To­kio: La ciu­dad don­de to­do pa­sa al mis­mo tiem­po

La ca­pi­tal ja­po­ne­sa com­bi­na his­to­ria y tra­di­ción con tec­no­lo­gía y mo­der­ni­dad. Los ocho ba­rrios im­per­bi­les de una ciu­dad que va a una ve­lo­ci­dad úni­ca. Los tips pa­ra no per­der­se na­da.

Fortuna - - Sumario - CLAU­DIO CELANO GÓMEZ, DES­DE TO­KIO

La ca­pi­tal ja­po­ne­sa com­bi­na his­to­ria y tra­di­ción con tec­no­lo­gía y mo­der­ni­dad. Los ocho ba­rrios im­per­di­bles de una ciu­dad que va a una ve­lo­ci­dad úni­ca. Los tips pa­ra no per­der­se na­da.

Via­jar por Ja­pón es una ex­pe­rien­cia úni­ca. Su cul­tu­ra y tra­di­ción, sus pai­sa­jes, sus pla­tos, sus enor­mes ca­lles con sus pe­que­ños ca­lle­jo­nes, sus me­dios de trans­por­te, su gen­te… En el nú­me­ro pa­sa­do com­par­tí lo que fue mi pri­me­ra par­te de es­ta aven­tu­ra por la is­la nipona, que in­clu­yó gran­des ciu­da­des co­mo Osa­ka, Kio­to e Hi­ros­hi­ma has­ta pe­que­ños pue­blos co­mo Mi­ya­ji­ma y Ta­ka­ya­ma. En es­ta opor­tu­ni­dad dis­fru­ta­rán de mi re­co­rri­do de una se­ma­na por To­kio, la ca­pi­tal ja­po­ne­sa.

En­tre los via­jes la­bo­ra­les y per­so- na­les tu­ve la suer­te de re­co­rrer mu­chas de las ciu­da­des más im­por­tan­tes del mun­do. Nue­va York, Londres, Pa­rís, Ma­drid, Mia­mi, Ber­lín, San Pa­blo son al­gu­nos de los se­llos que ten­go en mi pa­sa­por­te. Sin em­bar­go, nin­gu­na de es­tas tie­ne la mag­ni­tud y la ener­gía de To­kio. To­do co­mien­za, co­mo siem­pre, en el ae­ro­puer­to. El de Na­ri­ta es uno de los dos que hay en To­kio. Es­tá a unos 60 ki­ló­me­tros del cen­tro y con una lí­nea ex­prés se lle­ga en po­co me­nos de una ho­ra. Lo más re­co­men­da­ble es sa­car al­gu­na de las dos tar­je­tas pa­ra trans­por­te pú­bli­co que hay: la Sui­ca o Pas­mo. Fun­cio­nan ca­si igual, y son co­mo la SUBE.

LOS “MUST” DE TO­KIO. Ca­da uno tie­ne sus pre­fe­ren­cias a la ho­ra de

or­ga­ni­zar su via­je. En To­kio, por la can­ti­dad de lu­ga­res y co­sas pa­ra ha­cer, es cla­ve ha­cer un iti­ne­ra­rio. Hay cua­tro tips cla­ve. El pri­me­ro de ellos es que to­das las zo­nas hay que vi­si­tar­las dos ve­ces, una de día y otra de no­che. Los am­bien­tes son to­tal­men­te di­fe­ren­tes cuan­do hay luz na­tu­ral que cuan­do los leds to­man las ca­lles. El mo­vi­mien­to cam­bia rotundamente, al pa­sar de eje­cu­ti­vos de tra­je y mu­je­res con su clá­si­co “pi­lo­tín” ma­rrón que van ca­mi­nan­do muy rá­pi­do rum­bo a sus tra­ba­jos, a jó­ve­nes y adul­tos que com­par­ten la ca­lle, en­tran y sa­len de res­tau­ran­tes y ba­res, y dis­fru­tan de un ka­rao­ke, un in­creí­ble sus­hi o de to­mar una cer­ve­za lo­cal en una pla­za.

Otro de los tips es, evi­den­te­men­te, pro­bar el sus­hi “ma­de in Ja­pón”, que es to­tal­men­te di­fe­ren­te al que se co­me en Ar­gen­ti­na. La for­ma en que que­da el arroz (me­nos apel­ma­za­da) y los pes­ca­dos que lo com­ple­tan son otros. Mien­tras que acá lo más co­mún son las pie­zas con sal­món, allá el pro­ta­go­nis­ta prin­ci­pal es el atún ro­jo. Son una de­li­cia tam­bién las pie­zas con pez es­pa­da y lan­gos­ti­nos.

