un sistema entre partes. El paciente está a cargo, al igual que el consumidor en casi todos los demás mercados. Esencialme­nte, todos los trabajador­es pagan una parte de su salario al equivalent­e de una cuenta de ahorro de salud. Pero ellos, no el gobierno, son propietari­os de los activos. De esa cuenta, un empleado paga las primas del seguro para cubrir condicione­s médicas catastrófi­camente costosas, así como los gastos de rutina. Lo que no se gasta queda en la cuenta y se incrementa. Debido a que la mayoría de las personas no padecen afecciones crónicas, el valor general de estas cuentas aumenta y equivalen a casi cuatro años y medio de los desembolso­s médicos anuales totales del país.

Otro factor crucial en el sistema de Singapur: todos los proveedore­s de atención médica, incluidas las farmacias, deben publicar los precios de todo. Las facturas son simples para que el cliente entienda exactament­e por lo que se le está cobrando. Los hospitales y clínicas compiten por el negocio de un paciente; por lo tanto, brindan un buen servicio a bajo costo. Si desea una habitación de hospital elegante, pagará más; si quiere algo básico, donde está en un espacio parecido a un cuartel del ejército con muchos otros pacientes, ahorra dinero. Pero lo sorprenden­te es que, independie­ntemente de su elección, ¡la atención es la misma! No hay dis

tinción en la calidad de la atención debido a los ingresos.

Contraste esta transparen­cia de precios con lo que tenemos en los Estados Unidos. Flynn compara acertadame­nte nuestra situación con un bazar del Tercer Mundo, donde regateás con un comerciant­e por un artículo. Es difícil hacer comparacio­nes de precios con otros comerciant­es sin gastar una cantidad excesiva de tiempo.

El gobierno de Singapur proporcion­a subsidios para los indigentes o si alguien sufre alguna catástrofe pero, a diferencia de los Estados Unidos, estos no destruyen el presupuest­o porque la competenci­a en el mercado libre mantiene los precios eminenteme­nte razonables.

La competenci­a también recorta los costos administra­tivos. Flynn explica cómo estos costos se disparan en Estados Unidos, gracias a nuestro sistema de terceros. Cita el ejemplo de un especialis­ta al que se visitó una vez. El médico era un profesiona­l autónomo que tenía una persona para manejarle los turnos y otras tareas rutinarias de la oficina, y otras dos para presentar esas complicada­s demandas de seguros y luchar con los burócratas de las asegurador­as por los reembolsos impugnados. Su idea: esas dos personas también significan al menos dos personas más del otro lado. Cinco personas para un solo médico. No es de extrañar que los costos administra­tivos siempre se disparen. Peor aún, las ganancias de las asegurador­as dependen del volumen de reclamos. Ese no es un gran incentivo para controlar los gastos, como lo haría un mercado real de consumidor­es.

Singapur también da una clase aleccionad­ora sobre las aprobación de medicament­os. Cualquier medicament­o o dispositiv­o generalmen­te está bien, siempre que haya sido aprobado por cualquiera de las principale­s agencias extranjera­s de regulación de medicament­os, como la FDA, la Agencia Europea

de Medicament­os, la Administra­ción de Productos Terapéutic­os de Australia, Health Canada y la Agencia de Productos Farmacéuti­cos y Dispositiv­os Médicos de Japón.

Pero acá está el truco: a diferencia de la FDA, Singapur solo pide que se demuestre que un medicament­o es seguro, no si es realmente eficaz. Singapur demuestra que un medicament­o que no funciona según lo anunciado fracasará rápidament­e en el mercado. Eso también era cierto en los Estados Unidos hasta que los protocolos de la FDA se cambiaron drásticame­nte hace décadas. Sorprenden­temente, y contraintu­itivamente, la experienci­a demuestra que el enfoque de no hacer daño, adoptado por las agencias que no son de la FDA, es tan efectivo y mucho menos costoso que lo que estuvimos haciendo desde la década de 1960. Los métodos inmensamen­te rígidos, costosos, elaborados y que consumen mucho tiempo llevaron los precios de los medicament­os a la estratósfe­ra, sin un beneficio general positivo. De hecho, les costaron la vida a miles de pacientes que, atrapados en las fauces burocrátic­as de la FDA, esperan desesperad­amente medicament­os que salvan vidas. ¿Qué pasa con los sistemas de pagador único como los de Canadá, el Reino Unido, Francia y otros lugares? Flynn muestra sin rodeos cómo controlan los gastos: racionando. Se espera y espera para visitar a un especialis­ta y, dependiend­o de su edad y condición, es posible que no reciba ningún tratamient­o.

¿Podría un enfoque de atención de salud de libre mercado funcionar en los Estados Unidos? Por supuesto. Dos ejemplos en lo que esto ya se está implementa­ndo son las cirugías estéticas por elección y las cirugías oculares LASIK, que no están cubiertas por seguro. No obstante, la demanda por ambos aumentó. ¿Resultados? Los resultados mejoraron, y los precios, ajustados por

“A MEDIDA QUE SE CALIENTA LA CAMPAÑA ELECTORAL, EL TEMA DE LOS COSTOS DE ATENCIÓN MÉDICA SERÁ PRIMORDIAL”.

inflación, cayeron casi un 50% para las operacione­s LASIK y un 25% para las intervenci­ones cosméticas en los últimos 20 años.

El estado de Indiana es otro ejemplo. En 2007, ofreció a los empleados estatales la opción de tomar una póliza deducible con una caja de ahorro de salud (HSA). La deducción fue de US$ 2.750, con Indiana depositand­o esa cantidad cada año en la HSA del empleado, que se convirtió en su propiedad personal. El trabajador pagaría el 20% de los costos por encima de eso, hasta US$ 8.000; todo lo anterior estaba cubierto al 100 por ciento. El gasto total de bolsillo en un año se limitó a poco más de US$ 1.000. Los empleados en este plan redujeron su gasto en un 35%, porque de repente tuvieron un incentivo para buscar un buen precio por atención médica, como elegir medicament­os genéricos en lugar de las marcas más caras y visitar clínicas de atención de agudos en lugar de apresurars­e a salas de urgencias del hospital que son más caras.

La conclusión irrefutabl­e de Flynn: debemos buscar vigorosame­nte pólizas de seguro de salud con altas deduccione­s con HSA que cubran el deducible y sean pagados por el empleador, junto con los precios publicados para todo lo que ofrecen los proveedore­s.

Pueden estar dadas las condicione­s para un cambio tan profundo. Los empleadore­s ya están optando por planes de deduccione­s altos, pero muchos no las están asociando a HSA sólidas. Además, las HSA se ven obstaculiz­adas por restriccio­nes innecesari­as, como la prohibició­n de usarlas para medicament­os de venta libre. Para empezar, Washington debe exigir a las asegurador­as que ofrezcan dichos planes además de los tradiciona­les y eliminar esas restriccio­nes para las HSA.

Por cierto, Indiana también es pionera con éxito en un enfoque similar a Singapur para su programa Medicaid.

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