2002

La Nacion - La Nación revista - - ENTREVISTA L A -

Ⓟ Bi­lar­do, en 1986, po­nía un dis­co en los en­tre­na­mien­tos: los ha­cía en­tre­nar el himno.

Ⓟ Sí. Él sos­tie­ne que “el himno te mo­di­fi­ca”.

¿ El himno? ¿ Eso te lo di­jo Bi­lar­do?

Pue­de ser, so­mos to­dos dis­tin­tos, reac­cio­na­mos dis­tin­to. A mí me mo­ti­va­ba mu­cho, pen­sa­ba to­das cosas po­si­ti­vas. Hay otros pibes que no ven la ho­ra de ju­gar, “bas­ta de es­to, va­mos a ju­gar”. Yo dis­fru­ta­ba mu­cho ese mo­men­to. No sé cuán­to du­ra, de­pen­de de la ver­sión, ¿ no? Pe­ro siem­pre se me pa­sa­ban cosas buenas por la ca­be­za. Pe­ro no lo ele­gís, es lo que te pa­sa. No sé có­mo se ma­ne­ja eso. Te in­va­de. Pen­sa­ba lo que me ha­bía cos­ta­do lle­gar ahí.

Ⓟ ¿ Imá­ge­nes?

Ⓟ No mi­rás el himno aho­ra.

Ⓟ ¿ Cal­cu­lás en­cen­der la te­le más tar­de? Ⓡ

De chi­co. Yo de chi­co. So­ñan­do. Creo que eso les de­be pa­sar a to­dos.

No, no lo mi­ro.

Sí. En Eu­ro­pa, so­bre to­do, los par­ti­dos em­pie­zan en ho­ra­rio. Si es y me­dia, y vein­ti­cin­co es­tán aco­mo­da­dos pa­ra can­tar el himno. Así que mi­ro la te­le y me­dia.

Ⓟ ¿ Por qué?

Ⓟ ¿ Y en la can­cha? Ⓡ

Ra­ra­men­te voy a una can­cha. Cuan­do tra­ba­jo pa­ra la te­le­vi­sión, sí, cla­ro. Ahí se com­pli­ca.

Ⓟ ¿ Qué ha­cés? Ⓡ

Pien­so qué es­ta­rá pa­san­do en mi ca­sa, pien­so en otras cosas. Pa­ra el ju­ga­dor es un mo­men­to muy lin­do, por­que ahí no pa­sa na­da: no errás na­da. Es mo­men­to de gloria. Des­pués em­pie­za el par­ti­do y po­dés errar.

Ⓟ ¿ Es el úni­co mo­men­to que un ju­ga­dor es­tá a sal­vo? Ⓡ Ⓟ Tu­vis­te psi­có­lo­go en el plan­tel de Bo­ca. ¿ En­fio­ren­ti­na? ¿ En­la­se­lec­ción? Ⓡ Ⓟ ¿ Te sir­vió te­ner psi­có­lo­go en un plan­tel? Ⓡ Ⓟ Qui­zás no era el ade­cua­do... Ⓡ Ⓟ ¿ Qué es lo peor del Mun­dial? Ⓡ Ⓟ ¿ Te que­dó esa es­pi­na? Ⓡ Ⓟ ¿ Por qué tar­das­te tan­to? Ⓡ Ⓟ ¿ Qué es más? Ⓡ Ⓟ Es­ta­mos en un li­ving, mi­ran­do un par­ti­do de la Se­lec­ción. Gol de Ar­gen­ti­na. Te mi­ro, ¿ qué veo?

Creo que sí. Y to­dos es­tán con vos.

En Fio­ren­ti­na, no. En In­ter, sí. En la Se­lec­ción, nun­ca.

No mu­cho. Yo ten­dría uno, pe­ro no me sir­vió [ ríe].

Pue­de ser. No lo veo mal. No sé si lo ten­dría: no lo veo mal. No le ha­ce mal al fút­bol, y pue­de ha­cer bien.

Vol­ver­te a tu ca­sa an­tes de la fi­nal. Yo no lle­gué nun­ca a una fi­nal.

Sí. Yo me pu­se con­ten­to con mi ca­rre­ra re­cién ha­ce dos años, y ha­ce quin­ce que me re­ti­ré.

No sé, ne­ce­si­ta­ría un psi­có­lo­go [ ríe]. Siem­pre pen­sé que po­dría ha­ber he­cho más.

