EL FU­TU­RO

La Nacion - La Nación revista - - ENTREVISTA L A -

Lo en­tre­né seis me­ses, yo no sa­bía de quién se tra­ta­ba. Era un ob­se­si­vo del cuer­po, no ha­blá­ba­mos de na­da más que del en­tre­na­mien­to. En di­ciem­bre le con­té que me iba a Uru­guay y me di­jo que cuan­do vol­vie­ra se­guía­mos, que lo ano­ta­ra tres ve­ces por se­ma­na. Muy res­pe­tuo­so y muy cui­da­do­so de su cuer­po.

Ⓡ Ⓟ ¿ Por qué te ha­bía lla­ma­do? Ⓡ

Me sa­có de una no­ta de In­fo­bae, don­de yo ha­bía ha­bla­do del do­lor de cin­tu­ra. Me man­dó un mail di­cien­do que que­ría re­unir­se con­mi­go. Des­pués de 25 días me di­jo “es la pri­me­ra no­che que duer­mo”. Cuan­do me en­te­ré que ha­bía muer­to es­ta­ba en Pun­ta del Es­te y no po­día creer­lo. Fue muy fuer­te eso en mi vi­da.

Ⓟ Y a vos, que sos un gran mo­ti­va­dor, ¿ qué te mo­ti­va?

Mi tra­ba­jo y es­cri­bir, leer. Leo mu­cho so­bre nu­tri­ción, el ce­re­bro. Leo tam­bién Ne­ru­da pe­ro me cues­ta, pre­fie­ro leer so­bre lo mío.

Ⓟ Las empresas te con­tra­tan pa­ra ha­cer Boot Camp cor­po­ra­ti­vo. ¿ Qué les gus­ta del en­tre­na­mien­to mi­li­tar?

Sue­lo ha­cer­lo pa­ra di­rec­ti­vos, y doy char­las de mo­ti­va­ción y en­tre­na­mien­to mi­li­tar. Así les sa­cás lo me­jor que tie­nen, te di­cen que pue­den ha­cer 10 re­pe­ti­cio­nes de un ejer­ci­cio y yo les sa­co 15, les de­mues­tro que su cuer­po es­tá di­se­ña­do pa­ra más.

Ⓟ ¿ En­tre­nás a pa­re­jas? Ⓡ

No, pa­ra evi­tar el te­lé­fono des­com­pues­to. Só­lo si es­tán en la mis­ma cla­se, no por se­pa­ra­do.

Ⓟ ¿ Cuá­les son las re­glas de un buen en­tre­na­dor?

Dis­cre­ción, no ha­blar, ser im­pe­ca­ble, pro­fe­sio­nal, ag­gior­nar­se per­ma­nen­te­men­te, no ha­cer per­der el tiem­po al clien­te, no men­tir, res­pe­tar­lo y lo­grar que te ten­gan con­fian­za, por­que en de­fi­ni­ti­va sos un des­co­no­ci­do que se me­tió en su ca­sa.

Ⓟ ¿ En qué mo­men­to te dis­te cuen­ta de que no se tra­ta­ba só­lo de en­tre­nar múscu­los? Ⓡ

Por­que me di­ver­tía con lo que ha­cía, po­nía lin­da mú­si­ca, bai­la­ba. Era un lo­co que la pa­sa­ba bien. Ha­ce años en­treno a Las Tan­go­nas, mu­je­res de 70 años pa­ra aba­jo. Vie­nen sus hi­jas y sus nie­tas, ten­go tres ge­ne­ra­cio­nes. Vie­nen a ba­jar el cor­ti­sol y ge­ne­rar en­dor­fi­nas. Mi ob­je­ti­vo es la sa­lud, no tra­ba­jo so­bre la en­fer­me­dad.

Ⓟ ¿ Por qué?

Ⓟ ¿ El es­ta­do na­tu­ral del cuer­po es el bie­nes­tar? Ⓡ

Tra­ba­jo so­bre la pre­ven­ción. Es mu­cho más fá­cil lo­grar una bue­na co­la y bra­zos si uno es­tá en equi­li­brio.

