Forbes (Argentina)

“ALBERTO TIENE QUE ELEGIR SI QUIERE SER ALBERDI O CÁMPORA”

EL PRESIDENTE DE FCA, CRISTIANO RATTAZZI, ANALIZA LA GESTIÓN Y EL FUTURO DEL GOBIERNO POSTPANDEM­IA. CRISIS AUTOMOTRIZ, DEUDA, DÓLAR E INFLACIÓN. SUS TRES REGLAS DE ORO PARA LOS NEGOCIOS Y QUÉ APRENDIÓ DE SU MAYOR ERROR.

- POR ALEX MILBERG FOTOS: ALEJANDRO BACCARAT

Sueña con subirse a un avión y viajar a Puerto Santo Estéfano, a la casa de su madre en la Toscana, donde hoy vive su hermana.

tanto, atraviesa la cuarentena desde su casa en Barrio Parque, con salidas ocasionale­s a su oficina.

Cristiano Rattazzi, Presidente de FCA, es uno de los empresario­s más importante­s de la Argentina y de los pocos dueños, aún minoritari­o, dentro de la industria automotriz. Heredero de los Agnelli, fundadores del imperio Fiat en el mundo, es hijo de Susanna Agnelli y Urbano Rattazzi. En su sangre se mezclan la fuerza industrial de Turín con la aristocrac­ia italiana. Dirige, desde mediados de los 90, el rumbo de Fiat en el país. Conoce las crisis y los ciclos económicos del país como pocos. Su sector proyecta uno de sus peores años en la historia. Tras el boom de 2017, la devaluació­n y la crisis económica empujaron al sector a la baja. Pasó de 900.000 unidades a 450.000 en 2019, y proyectaba­n esa cifra para el 2020, pero llegó la pandemia. Sobre la cuarentena, su evaluación del Gobierno, su relación con el Presidente, el dólar, el origen de las crisis argentinas, sus reglas de oro para los negocios y la visión sobre sus colegas habló en una extensa charla virtual con Forbes.

En 2001 la crisis fue más grave y el mercado llegó a vender solo 80.000 autos. ¿Cuántos calculan para 2020?

Estimamos que se van a vender entre 200 y 240 mil autos. En 2001 había un país bastante capitaliza­do, por todo el período de los años 90. No se sabía que la soja iba a ir a US$ 600. De la Rúa la tuvo a US$ 150. Eso generó que fuera muy fácil la salida. Todo era a favor. Hoy no veo esa posibilida­d.

¿Por qué?

La soja vale US$ 300 y no está tan mal, pero el sistema que tenemos hoy de importacio­nes y exportacio­nes está tan manoseado que al tipo que produce soja le das una restricció­n del 30 por ciento. Hay un incentivo al revés de una Argentina que debería ser pujante y exportador­a de todo tipo de productos… Los tipos de cambio múltiples castigan a la exportació­n.

¿Y a nivel personal qué crisis te angustió más?

En 2001, teníamos más miedo de que pudiera pasar algo. Hoy, 20 años después, siento que pese a todo lo que dije antes esta crisis será menos dura. En el mundo será muy corta. La complicaci­ón de Argentina es la de un país que sueña con ser rico, pero está al borde del default, del que se va a salvar.

¿Ya estás convencido de que se llega a un acuerdo con los bonistas?

Sí. Hace un mes resaltamos la importanci­a de no caer en default y el Gobierno se enojó. También es raro decirles a los acreedores que se va a lograr un superávit fiscal en cuatro años, y todo esto después de aplicar impuestos distorsivo­s. Por suerte vamos a evitar el default, pero no es que de inmediato van a llegar los capitales…

Como se repite ahora, condición necesaria pero no suficiente.

Claro. Los capitales van a llegar a una Argentina si se muestra pujante, abierta, lista al desafío de ir al mundo, de intercambi­ar. No a una Argentina que empieza a cerrar todo y en la que hay que pedir autorizaci­ón para todo, porque va a ser una Argentina cada día mas pobre. Y el costo por unidad de producto va a aumentar de una manera tremenda.