Ha­cer más go­les, ju­gar más par­ti­dos en la Se­lec­ción. To­do más. Mu­cho más. Soy muy exi­gen­te, no es­tá bueno.

Na­da, no vas a ver na­da. No sal­to de la si­lla. Me pon­go con­ten­to, sí, pe­ro mi­ro el fút­bol des­de otro lu­gar. Nun­ca me rom­pí una mano con­tra una me­sa fes­te­jan­do un gol. No me Jue­ga su ter­cer y úl­ti­mo Mun­dial, en Co­rea- Ja­pón

No le doy mu­cha im­por­tan­cia por­que no cuen­tan la ver­dad. En mu­chos ca­sos son so­lo un nú­me­ro. En fút­bol, en automovilismo, en mu­chos de­por­tes. Schu­ma­cher ga­nó sie­te tí­tu­los del mun­do, pe­ro con una Fe­rra­ri que co­rría so­la. Fan­gio ga­nó cin­co con tres mar­cas di­fe­ren­tes. Au­tos a los que a un hi­jo mío no lo de­ja­ría ni su­bir: ni cas­co te­nía. Pa­ra mí tie­ne más va­lor eso, pe­ro en el ran­king es­tá

pri­me­ro Schu­ma­cher.

Ⓟ Con ese cri­te­rio, Mes­si no ga­nó “na­da”.

Exac­to. Y es men­ti­ro­so. Hay mu­chos ju­ga­do­res que no ga­nan el Ba­lón de Oro por­que su equi­po no ga­nó la Co­pa de Cam­peo­nes [ sic]. ¿ Qué cri­te­rio se usa ahí? En­ton­ces no es­tán pre­mian­do al ju­ga­dor. Es con­fu­so. Mi­ro los rán­kings, pe­ro no los creo.

Ⓟ El do­lor es la se­ñal inequí­vo­ca del cuer­po pa­ra que pa­re­mos. ¿ Por qué los ju­ga­do­res no pa­ran?

Ⓟ ¿ Qué es tan­to, cuál es el lí­mi­te?

Ⓟ ¿ Aun­que sea a cos­ta de tu cuer­po? Ⓡ

Ⓟ Sos in­mor­tal.

Tu ob­je­ti­vo. Es gen­te que tie­ne 20, 25 años.

Sos Tar­zán. Si me pre­gun­tás aho­ra, yo hu­bie­se ju­ga­do la mi­tad de los par­ti­dos que ju­gué, por­que los ha­bría ju­ga­do me­jor. La mi­tad de los par­ti­dos que ju­gué no los ju­gué bien, al­go me do­lía. Pe­ro es lo co­mún: a los ju­ga­do­res siem­pre les due­le al­go. Y los que ju­ga­mos en la Se­lec­ción, más: mien­tras tu equi­po es­tá de va­ca­cio­nes vos vas a ju­gar con la Se­lec­ción. No pa­rás nun­ca. To­dos los días te due­le al­go. No sé cuán­tos ju­ga­do­res han ju­ga­do al 100% de sus po­si­bi­li­da­des.

Ⓟ ¿ Es ra­ro que un ju­ga­dor en­tre a una can­cha sin do­lor?

Sí, es ra­ro que no le due­la na­da. De­pen­de tam­bién de en qué equi­po ju­gás: hay equi­pos don­de el le­sio­na­do es un ju­ga­dor fun­da­men­tal, nadie quie­re per­der. Y jue­ga. Y to­dos quie­ren ju­gar: no es­tá na­da bueno es­tar en una ca­mi­lla mi­ran­do el par­ti­do des­de afue­ra.

Ⓟ ¿ El des­can­so? Ⓡ

Es ca­si más im­por­tan­te que el tra­ba­jo. Es co­mo en tu tra­ba­jo: si sos bue­na pe­rio­dis­ta, te van a man­dar a vos a ha­cer las pre­gun­tas, no a otro. En el fút­bol es igual. Y hay spon­sors y un club que te pa­ga pa­ra ga­nar. To­do te em­pu­ja: me­jor ju­gás y más te exi­gen. Por eso no du­ran mu­cho los ju­ga­do­res. Po­cos du­ran diez, do­ce años. La ma­yo­ría jue­ga tres, cua­tro años y des­apa­re­ce.

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