Cómo sem­brar y cul­ti­var al­baha­ca en macetas

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La al­baha­ca cre­ce fá­cil­men­te y trans­for­ma comidas or­di­na­rios en te­so­ros cu­li­na­rios. Si es fres­ca no so­la­men­te es más de­li­cio­sa que la se­ca, sino que en reali­dad tie­ne otro sa­bor, ca­si co­mo si no fue­ra la mis­ma hier­ba. Además es una plan­ta fá­cil de obtener si no con­tás con jar­dín, pu­dien­do sem­brar­la en pe­que­ñas macetas y en es­pa­cios re­du­ci­dos.

Elec­ción de las se­mi­llas

1- Es­co­gé el ti­po de al­baha­ca que deseás cul­ti­var. La al­baha­ca tie­ne di­fe­ren­tes va­rie­da­des, ca­da cual con sa­bor y aro­ma úni­cos. Pre­gun­tá acer­ca de los di­fe­ren­tes ti­pos de al­baha­ca y es­co­gé uno (o va­rios) que te atrai­ga, lue­go or­de­ná las se­mi­llas o cóm­pra­las en una tien­da de jar­di­ne­ría. Aquí te­nés al­gu­nas ideas: La al­baha­ca de ca­ne­la real­men­te huele co­mo una es­pe­cia dul­ce y usual­men­te tam­bién tie­ne flores her­mo­sas y aro­má­ti­cas. La al­baha­ca li­món de he­cho con­tie­ne ci­tral, un com­po­nen­te aro­má­ti­co que se en­cuen­tra en fru­tas cí­tri­cas y que huele mu­cho a li­món. La al­baha­ca mo­ra­da o púr­pu­ra por lo ge­ne­ral se cul­ti­va co­mo de­co­ra­ción, así co­mo tam­bién por su esen­cia y sus flores. Exis­ten al­baha­cas pe­ren­nes que vuel­ven año tras año, co­mo la al­baha­ca azul afri­ca­na (que tie­ne fi­bras azu­les her­mo­sas en sus ho­jas) y la al­baha­ca tai­lan­de­sa, mien­tras la ma­yo­ría de va­rie­da­des son anua­les, por lo que las ten­drás que plan­tar año tras año.

La al­baha­ca glo­bo y la al­baha­ca grie­ga son mu­chos más di­fí­ci­les de cul­ti­var, pe­ro for­man her­mo­sos pe­que­ños ar­bus­tos que se man­tie­nen bas­tan­te tu­pi­dos.

Plan­tá las se­mi­llas ba­jo techo de cua­tro a seis se­ma­nas an­tes del úl­ti­mo frío fuer­te (fi­nes de agos­to)

La al­baha­ca ne­ce­si­ta ai­re cá­li­do y sol para estar bien, así que por lo ge­ne­ral es más fá­cil plan­tar las se­mi­llas ba­jo techo en lu­gar de arries­gar­se a que se da­ñen por las he­la­das. Si vi­vís en un clima cá­li­do, po­dés plan­tar tus se­mi­llas al ai­re li­bre.

Para des­ci­frar cuándo será la úl­ti­ma he­la­da, con­sul­tá un al­ma­na­que del clima ar­gen­tino o ha­blá con gen­te del vi­ve­ro más cer­cano.

Pre­pa­rá las macetas para las se­mi­llas

2- Re­lle­ná el sue­lo o macetas in­di­vi­dua­les de se­mi­llas con una mez­cla a par­tes igua­les de can­to ro­da­do, pie­dri­tas y tur­ba. Pre­sio­ná la mez­cla li­ge­ra­men­te para eli­mi­nar bol­sas de ai­re. Hu­me­de­cé la mez­cla con agua para que es­té lista para pro­veer el am­bien­te co­rrec­to para que las se­mi­llas de al­baha­ca ger­mi­nen.

Siem­bra

3- De­já caer una o dos se­mi­llas en ca­da con­te­ne­dor. Cu­bri­las li­ge­ra­men­te con tie­rra. Cu­brí los con­te­ne­do­res con pa­pel plás­ti­co trans­pa­ren­te de co­ci­na, para que se man­ten­gan hú­me­dos. De­já los con­te­ne­do­res en una ven­ta­ja so­lea­da. Dos ve­ces al día, qui­tá el

pa­pel plás­ti­co y ro­ciá las macetas con más agua.