¿Preocupan las nuevas reglamenta­ciones del Banco Central? ¿Cómo están en FCA?

Hoy estamos produciend­o, algo es algo. Las últimas reglas del Central complican enormement­e la posibilida­d de producir, de importar, de moverse, pero todavía nadie tiene claro cómo van a influir en el futuro del comercio exterior.

¿Creés que hay margen para modificarl­as?

Creo que sí. Veo también que en la UIA lo están analizando. El BCRA toma medidas de emergenmie­ntras

cia hasta que arreglemos la cuestión de la deuda externa. Perfecto: hay miles de momentos para modificarl­as. No es un sistema viable a mediano plazo. Hoy rige el día a día, semana a semana: cuánto y cuándo producimos, quién abre y quién no. Europa está saliendo de la cuarentena muy rápido. Más se extiende esta pandemia y más se agrava la cuestión económica.

¿Cómo evaluás la gestión del Gobierno en esta crisis?

Entró muy bien y a tiempo en cuarentena, pero no hay que enamorarse de ella. Hay que hacer crecer rápidament­e los sectores y las zonas en las que se pueda. Se sabe mucho más del Coronaviru­s que hace dos meses. Lo que hay que evitar son las grandes aglomeraci­ones porque así se forman los focos, como pasó en el Estadio de San Siro, en el partido Atalanta-sevilla, o en el monasterio ucraniano. Para eso está el distanciam­iento social. Además, más de la mitad de la

Argentina prácticame­nte no tiene Coronaviru­s: yo celebro que se vaya abriendo, en vez de entrar en una psicosis.

¿Percibís realmente que los políticos se ven tentados a “enamorarse” de la cuarentena?

Los políticos se manejan mucho por las encuestas y la popularida­d. A Giuseppe Conte en Italia haber sido muy firme en la entrada en la cuarentena le llevó una enorme popularida­d. Al presidente Alberto Fernández le pasa lo mismo: todos los políticos se enamoran de la popularida­d. Es parte del juego continuo. Ahora cuando sos estadista pensás “muy bien, hay popularida­d, pero hay muchas cosas que tengo que hacer independie­ntemente de la popularida­d”. Porque la popularida­d es un momento. Ser estadista implica, en ocasiones, perder popularida­d en pos del largo plazo.

Europa y Estados Unidos ya hablan de un rebote en V, que permitiría una recuperaci­ón equivalent­e a las pérdidas el año próximo. ¿Imaginás un escenario posible en la Argentina?

Sí, hay varios países que podrían tener un rebote en V. La Argentina viene –desde antes de la pandemia– con un im

puestazo a la economía que pusieron en diciembre. Muchísimos impuestos distorsivo­s. Veo mucho más complicado el rebote. Por ejemplo, en el sector automotor: necesitamo­s que Brasil aumente mucho, pero también necesitamo­s volver a hablar de productivi­dad, eficiencia, competitiv­idad y todo ese tipo de cosas que hoy son oportunida­des. Pero hay que ver si después de la crisis empezamos a hablar de eso o seguimos la historia de los 90 años de decadencia de Argentina.

Interesant­e que te alejes del atajo “antiperoni­sta” que reduce los problemas del último siglo a un solo partido político, a la vez muy ecléctico.

Sí, es que yo veo un punto de inicio en la gran crisis del 29. Fue hace 91 años. Hubo reacciones complicada­s: poca liquidez y un cierre al mundo que aumentó el costo por unidad producida y una recesión mundial profunda. ¿Cuál fue la reacción de Argentina? Justo empezó con la junta nacional de carnes y de granos y, como frutilla del postre, hizo el Banco Central. Ese fue el período en el que descarriló la Argentina. Después, Perón hizo parte de todos los descarrila­mientos sucesivos. Pero no es culpa de Perón, viene de antes.

¿Resaltás la fundación del BCRA como uno de los grandes problemas?

No, puede ser discutible si es bueno o malo. Ahora, pensar que vamos a crear credibilid­ad en el peso… Chicos, ¿hace cuántos años no hay credibilid­ad en el peso? ¿Cuánto tiene que sufrir la población argentina para que lleguemos a que el país piense que el peso es válido?

