A los Me­lli­zos le hi­cie­ron el cuen­to del Tío…

Juan Ca­tal­di, el sobrino de los Me­lli­zos Ba­rros Sche­lot­to, de­bu­tó en el Bos­que jus­to en el par­ti­do en el que el Lobo fue el ver­du­go de Bo­ca con sus tíos en el ban­co. ¿Qué se di­je­ron cuan­do se en­con­tra­ron en la ce­na fa­mi­liar?

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El ape­lli­do Ba­rros Sche­lot­to es una sín­te­sis per­fec­ta de lo que sig­ni­fi­ca Gim­na­sia. Hu­go, otro­ra pre­si­den­te del club. Gui­ller­mo y Gus­ta­vo, ído­los con to­dos las le­tras por lo que hi­cie­ron aden­tro de la can­cha. Sin em­bar­go, la di­nas­tía de la fa­mi­lia no se que­da con ellos, sino que tien­de des­cen­den­cia di­rec­ta con Bautista, hi­jo de Pa­blo ( al­gu­na vez fue ar­que­ro del club) y tam­bién con Juan Ca­tal­di, hi­jo de Ca­ro­li­na.

A di­fe­ren­cia de Bautista, quien con edad de Quin­ta di­vi­sión, ya jue­ga en Re­ser­va con mu­cha asi­dui­dad, Juan co­no­ció las mie­les del de­but en Pri­me­ra en Co­pa Ar­gen­ti­na y fue­ra de nues­tra ciu­dad, por eso lo que pa­so el sá­ba­do fue es­pe­cial, por­que lo hi­zo por pri­me­ra vez en 60 y 118 y na­da más y na­da me­nos que fren­te a Bo­ca, que tie­ne a sus tíos los Me­lli­zos co­mo en­tre­na­do­res.

“Los ha­bía vis­to an­tes en un even­to fa­mi­liar pe­ro no ha­bla­mos de fút­bol. No es­ta­ba pre­sio­na­do por ju­gar con­tra ellos, to­do lo con­tra­rio. De he­cho en el tú­nel me los cru­cé y Gus­ta­vo me hi­zo una se­ña de que me iba a ma­tar, ri­sas. Y Gui­ller­mo me gui­ño un ojo. Te­ner­los de ri­va­les fue ra­ro pe­ro pu­de dis­fru­tar mi pri­mer par­ti­do en el Bos­que. La fa­mi­lia es­tu­vo un po­co di­vi­di­da (ri­sas), pe­ro fue una tar­de emo­ti­va pa­ra to­dos”, sos­tu­vo el ju­ve­nil.

Con res­pec­to al pe­so que sig­ni­fi­ca ser pa­rien­te de ape­lli­dos ilus­tres pa­ra el Lobo, Ca­tal­di se mos­tró fir­me y se­gu­ro del ca­mino que le to­có re­co­rrer: “Hi­ce lo que ha­cen to­dos los chi­cos, no tu­ve pri­vi­le­gios y na­die me re­ga­ló na­da, al con­tra­rio tu­ve eta­pas en las que no ju­ga­ba y a ve­ces te­nés que de­mos­trar el do­ble por­que es­tás en un plan­tel”, com­ple­tó.

Chi­ca­nas, en­cuen­tros y ri­sas

La vo­rá­gi­ne del mun­do Bo­ca no le per­mi­tió al elen­co Xe­nei­ze pro­ce­sar de­ma­sia­do la de­rro­ta an­te Gim­na­sia, ya que rá­pi­da­men­te pu­so el fo­co en el choque de vuel­ta an­te el Pal­mei­ras por la Co­pa Li­ber­ta­do­res.

Sin em­bar­go, hu­bo tiem­po pa­ra un bre­ve pe­ro in­ten­so pe­ro di­ver­ti­do cru­ce en­tre tíos y sobrino. En las afue­ras de la ciu­dad y en el lu­gar ha­bi­tual don­de la fa­mi­lia Barrros Sche­lot­to se en­cuen­tra, hu­bo fe­li­ci­ta­cio­nes, sa­lu­dos y tam­bién al­gu­na “car­ga­da” que fue res­pon­di­da por los Me­lli­zos co­mo lo han he­cho a lo lar­go de to­da su ca­rre­ra de­por­ti­va: pi­can­te y agu­da, pe­ro a su vez di­ver­ti­da por­que ge­ne­ró las ri­sas de to­dos. Es que más allá de las ri­va­li­da­des y los co­lo­res que aho­ra de­fien­den ca­da uno, pa­ra los Ba­rros Sche­lot­to…¡lo pri­me­ro es la fa­mi­lia!

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