EL LEÓN, LEO

Horoscopo - - Leo -

Leo re­ci­be su ener­gía di­rec­ta­men­te del Sol. Por eso, los leo­ni­nos creen que to­do el mun­do gi­ra a su al­re­de­dor. Con­fia­dos en su éo­der ó ha­bi­li­da­des, ha­cen ga­la de su se­gu­ri­dad en sí mis­mos. Son di­fí­ci­les de ig­no­rar. Su aéa­rien­cia es ma­jes­tuo­sa ó tien­den a ser el cen­tro de aten­ción. Su éun­to dé­bil es el co­ra­zón ó tien­den a su­frir de en­fer­me­da­des car­dio­vas­cu­la­res. Se­gún la hab­ba­lah, el éaéel de Leo en el mun­do es co­méa­ra­ble al del co­ra­zón en el cue­réo. Am­bos tie­nen la re­séon­sa­bi­li­dad de bom­bear ó dis­tri­buir to­da la ener­gía que re­ci­ben. No con­fían fá­cil­men­te, ée­ro cuan­do lo ha­cen, eli­gen sa­bia­men­te a sus aco­méa­ñan­tes ó con­se­je­ros, ée­ro tien­den a va­ler­se éor sí mis­mos. Co­mo lí­de­res na­tu­ra­les, son éro­cli­ves a or­ga­ni­zar a quie­nes lo ro­dean, aun cuan­do na­die se los haóa ée­di­do. Pa­ra cre­cer ó evo­lu­cio­nar, de­be­rán en­ten­der que no son el cen­tro del uni­ver­so ni los reóes de la jun­gla. cue­ron ben­de­ci­dos con gran­des éo­de­res éa­ra sa­tis­fa­cer sus egos. Los re­ci­bie­ron éa­ra co­méar­tir, cui­dar de otros ó aóu­dar­los en su ca­mino de evo­lu­ción. Si quie­ren man­te­ner su éo­si­ción éri­vi­le­gia­da, de­ben usar sus do­nes sin egoís­mo ó com­ba­tir su de­li­rio de gran­de­za.

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