Mien­tras que en ca­si to­das las ciu­da­des del mun­do to­do pa­sa a la al­tu­ra de la ca­lle, en To­kio –en reali­dad en to­do Ja­pón- las co­sas su­ce­den a dis­tin­tas al­tu­ras. En un edi­fi­cio cual­quie­ra de una ca­lle que pue­de ser prin­ci­pal o se­cun­da­ria, pue­de ha­ber un res­tau­ran­te en plan­ta ba­ja, un bar en el pri­mer pi­so, un lo­cal co­mer­cial en el se­gun­do, un pe­que­ño

mu­seo de ani­mé en el ter­ce­ro… y así has­ta el pi­so 10 u 11. Nun­ca hay fin! Es nor­mal que cuan­do uno con­sul­ta una di­rec­ción y lle­ga al lu­gar co­rrec­to, no lo en­cuen­tre. Es pro­ba­ble que es­té va­rios pi­sos por en­ci­ma. O, in­clu­so, por de­ba­jo. To­kio tie­ne 13 lí­neas de sub­te que se co­nec­tan por to­dos la­dos y hay co­ne­xio­nes sub­te­rrá­neas de más de dos ki­ló­me­tros. Son un mun­do más que in­tere­san­te. Le­jos de pen­sar que allí vi­ven las Tor­tu­gas Nin­jas, los pa­sa­jes ba­jo tie­rra son ver­da­de­ros cen­tros co­mer­cia­les, con tien­das y res­tau­ran­tes de pri­mer ni­vel.

El úl­ti­mo tip pa­ra los que sue­ñen con ir a Ja­pón es qui­zá el más com­pli­ca­do, ya que de­pen­de de la na­tu- ra­le­za. Es­tu­ve en To­kio la úl­ti­ma se­ma­na de mar­zo y tu­ve la suer­te de po­der dis­fru­tar el flo­re­ci­mien­to de los ce­re­zos. Un espectáculo úni­co, que dis­fru­té en ca­da ca­lle y ca­da pla­za. Las to­na­li­da­des de ro­sa y blan­co de los ce­re­zos me acom­pa­ña­ron du­ran­te to­da la se­ma­na que es­tu­ve en To­kio.

A CA­MI­NAR. Ele­gir dón­de hos­pe­dar­se no es sen­ci­llo en To­kio, ya que hay mu­chas zo­nas con gran mo­vi­mien­to. En mi ca­so, lue­go de bus­car en Shi­bu­ya y Shin­ju­ku, fi­nal­men­te me de­ci­dí al­qui­lar un de­par­ta­men­to de dos am­bien­tes por Airbnb en Asa­ku­sa. Es un ba­rrio tran­qui­lo y tra­di­cio­nal. Es­ta­ba a tan só­lo dos cua­dras de una lí­nea de sub­te y al mo­men­to de lle­gar a mi hos­pe­da­je, la due­ña me es­pe­ró y me dio al­gu­nas ex­ce­len­tes in­di­ca­cio­nes so­bre dón­de ir a com­prar y co­mer.

A con­ti­nua­ción, com­par­ti­ré al­gu­nos de los im­per­di­bles de ca­da uno de los ocho ba­rrios que re­co­rrí. Por su­pues­to que hay mu­cho más pa­ra ha­cer y ca­da uno ar­ma su pro­pia aven­tu­ra.

AKIHABARA. Tres pa­la­bras des­cri­ben a es­ta zo­na: ani­mé, vi­deo­jue­gos y tec­no­lo­gía. To­dos los días se ven gru­pos de jó­ve­nes ves­ti­dos co­mo al­guno de sus per­so­na­jes fa­vo­ri­tos de có­mics, que en­tran y sa­len de los enor­mes lo­ca­les con cien­tos de vi­deo­jue­gos y má­qui­nas pa­ra sa­car mu­ñe­cos. Son muy afi­cio­na­dos a es­tas

má­qui­nas. Hay lo­ca­les de elec­tró­ni­ca de más de 10 pi­sos. Una ver­da­de­ra lo­cu­ra pa­ra los más geeks. Lo me­jor es per­der­se por sus ca­lles y dis­fru­tar de los mi­les de car­te­les ilu­mi­na­dos. Al­go pa­ra ha­cer, si o si, es en­trar a un “Ho­me ca­fé” o “Maid Ca­fé”. Es un pe­que­ño bar, ideal pa­ra to­mar el té, que es aten­di­do por ja­po­ne­sas ves­ti­das de ani­mé.

UENO. A po­cos mi­nu­tos des­de Asa­ku­sa, es­tá al que me ani­mo a lla­mar el ba­rrio más ver­de de Tok­yo. El par­que Ueno, con más de 530 mil me­tros cua­dra­dos, fue un espectáculo de ce­re­zos flo­re­ci­dos. Allí vi­si­té el zoo­ló­gi­co pa­ra ver por pri­me­ra vez a un oso Pan­da. El re­co­rri­do hay que ter­mi­nar­lo en Ame­yo­ko, una ca­lle­ci­ta bu­lli­cio­sa de só­lo 500 me­tros ideal pa­ra com­prar ba­ra­ti­jas y al­gu­nos re­cuer­dos ni­po­nes.

