EL COLGADO

Horoscopo - - Iniciación Al Tarot -

La ver­da­de­ra bús­que­da es in­ter­na no ex­ter­na. El Colgado re­pre­sen­ta a Odín, el dios es­can­di­na­vo que es­tu­vo colgado del Ár­bol del Mun­do du­ran­te nue­ve días pa­ra ob­te­ner la sa­bi­du­ría de las ru­nas. De to­dos los per­so­na­jes que en los mi­tos de las di­fe­ren­tes cul­tu­ras per­so­ni­fi­can la bús­que­da del co­no­ci­mien­to, só­lo Odín lle­va a ca­bo su ca­mino sin mo­ver­se, al me­nos en sen­ti­do fí­si­co. Es un Ar­cano com­ple­jo. Las lec­cio­nes que ofre­ce son fá­ci­les de en­ten­der, pe­ro di­fí­ci­les de acep­tar cuan­do se apli­can a uno mis­mo. ¿Por qué nos au­to li­mi­ta­mos?

Es­te Ar­cano es un sa­bio que eli­ge. Vi­ve un pro­ce­so de ren­di­ción a tra­vés del sa­cri­fi­cio. De al­gún mo­do es­tá vien­do la vi­da al re­vés y, mien­tras sea así no to­ma­rá de­ci­sio­nes. Lo que te va a apor­tar es­ta car­ta es po­der ver las co­sas de otra ma­ne­ra. La ta­rea es: ¿Soy ca­paz

de cam­biar mi vi­sión o de­bo se­guir “colgado”?

Me­di­ta­ción An­tes de es­cu­char es­ta me­di­ta­ción, po­né una mú­si­ca sua­ve del ti­po new age só­lo ins­tru­men­tal. Apa­gá los te­lé­fo­nos. Ob­ser­vá de­te­ni­da­men­te la car­ta de El Colgado, ve ca­da de­ta­lle. Un hombre cuel­ga ca­be­za aba­jo, su­je­to de su pier­na de­re­cha, en una es­truc­tu­ra en for­ma de T. Su pier­na iz­quier­da cru­za a su pier­na de­re­cha for­man­do un án­gu­lo rec­to. Las dos jun­tas for­man el nú­me­ro cua­tro al re­vés. Tie­ne los bra­zos cru­za­dos de­trás de la es­pal­da jun­to a los hom­bros for­man­do un trián­gu­lo. Una au­reo­la de San­to le ro­dea la ca­be­za. Sen­ta­te de­re­cho con los pies apo­ya­dos en el sue­lo y las pal­mas abier­tas so­bre tus pier­nas. Ce­rrá los ojos. Al prin­ci­pio só­lo te co­nec­ta­rás con la res­pi­ra­ción, con el ai­re que pe­ne­tra y con el ai­re que sa­le por tu na­riz, va­rias ve­ces. Es­tás en­tran­do len­ta­men­te en tu tem­plo in­te­rior.

Vi­sua­li­zá la car­ta de El Colgado cla­ra­men­te. Ob­ser­vá que en­tra en tu co­ra­zón, sen­tí que El Colgado inun­da to­do tu cuer­po por den­tro. Sen­tí que sos El Colgado. Ha­cé una res­pi­ra­ción pro­fun­da.

Co­nec­ta­te con la vo­lun­tad de adap­tar­te a las cir­cuns­tan­cias cam­bian­tes, con la fle­xi­bi­li­dad de la men­te. Sa­cri­fi­ca­te en el pre­sen­te pa­ra be­ne­fi­ciar­te en el fu­tu­ro. Sé ca­paz de sa­cri­fi­car al­go pa­ra ob­te­ner otra co­sa. No te afe­rres a lo vie­jo. So­la­men­te un pro­fun­do cam­bio, la re­nun­cia a vie­jos pun­tos de vis­ta o una vi­sión com­ple­ta­men­te nue­va te ha­rán po­si­ble un nue­vo co­mien­zo.

Vos sos El Colgado. Vos sos la tran­si­ción, el sa­cri­fi­cio, el re­ajus­te... Sen­tí que sos El Colgado y te de­cís in­ter­na­men­te, tres ve­ces: “Me li­be­ro de las re­sis­ten­cias, veo el mun­do con ojos di­fe­ren­tes, soy li­bre en mi bús­que­da...”

Ha­cés una res­pi­ra­ción pro­fun­da, len­ta­men­te abrís los ojos.

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