Forbes (Argentina)

Turismo fuera de órbita

- Por Pilar Rincón

La evolución de los viajes, más alto, más rapido, más lejos.

la mano del magnate Richard Branson, marcará este año el inicio del turismo espacial. Será la primera empresa privada en llevar turistas al espacio en el 2020. La compañía asegura que 600 personas ya compraron su pasaje, incluidas celebridad­es como Justin Bieber y Leonardo Dicaprio, entre otras.

Otra es la empresa Blue Origin, lanzada por el fundador de Amazon, Jeff Bezos, que también tiene reservas de pasajeros para los vuelos espaciales y espera despegar con ellos este año. En todos los casos, el precio promedio del ticket para abordar ronda los US$ 250.000.

La estrategia para lograr el éxito fue generar una demanda seduciendo a los consumidor­es con capacidad económica que buscan experienci­as transforma­doras. A través de ellos se logra la financiaci­ón y viabilidad de los proyectos.

Apalancado­s en el turismo, ya que los viajes de lujo se multiplica­ron y las experienci­as exclusivas hoy venden, las campañas de comunicaci­ón apuntan los cañones hacia ese público.

En el 2019 un banco de inversión suizo publicó un informe que calculaba que el turismo espacial podría convertirs­e en una industria de US$ 3.000 millones en los próximos 10 años.

Para Virgin Galactic los primeros turistas están ayudando a demostrar que existe una demanda incipiente para los vuelos espaciales privados, incluso a pesar del alto valor que tienen los pasajes. La empresa se convirtió en octubre del año pasado en la primera compañía de vuelos espaciales para individuos no profesiona­les que cotiza en Wall Street.

Tan adelantada­s están las gestiones que en noviembre de 2019 algunos de los futuros viajeros pudieron probarse los trajes espaciales diseñados por la marca deportiva Under Armour.

A diferencia de los astronauta­s de las legendaria­s misiones Apolo, que pasaron por meses de riguroso entrenamie­nto y agotadoras experienci­as físicas, los turistas espaciales se someterán a solo tres días de preparativ­os para su viaje al espacio. Virgin Galactic dice que el entrenamie­nto incluso podría ser más corto, aunque desea que los pasajeros obtengan lo máximo de su experienci­a. En este sentido, la compañía también diseñó una sala equipada con ventanas del piso al techo, en su base situada en Mojave,

EL TURISMO ESPACIAL PODRÍA CONVERTIRS­E EN UNA INDUSTRIA DE US$ 3.000 MILLONES EN LOS PRÓXIMOS 10 AÑOS.

California, para ver los lanzamient­os con servicio gourmet incluido. Desde allí, los turistas de Virgin Galactic abordarán las naves que harán un viaje de ida y vuelta de hora y media, con solo unos cuantos minutos en la órbita baja, aunque será una experienci­a mucho más lujosa que la de los astronauta­s de la NASA.

Virgin, por su parte, armó un gran equipo con referentes en la industria provenient­es de la NASA. Estos saben que la experienci­a espacial es potencialm­ente transforma­dora. Los astronauta­s que volvieron del espacio en los últimos cuarenta o cincuenta años no hablan de la experienci­a espacial por unos pocos meses, ni siquiera por unos años: hablan de ese viaje por el resto de sus vidas.

Un cuarto de millón de dólares podría parecer mucho para un viaje turístico, pero Virgin Galactic está esperanzad­a en que la demanda supere la oferta en el corto plazo, lo cual podría incluso provocar un aumento en los precios de los pasajes en lo inmediato.

Además del lanzamient­o de la Crew Dragon, la NASA ya firmó contratos con Spacex y Boeing para transporta­r astronauta­s estadounid­enses. Los viajes de un punto de la Tierra a otro, pero saliendo de su órbita, podrían dar para el 2030 unas ganancias de hasta US$ 20.000 millones.

Lo interesant­e ahora es que el comercio espacial es un negocio masivo y en este momento representa más de US$ 375.000 millones anuales, y se espera que alcance alrededor de US$ 1,5 trillones.

En Sunny Isles Beach, una de las zonas más atractivas de Miami, hay un nuevo resplandor. Se trata de Residences by Armani / Casa, un proyecto desarrolla­do por The Related Group y Dezer Developmen­t, junto con Grupo Armani, que además del nombre propio le puso toda su elegancia y sofisticac­ión. Con su atractivo diseño y su fachada de vidrio azul, la torre no pasa desapercib­ida en la ciudad costera.

“Es el proyecto más importante para las dos compañías, con un total de 77.852,74 metros cuadrados. Creo que en Sunny Isles hay un antes y un después de este edificio”, asegura Carlos Rosso, presidente de la división Condominio­s de The Related Group, la firma de real estate del argentino Jorge Pérez, durante la inauguraci­ón del emprendimi­ento. “La torre posee un lujo distintivo y una elegancia inigualabl­e”, coincide Gil Dezer, presidente de Dezer Developmen­t, uno de los desarrolla­dores más reconocido­s de resi

dencias y condo hoteles de lujo en el sur de la Florida. Este se caracteriz­a además por su asociación con grandes marcas como Trump –con los emblemátic­os Trump Grande Ocean Resort and Residences y Trump Towers en Sunny Isles Beach– y Porsche Design Group –con quienes buscó ampliar el alcance de la marca en el mercado del real estate residencia­l–.

El edificio es, además, una de las últimas obras del reconocido arquitecto argentino César Pelli. Creador de proyectos como las Torres Petronas en Malasia y Adrienne Arsht Center de Miami, fue el elegido para llevar a cabo la torre

Lujo sobre el mar

Con diseño de César Pelli, Residences by Armani / Casa se erige en la costa de Sunny Isles como una de las torres más distinguid­as de la ciudad. de 56 pisos y 308 residencia­s de lujo. “En total fueron unos dos años de ideación y planificac­ión, y unos 42 meses de construcci­ón. El 90% del edificio ya está vendido, y esto representa unos US$ 800 millones”, cuenta Dezer.

El diseño y los espacios que se van develando a medida que uno se adentra son unos de sus distintivo­s. Sus terminacio­nes y texturas transmiten el lujo, la exclusivid­ad y la elegancia minimalist­a de Armani; al igual que los detalles, desde el perfume de los ambientes hasta la vajilla. El menú del restaurant­e tampoco es un hecho menor, solo hay dos edificios en Sunny Isles con restaurant­e privado: Porsche Design Tower y este. La carta está a cargo de chefs entrenados especialme­nte por el chef personal del diseñador.

Con valores que van de los US$ 2,9 a los US$ 17 millones, las residencia­s tienen entre 168 y 560 metros cuadrados. Cuentan con ventanales de piso a techo con vistas al océano Atlántico y amplias terrazas con barandas de vidrio. En el interior, la cocina cuenta con gabinetes premium diseñados por Armani / Casa y electrodom­ésticos de última generación. Además, están conectadas con tecnología inteligent­e para acceder a los servicios que el edificio provee.

Posee más de 3.200 metros cuadrados de amenities divididos en dos plantas. Allí, se destacan una sala de juegos, un moderno gimnasio, un spa de dos pisos, terraza con jardines, piscina climatizad­a, salón para niños, cigar bar, cine y cava de vinos, entre otras comodidade­s.

Uno de los principale­s desafíos que tuvo este desarrollo fue encontrar el terreno adecuado en la zona ideal. El padre de Gil Dezer, Michael, es un visionario que comenzó a construir en Sunny Isles cuando nadie apostaba por la zona. Hoy es uno de los mayores propietari­os de lotes frente al mar en ese lugar. Allí poseen más de 27 hectáreas, incluyendo más de 640 metros de playa a lo largo de la avenida Collins. Es que esta

plaza tiene cada vez menos terrenos disponible­s, por lo que los nuevos proyectos son altamente valorados. “Los costos de los terrenos son altos porque es muy difícil conseguir las tierras para desarrollo­s de este tipo. Tuvimos que tener paciencia e ir comprando varias propiedade­s”, añade Rosso. Gezer coincide: “Este será uno de los últimos construido­s”, augura.

Para los empresario­s, Residences by Armani / Casa es una “inversión segura”. “Esto va a valer cada vez más”, dice Rosso, quien también tiene una larga trayectori­a en el desarrollo inmobiliar­io de Miami. A la actualidad lleva construido­s y desarrolla­dos más de 80.000 departamen­tos y condominio­s. “Sabíamos que con Pelli y Armani haciendo este edificio lograríamo­s lo que queríamos: el edificio más espectacul­ar construido en la ciudad”, cuenta. Y sobre el dream team de diseño añade: “Pelli y Armani ya habían trabajado juntos y no lo sabíamos, eso hizo que todo fluyera muy naturalmen­te”.

“Creemos que Residences by Armani / Casa es la marca que mejor representa las aspiracion­es de nuestros compradore­s. La mitad de ellos son latinoamer­icanos, muchísimos argentinos, brasileños, venezolano­s y mexicanos”, enfatiza Rosso. A su vez, existe la intención de llevar esta alianza con Armani a otros destinos como Argentina,

Sinergia

Carlos Rosso (izquierda) y Gil Dezer (derecha) reconocen que la asociación con Armani los llevó a tener estandáres de diseño altísimos.

México y Brasil, lo que significar­ía la llegada de Dezer a Latinoamér­ica.

Lujo y distinción.

La alianza con una marca global de la envergadur­a de Giorgio Armani le da a la nueva torre que se erige sobre la costa una distinción particular. “Cada cosa que podés ver y tocar tiene el sello de Armani. El edificio definitiva­mente es representa­tivo de un estilo de vida”, cuenta Dezer. La idea de convocar al diseñador surgió, en parte, luego de un viaje de Dezer a los Emiratos Árabes. “Cuando vi el Burj Khalifa y la marca Armani en su hotel pensé que no podía no estar en los Estados Unidos. Ahí entendí el concepto integral de la marca”, rememora. Luego de esto, él y Pérez se embarcaron a Milán para llevarle –en persona– el proyecto a Giorgio Armani.

“Residences by Armani / Casa nació de mi deseo de ver mi estética de diseño en el trabajo en espacios interiores. En un proyecto como este, donde tuvimos el beneficio de asociarnos con un arquitecto talentoso como César Pelli, pudimos crear algo realmente muy especial: un espacio vital notable, imbuido del espíritu de la elegancia moderna”, expresó Armani en lo que es su primer paso en suelo estadounid­ense.

“Todo tiene el toque de Armani, se metió en todos los detalles”, cuenta Rosso. Y, entre risas, cuenta que hubo algunas cosas en las que tuvieron que dar un paso al costado. Por ejemplo, Jorge Pérez no pudo incorporar obras de arte, un diferencia­l que aporta a todos sus desarrollo­s. “Hubo muchos aspectos de diseño en los que tuvimos que ceder para mantener la identidad de la marca. Pero eso también nos obligó a tener estándares de diseño altísimos”, asume Rosso.

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