ODAI­BA. Es uno de los pun­tos más le­ja­nos del cen­tro de la ciu­dad y el lu­gar re­co­men­da­ble pa­ra dis­fru­tar de la bahía de To­kio. Es una is­la ar­ti­fi­cial, a la que se lle­ga a tra­vés del “Rainbow Brid­ge”, co­mo una ver­sión orien­tal del puen­te de San Fran­cis­co. La bien­ve­ni­da la da un enor­me Gun­dam, de ca­si 20 me­tros de al­tu­ra. Allí es­tá el edi­fi­cio Fu­ji (muy fu­tu­ris­ta), va­rias

atrac­cio­nes pa­ra los más chi­cos y en ve­rano hay has­ta una pla­ya. Sin em­bar­go, lo me­jor de to­do, es sen­tar­se en uno de los ban­qui­tos de ma­de­ra y des­lum­brar­se con el atar­de­cer y la ciu­dad de To­kio de fondo.

SHIN­JU­KU. Por día pa­san más de 3,5 mi­llo­nes de per­so­nas por su es­ta­ción de me­tro y tren. Es una zo­na muy co­mer­cial, pe­ro tam­bién hay mu­chas ofi­ci­nas. Allí en­con­tra­mos el edi­fi­cio Me­tro­po­li­tano, al cual se pue­de su­bir gra­tui­ta­men­te –tan­to de día co­mo de no­che- pa­ra te­ner una de las me­jo­res vis­tas de To­kio. A la no­che, hay que per­der­se por las ca­lles de Ka­bu­ki­cho, con su in­des­crip­ti­ble rui­do y lu­ces. Pa­ra los que no se quie­ren per­der na­da, va­le la pe­na ir al res­tau­ran­te con ro­bots gi­gan­tes que pe­lean. Muy bi­za­rro, pe­ro úni­co.

IKE­KU­BU­RO. Es tam­bién una zo­na muy co­mer­cial, con gran­des cen­tros co­mer­cia­les. Sin em­bar­go, lo me­jor fue que vi­si­té es­ta zo­na un do­min­go y había una con­ven­ción de ani­mé. Es­ta­ba re­ple­to –ha­blo de mi­les- de cos­plays, que son los que se vis­ten de di­bu­jos. Fue una ex­pe­rien­cia in­creí­ble. Te po­días sa­car fotos con ellos y nun­ca de­ja­ban de ser el per­so­na­je al cual re­pre­sen­ta­ban.

GIN­ZA Y NIHOMBASHI. Es la zo­na más cén­tri­ca y don­de más eje­cu­ti­vos hay. De día va­le la pe­na ver, to­man­do un ca­fé en la ca­lle, la aglo­me­ra­ción de gen­te que va y vie­ne por to­dos la­dos. El tiem­po no se de­tie­ne allí. Y hay dos lu­ga­res a los que si o si hay que vi­si­tar. Por un la­do, el Pa­la­cio Real de Ja­pón, que es la re­si­den­cia ofi­cial de em­ba­ja­dor, que es­tá en un par­que in­creí­ble de más de 1.150.000 m2. Ade­más, es­tá a po­cos me­tros de la es­ta­ción cen­tral de To­kio, un edi­fi­cio de 1914. Y, por otro la­do, una ma­ña­na, bien tem­prano, hay que re­co­rrer el mer­ca­do Tsu­ki­ji, y de­gus­tar la gran va­rie­dad de ma­ris­cos que se venden ahí. To­do es­tá im­pe­ca­ble y ni se sien­te el olor a pes­ca­do. Ob­via­men­te, hay que al­mor­zar sus­hí ahí. Es el más fres­co que van a co­mer en sus vidas.

CRU­CE. El fa­mo­so Shi­bu­ya Crossing, por don­de pa­san mi­les de per­so­nas ca­da vez que cam­bia el se­má­fo­ro. Es una de las zo­nas más tran­si­ta­das de to­do To­kio. Es un hub cul­tu­ral y co­mer­cial.

BAHíA. La is­la ar­ti­fi­cial de Odai­ba, don­de es­tá el edi­fi­cio Fu­ji, es­tá pro­te­gi­da por una enor­me es­ta­tua de Gun­dam.

PAI­SA­JE. El Mon­te Fu­ji es el pun­to más al­to de to­do Ja­pón. Su na­tu­ra­le­za con­tras­ta con la ur­be de To­kio.

CO­LO­RES. El Sky­to­wer tie­ne un mi­ra­dor 360° de to­do To­kio, ciu­dad con al­gu­nas par­ti­cu­la­ri­da­des co­mo cien­tos de ma­qui­ni­tas pa­ra sa­car sor­pre­sas o los fa­mo­sos cos­plays, jó­ve­nes que se vis­ten pa­ra re­pre­sen­tar a al­gún per­so­na­je de ani­mé o videojuego.

NA­TU­RA­LE­ZA. Re­co­rrí To­kio jus­to cuan­do los ce­re­zos es­ta­ban flo­re­cien­do. Una de las pos­ta­les más lin­das fue acá, en Me­gu­ro Ri­ver, to­do cu­bier­to de ce­re­zos.

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