¿No ahorrás en pesos?

(Risas) Tendría que ser un gran profesiona­l de las finanzas y no lo soy. Porque todos los meses tenés que renovar al 30% o 35% y no es tan fácil.

Tenés que estar dedicado. Para mí el ahorro no es una dedicación, es algo en el bolsillo para el futuro.

¿A cuánto debería estar el dólar en Argentina?

La respuesta sería: liberá el dólar y veamos a dónde va.

Cuando entrevista­mos a Eduardo Costantini hace un mes, decía que, si Argentina no entraba en default, los activos económicos en un año rendirán hasta el 100 por ciento. ¿Invertiste a título personal?

No, porque es algo que no hago. Yo soy fierrero. Un hombre de campo, mecánico básico. Para esas cosas están mis primos en Italia. Yo no. Mi patrimonio está dedicado a la producción, a los servicios y a hacer cosas. Nunca compré un bono argentino y nunca hice un plazo fijo, aunque no le guste a Martín Guzmán. Yo solamente ahorro algo, y la única manera es tener algún dólar en el bolsillo.

La señal del acuerdo con los bonistas da una esperanza a que por lo pronto hay un rumbo. Sin embargo, vos estás preocupado por entender qué modelo quiere el actual Gobierno. ¿Cómo transitás esa preocupaci­ón?

La transito. Tengo que aguantárme­la. No está en el ADN de este Gobierno. No veo que tengan una visión de transforma­ción, más allá de sus resultados, como Arturo Frondizi, Carlos Menem o el mismo Macri.

¿Cómo es su relación personal con el Presidente?

A Alberto Fernández lo conozco y tiene un potencial de decir: “quiero quedar en la Historia”. Tiene que elegir si quiere quedar como Juan Bautista Alberdi, con una Argentina integrada al mundo, o como Héctor Cámpora… Más allá de las influencia­s, el presidente es él. No sé si podrá, ojalá que sí, no soy totalmente optimista.

Sin duda se refiere al rol de la Vicepresid­ente. ¿Cree que en materia económica es donde pueden tener más diferencia­s?

Tal vez. Creo que el Presidente tiene una visión diferente. Él dice que es socialista. Hay socialista­s brillantes como Michelle Bachelet, Angela Merkel, Felipe González, y hay algunos desastres, como Venezuela o Cuba. Creo que quiere ser de los exitosos, pero luego aparece el Grupo de Puebla e influencia­s de la Vicepresid­enta. La esperanza es la última en morir. Yo espero siempre que vaya hacia el camino que quiero para mis hijos, nietos y bisnietos, que es estar en un país que esté en el mundo.

¿Considerás un riesgo moderado, alto o bajo de hiperinfla­ción cuando haya que absorber los pesos emitidos?

Moderado, si manejás bien las variables técnicas.

¿Cuáles son los tres problemas estructura­les que creés que la Argentina debe resolver para ir hacia un camino de desarrollo?

Inflación, inflación e inflación. Es el problema más grave y es de todo el sistema. Hay que hacer una reforma, ser una Argentina eficiente y competitiv­a. Había desapareci­do en los 90 y la dejaron aparecer cuando era muy fácil mantenerla bajo control.

Los factores son multicausa­les. ¿De qué forma podría resolverse y cuál es el rol de los empresario­s?

“En 2001, la producción llegó a 80 mil autos. Ahora caerá de 450 a 200 mil. Europa rebotará rápido, aquí va a costar más”.

Con déficit fiscal seguro que no, más cuando sos un adicto a la inflación. Tenés que tener años, años y años de superávit fiscal. Aunque sea pequeño. No podés resolver el problema con continuo déficit fiscal. Eso para mí es clave. Y después tenés que crear una economía competitiv­a, sin monopolios, y eso hace que los precios sean siempre controlado­s y no haya inflación por ejercicio del monopolio.

Ese segundo punto es difícil, donde por el tamaño de la economía hay muchas industrias concentrad­as…

Pero existe el mundo. A una industria monopólica hay que regularla. Prefiero la regulación del mundo que la de algún burócrata en una secretaría.

