Forbes (Argentina)

DEL SHORT A LOS PANTALONES LARGOS

- Por Tomás Rodríguez Ansorena

Pmultiplic­ó por 100 su apuesta contra el mercado tras el impacto del Coronaviru­s y ganó US$ 2.600 millones. “Inversor activista”, forjó su reputación en Wall Street “shorteando” a estrellas bursátiles como Herbalife.

Bill Ackman

es la inspiració­n detrás del protagonis­ta de la serie Billions, Bobby Axelrod. Pero él prefiere mirarse en el espejo de Warren Buffett (la humildad no es lo suyo). Nacido en Nueva York, fue un joven maravilla en Harvard a fines de los 80 y formó su primer fondo de cobertura o “hedge fund” con US$ 250.000 de un profesor. 10 años después, su firma Gotham Partners ya manejaba US$ 500 millones. Un litigio judicial y un duelo con el entonces procurador de Nueva York provocaron el cierre de Gotham en 2003 y Ackman tuvo que empezar de cero nuevamente.

En 2004 creó Pershing Square con un perfil “activista”: es decir, el tipo de inversioni­stas que ganan posición en una compañía para influir sobre el management. Su primer gran éxito fue Wendy’s, donde presionó al board para que se desprendie­ra de la cadena de cafeterías Tom Horton’s, logrando una salida multimillo­naria (para Pershing, porque Wendy’s luego sufriría la decisión). Su más notorio fracaso fue Valeant, la farmacéuti­ca canadiense investigad­a por presunto fraude en la manipulaci­ón de precios e informes. Cuando

ara muchos,

Pershing vendió sus acciones en 2017, había perdido US$ 4.000 millones.

Pero Ackman es, sobre todo, conocido por sus “shorts”: la inversión que apuesta por la caída de un activo en el corto plazo. Ganó millones apostando contra la compañía de seguros financiero­s MBIA, pero lo que le dio fama internacio­nal fue su batalla contra Herbalife (registrada en el documental de Netflix Betting on Zero).

En 2012, comenzó una campaña denunciand­o que la compañía de suplemento­s dietarios constituía una estafa piramidal. Aquello inició una batalla que duró 6 años, donde otro ícono de Wall Street, Carl Icahn, invirtió en Herbalife para hacer subir la cotización. En 2018, Ackman admitió la derrota y retiró su posición de casi US$ 1.000 millones contra la compañía.

Admirado y odiado por igual, su redención financiera no estaría exenta de críticas. En enero empezó a ver que aquella misteriosa enfermedad surgida en Wuhan sería un problema más grande de lo que esperaba Wall Street e invirtió US$ 27 millones para “shortear” a las principale­s acciones del mercado. El 18 de marzo, el Coronaviru­s ya había provocado histeria total y le escribió en Twitter directamen­te a Donald Trump: “Señor presidente, la única solución es cerrar el país por 30 días”. Esa noche habló en televisión y, al día siguiente, los mercados se desplomaro­n. Nadie podría decir que fue todo culpa de Ackman, pero sus críticos le reprochan el timing. ¿El resultado? US$ 2.600 millones. Nada mal.

El estilo de Ackman, intuitivo y audaz, se ve en una anécdota suya en Argentina. En 2004, viajó a Kau Tapen en Tierra del Fuego, una de las mecas de la pesca con mosca. No sabía pescar, pero las lecciones de su guía le permitiero­n sacar varias truchas. Ackman quedó impresiona­do con el joven que conocía perfectame­nte el atraer, sostener y soltar. Así que le ofreció un trabajo en su compañía. Le dio 12 libros para leer y lo esperó en su oficina. Siempre se pueden pescar peces más gordos.

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