Era mon­ja y aca­bó sien­do ac­triz porno

Ocu­rrió en Co­lom­bia don­de Yudy Pi­ne­da, tras es­tar ocho años en un con­ven­to, de­ci­dió ha­cer un cam­bio ro­tun­do en su vi­da

Hoy en la noticia - - INTERÉS GENERAL -

Des­pués de pa­sar ocho años en un con­ven­to, Yudy Pi­ne­da de­ci­dió ha­cer un ro­tun­do cam­bio en su vi­da. Pri­me­ro de­jó los há­bi­tos por amor y, con el tiem­po, tu­vo que bus­car una for­ma de ga­nar­se la vi­da. In­ter­net le dio la res­pues­ta: aho­ra tra­ba­ja co­mo ac­triz eró­ti­ca fren­te a una web­cam.

Pi­ne­da na­ció en Ituan­go, An­tio­quia y se crió en la zo­na de Ura­bá. Allí co­men­zó a es­tu­diar en un co­le­gio al que fre­cuen­te­men­te vi­si­ta­ban las mon­jas.

Al ser muy ca­tó­li­ca, el ofi­cio le lla­mó mu­chí­si­mo la aten­ción por lo que se unió a un con­ven­to a los 10 años. Du­ran­te los años que fue mon­ja es­tu­vo muy fe­liz de­di­cán­do­se a ello, cuen­ta.

Sin em­bar­go, la de­ci­sión de

La hi­po­pó­to­ma que vi­vía re­clui­da en el an­ti­guo zoo­ló­gi­co de Vi­lla Do­lo­res, ubi­ca­do en Mon­te­vi­deo y que se en­cuen­tra ce­rra­do des­de ha­ce cua­tro años, mu­rió es­te mar­tes a los 44 años de­bi­do a su avan­za­da edad, in­for­mó la In­ten­den­cia de Mon­te­vi­deo.

El ani­mal, que se lla­ma­ba Clo­rin­da, aban­do­nar los há­bi­tos lle­gó por amor a un pro­fe­sor que les da­ba ca­te­que­sis a los ni­ños que iban a to­mar la pri­me­ra co­mu­nión.

En­ton­ces, a los 18, se fue a vi­vir a Me­de­llín y allí co­no­ció a un hom­bre que creó una “uni­ver­si­dad” pa­ra pre­pa­rar mo­de­los pa­ra web­cams. Fue con­tra­ta­da y aho­ra se de­di­ca a des­nu­dar­se y a ha­cer sen­sua­les es­ce­nas fren­te a las cá­ma­ras.

“Pri­me­ro me sen­tía mal, pe­ro la ver­dad, ya no. Me sien­to sú­per bien, sien­to mu­cha paz, mu­cha tran­qui­li­dad cuan­do es­toy allá. Tra­to de en­trar lo más de­cen­te que pue­da y no fal­to los vier­nes al gru­po de ora­ción, los sá­ba­dos de vi­gi­lia y los do­min­gos a la mi­sa”, con­tó Pi­ne­da, quien ga­na más de 2.500 dó­la­res tra­ba­jan­do unas 40 ho­ras ca­da 15 días. su­fría, ade­más, de una der­ma­ti­tis gra­ve de ori­gen bac­te­riano que pu­do in­fluir en el de­te­rio­ro de su es­ta­do de sa­lud.

Se­gún fuen­tes ve­te­ri­na­rias, las cau­sas de es­ta in­fec­ción pu­die­ron ser múl­ti­ples, vin­cu­la­das a un me­nor es­ta­do in­mu­ni­ta­rio, y pa­ra in­ten­tar re­cu­pe­rar su sa­lud se le apli­có un tra­ta­mien­to es­pe­cí­fi­co du­ran­te los úl­ti­mos me­ses.La ex­pec­ta­ti­va de vi­da pa­ra es­ta es­pe­cie se en­mar­ca en­tre los 40 y los 50 años.

El zoo­ló­gi­co de Vi­lla Do­lo­res ce­rró sus puer­tas en el año 2014 y des­de en­ton­ces va­rios de los ani­ma­les con­ti­nua­ron vi­vien­do en las ins­ta­la­cio­nes, co­mo es el ca­so de un ti­gre o de la pro­pia Clo­rin­da.

Yudy Pi­ne­da

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