Qui­tá el pa­pel plás­ti­co cuan­do los bro­tes emer­gen. Cuan­do veas el pri­mer re­to­ño em­pu­jan­do a tra­vés de la tie­rra, es tiem­po de qui­tar el pa­pel plás­ti­co. Con­ti­nuá re­gan­do los bro­tes dos ve­ces al día, sin de­jar que la tie­rra se se­que. Cuan­do las plan­tas ten­gan unos cen­tí­me­tros de al­to y sus ho­jas ma­du­ren, es tiem­po de tras­plan­tar­las a una ma­ce­ta más gran­de.

Cui­da­do de la al­baha­ca

4- Tras­plan­tá las plan­tas de al­baha­ca. Cuan­do se han for­ma­do dos jue­gos de ho­jas, la al­baha­ca pue­de ser plan­ta­da en el jar­dín o en una ma­ce­ta más gran­de. La al­baha­ca no to­le­ra las he­la­das así que no la plan­tes de­ma­sia­do tem­prano. Es me­jor po­ner la al­baha­ca en un lu­gar en el que ten­drá una bue­na can­ti­dad de luz so­lar y ten­drá tie­rra bien dre­na­da.

Para plan­tar la al­baha­ca en el jar­dín, ca­vá agu­je­ros es­pa­cia­dos a unos 15 cen­tí­me­tros en­tre sí. Co­lo­cá las raí­ces en los agu­je­ros y po­né tie­rra al­re­de­dor de los ta­llos. Dale unas pal­ma­di­tas a la tie­rra al­re­de­dor de las plan­tas para eli­mi­nar las bol­sas de ai­re.

Si que­rés plan­tar la al­baha­ca en un con­te­ne­dor, ase­gu­ra­te que es lo su­fi­cien­te­men­te gran­de para aco­mo­dar el nú­me­ro de plan­tas que es­tás cul­ti­van­do. Ne­ce­si­tan estar plan­ta­das a 15 cen­tí­me­tros de dis­tan­cia en­tre sí, ya que cre­cen bas­tan­te gran­des.

Man­te­né la tie­rra hú­me­da pe­ro no em­pa­pa­da.

5, 6- La al­baha­ca cre­ce me­jor en una tie­rra bien dre­na­da y no de­be estar so­me­ti­da a agua es­tan­ca­da. Re­gá las plan­tas ma­du­ras de al­baha­ca una vez al día, por la ma­ña­na, para que el agua ten­ga tiem­po de mo­jar y eva­po­rar­se en lu­gar de es­tan­car­se en las plan­tas du­ran­te to­da la no­che.

Qui­tá las ca­be­zas de las flores.

7, 8- Cuan­do veas bo­to­nes flo­ra­les, qui­ta­los y tam­bién los dos pa­res de ho­jas de­ba­jo de ellos. Las flores flo­re­cien­tes crean un cam­bio hor­mo­nal que re­du­ce dra­má­ti­ca­men­te el sa­bor de las ho­jas, además de re­du­cir la can­ti­dad de fo­lla­je que cre­ce. Es­to se lla­ma “ator­ni­lla­do” y es más pro­ba­ble que su­ce­da cuan­do hay mu­cha luz so­lar. Te da­rás cuen­ta que si de­jás la ho­ja con las flores, la plan­ta se vol­ve­rá lar­gui­ru­cha y las ho­jas no es­ta­rán tan lle­nas o sa­bro­sas. Pres­tá aten­ción a las pla­gas y el moho. Las plan­tas de al­baha­ca son atrac­ti­vos para los pul­go­nes flo­ra­les (9). La me­jor for­ma de con­tro­lar es­tas pla­gas es qui­tar­los de la plan­ta con la mano. Si tus plan­tas mues­tran sig­nos de crecimient­o de moho, qui­zás no es­tán te­nien­do la luz so­lar ade­cua­da o es­tán muy cer­ca una de la otra. Eli­mi­ná las plan­tas más pe­que­ñas para dar­le más es­pa­cios a las más gran­des.

Co­se­chá y po­dá la al­baha­ca

Mien­tras la plan­ta ma­du­ra, qui­tá el par de ho­jas de arri­ba una vez que un ta­llo al­can­za un ta­ma­ño razonable. Si mi­rás de cer­ca, en la ba­se de ca­da ho­ja hay dos pe­que­ñas ho­jas que cre­ce­rán ha­cia el ex­te­rior si el ta­llo que es­tá cre­cien­do en­tre ellas es cor­ta­do. Cor­tá cer­ca de esas pe­que­ñas ho­jas pe­ro ase­gu­ra­te de no da­ñar­las. Qui­tar és­to es­ti­mu­la que la ener­gía de la plan­ta sea di­rec­cio­na­da ha­cia los ta­llos y las ho­jas más fuertes. Es­to ayuda a que la plan­ta crez­ca tu­pi­da.

No qui­tes las ho­jas de la par­te más ba­ja del ta­llo o las plan­tas de al­baha­ca cre­ce­rán al­tas y aflau­ta­da. Que­rés que se pon­gan tu­pi­das, así que qui­tá las ho­jas de la par­te su­pe­rior.

Dis­fru­tá la al­baha­ca fres­ca. Lim­piá las ho­jas y usá la al­baha­ca para ha­cer pes­to o una en­sa­la­da ca­pre­se con to­ma­tes y que­so moz­za­re­lla fres­co.

Guar­dá la al­baha­ca en la he­la­de­ra. Pro­ba­ble­men­te ten­drás más al­baha­ca de la que pue­das co­mer fres­ca, así que pla­neá guar­dar un po­co en el re­fri­ge­ra­dor. La­vá las ho­jas, se­ca­las bien y guar­da­las en toa­llas de pa­pel. Co­lo­ca­las en un re­ci­pien­te de al­ma­ce­na­mien­to de ali­men­tos con una ta­pa her­mé­ti­ca.

Con­ge­lá la al­baha­ca. Con­ge­lar las ho­jas com­ple­tas no fun­cio­na de­ma­sia­do, pe­ro si las ha­cés pu­ré an­tes po­dés con­ge­lar­las por me­ses. Po­né la al­baha­ca en una li­cua­do­ra con un po­co de agua. Ha­cé un pu­ré has­ta

que se sua­vi­cen y lue­go co­lo­ca­la en un re­ci­pien­te de al­ma­ce­na­mien­to y con­ge­la­la has­ta que la ne­ce­si­tés.

Con­se­jos

Si los bro­tes apa­re­cen al­tos y del­ga­dos, pro­ba­ble­men­te no es­tán re­ci­bien­do suficiente luz.

La al­baha­ca pue­de cre­cer de la se­mi­lla di­rec­ta­men­te en el jar­dín. ya que no te­nés mu­cha ven­ta­ja ini­cial de es­ta ma­ne­ra, de­be­rías ele­gir una va­rie­dad de crecimient­o rá­pi­do, co­mo la al­baha­ca li­món (la más co­mún). Por otro la­do, to­das las va­rie­da­des de al­baha­ca cre­cen lo su­fi­cien­te­men­te rá­pi­do para ser pro­duc­ti­vas, só­lo que no ten­drán la ven­ta­ja ini­cial.

Cuan­do plan­tes di­rec­ta­men­te en el jar­dín, ase­gu­ra­te de man­te­ner hú­me­da la su­per­fi­cie de tie­rra. Las re­glas nor­ma­les con­tra el so­bre­rrie­go di­cen que de­jes que la tie­rra de la su­per­fi­cie se se­que pe­ro que cui­des la pro­fun­di­dad de la se­que­dad. Las se­mi­llas y los bro­tes que no tie­nen raí­ces pro­fun­das pue­den su­frir in­clu­so por unas po­cas ho­ras de tie­rra se­ca. Cuan­do la in­ter­ca­lás con otras plan­tas, se di­ce que la al­baha­ca me­jo­ra el sa­bor de to­ma­tes y pi­mien­tas, así co­mo tam­bién que re­pe­le gu­sa­nos del ta­ba­co y áfi­dos.

Ad­ver­ten­cias

Cuan­do rie­gues, evi­ta em­pa­par las ho­jas, a me­nos que es­tés ha­cien­do fer­ti­li­za­ción fo­liar, ya que las ho­jas pue­den man­char­se. Cuan­do mue­vas las plan­tas des­de aden­tro ha­cia el jar­dín, ase­gú­ra­te de ex­po­ner gradualmen­te la al­baha­ca a las con­di­cio­nes al ai­re li­bre, para evi­tar un so­bre­sal­to al tras­plan­tar.

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