Sí, es lo que te pi­de a gri­tos to­do el mun­do. ¿ Creés que a la gen­te le gus­ta ser gor­da? No, pe­ro no tie­ne vo­lun­tad. Lo que su­fre esa gen­te, pa­ra ca­mi­nar, pa­ra dor­mir. Pe­ro no le en­cuen­tran la vuel­ta y se dan por ven­ci­dos.

Ⓟ ¿ Có­mo co­men los ar­gen­ti­nos? Ⓡ

Hay que vol­ver a co­mer lo que ha­cían nues­tras abue­las, es­tá mal la ali­men­ta­ción de hoy en día. To­do lo que ven­ga en có­di­go de ba­rras y em­pa­que­ta­do no sir­ve. Te­ne­mos que vol­ver a la co­mi­da na­tu­ral, a la me­di­te­rrá­nea, Pla­nea es­cri­bir otro li­bro y co­mo mo­ti­va­dor y co­mu­ni­ca­dor de las es­ta­cio­nes sa­lu­da­bles por­te­ñas, apo­ya­rá la crea­ción de un Eco­sis­te­ma Sa­lu­da­ble en la Ciu­dad, que es­te año se ad­hie­re a la ini­cia­ti­va in­ter­na­cio­nal Glo­bal Ac­ti­ve Ci­ties

El en­tre­na­mien­to ba­rre con el co­les­te­rol, la dia­be­tes, los tri­gli­cé­ri­dos, más la me­di­ca­ción in­di­ca­da por el mé­di­co. Hay gen­te que no quie­re ha­cer­se los aná­li­sis por­que tie­ne mie­do, y no hay na­da peor que la ig­no­ran­cia. To­do lo que pue­das sa­ber lo po­dés ata­car.

Ⓡ Ⓟ ¿ Cuá­les son los be­ne­fi­cios de los fie­rros?

Te mo­di­fi­ca la es­truc­tu­ra, te ha­ce adel­ga­zar por­que el sis­te­ma me­ta­bó­li­co se man­tie­ne mu­cho más ac­ti­vo por más ho­ras, que­ma azú­ca­res y lo­grás to­ni­fi­ca­ción mus­cu­lar.

Ⓟ ¿ Qué opi­nás de la mo­vi­da run­ner?

Me pa­re­ce ma­ra­vi­llo­so to­do lo que sea mo­vi­mien­to, to­do lo que sea co­nec­tar­se con la na­tu­ra­le­za, to­do lo que sea deportes, con los con­tro­les mé­di­cos y con tra­ba­jos de mus­cu­la­ción.

Ⓟ ¿ Lle­gar en for­ma al ve­rano o man­te­ner­se to­do el año?

Es muy pe­li­gro­so tra­tar de lle­gar al ve­rano, po­dés des­ga­rrar­te, in­far­tar­te. En­tre­nar es co­mo dor­mir, co­mer, ir al ci­ne, ha­cer el amor. Es un es­ti­lo de vi­da. Co­mo se­res hu­ma­nos te­ne­mos la ca­pa­ci­dad de crear la vi­da que de­sea­mos, na­ce­mos con una men­te, un cuer­po y una vi­da. Lo que ha­ga­mos con las dos pri­me­ras de­ter­mi­na la tercera.

El ve­rano es su tem­po­ra­da al­ta, que trans­cu­rre en Pun­ta del Es­te, don­de con­gre­ga a ca­si 80 per­so­nas por cla­se. Sus días son tan in­ten­sos y tan po­cos los mo­men­tos de des­can­so, que sus hob­bies son ju­gar al golf, to­mar sol, an­dar en bi­ci y leer. Tan­to le in­tere­sa la lec­tu­ra que en una en­tre­vis­ta con un alumno, lo pri­me­ro que vio en su bi­blio­te­ca fue­ron va­rios li­bros de poe­sía de Vi­ni­cius. Co­mo buen aman­te de la mú­si­ca ca­rio­ca, aun­que te­nía po­cos tur­nos dis­po­ni­bles le di­jo a su alumno “arran­ca­mos el martes”.

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