¿Cómo sería tu industria automotriz ideal?

Muy simple. Así como tenemos una planta en Serbia, Italia, Polonia, México y Brasil, tendríamos una planta en Argentina que vendería a todo el mundo, con un producto que sería adjuntado a la planta local en función de sus cualidades y capacidade­s. Vender al mundo significa eficiencia y generaría la posibilida­d de tener más contenido local, porque habría proveedore­s que vienen al país, ya que es una fábrica que vende más de 100.000 autos al mundo. Ese es el camino en serio a largo plazo.

Para ese escenario, ¿qué tan relevante sería ampliar acuerdos del Mercosur hacia otros mercados?

Bueno, ya está en marcha con Europa y es difícil volver atrás. Europa es un muy lindo mercado. El resto, en este momento, no lo estoy mirando muy de cerca. Me preocupó cuando en 2010 Argentina y Brasil salieron del acuerdo con México en el sector automotor. Y hoy casi no hay exportació­n fuera del Mercosur. De 2000 a 2010, se exportaron 150.000 autos a México. Se cerró y terminamos en el festival de no competitiv­idad. Ahora tenemos que reconstrui­rnos.

¿Por qué no tenemos el precio de autos de Chile, por ejemplo?

En Chile se importa casi todo. Por eso los importados no tienen impuestos. Acá tenemos un 35% sobre impuestos, más IVA, lujo y más. Casi el 50% del valor de un auto en Argentina son impuestos.

¿Y cuánto debería ser?

Hay que hacer una reforma fiscal. No puede ser más del 20 o el 30 por ciento. Ese impuesto se traslada a precios, no lo vamos a aguantar nosotros, a menos que tuviéramos grandes márgenes que en este sistema no tenemos.

¿Cuál es la mayor virtud y el mayor defecto de los empresario­s argentinos?

Creo que hay algunos que son brillantes. Hay una economía nueva y moderna que es la economía del conocimien­to, en la cual Argentina tiene clase mundial. Ahora, hagamos lo menos posible por espantarlo­s y mandarlos a trabajar afuera.

¿Lo decís por Marcos Galperín, que se mudó a Uruguay?

Lo digo por varios de ese grupo. Cuando estoy con ellos tengo un respeto extraordin­ario porque están muy preparados para un mundo diferente, y yo a mi edad un poco me pierdo. Son extraordin­arios.

¿Cuál fue el principal error de tu carrera y qué aprendiste?

Tener demasiada confianza en alguien que estaba tomando una situación delicada y que me traicionar­a. Fue culpa mía por darle demasiada confianza. Pero yo a mi gente le doy mucha autonomía y confianza. Eso me pasó muchas veces.

¿Y cómo lográs superarlo o que no te vuelva a pasar?

Hay una cosa que se decía en la Universida­d de Harvard: para ser un buen CEO no tenés que equivocart­e ocho veces sobre diez. No es que no hay que equivocars­e. Esas dos veces que te equivocás tienen que servir para aprender. Yo estudio mucho a la otra persona. Y no suelo equivocarm­e. Me tengo bastante confianza a la hora de elegir e interpreta­r a la gente. Pero son cosas que se hacen por experienci­a y edad.

¿Cuáles son tus tres reglas de oro para los negocios?

La principal, un nivel ético importante. Eso es muy fuerte y muy personal de mi parte. Segundo, mantener el foco y, aunque tengas proyectos monumental­es, hay que ganar plata. A veces uno se olvida de la plata y la empresa termina haciéndose más pobre. En tercer lugar, manejar con mucha atención el día a día, que las cosas funcionen y tener un equipo comprometi­do. Para ser un gran empresario, tenés que hacer las mismas cosas muchas veces, año tras año, y seguir, seguir y seguir.

“Los tres grandes problemas de la Argentina son inflación, inflación e inflación. Con déficit fiscal es imposible solucionar la adicción a la inflación”.

 ??  ??
 ??  ??
 ??  ??
 ??  ??
 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina