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Viento a favor para leer un gran clásico

La Odisea, a tono con estos tiempos

- POR NICOLÁS ARTUSI

Durante casi tres mil años, para algunos lectores terminar la Odisea fue una aventura comparable con la del heroico Ulises: atravesar un océano plagado de peligros y numerosas incertezas hasta llegar a Ítaca, la página final. La publicació­n de una nueva edición de “la obra literaria más influyente de la historia”, según una encuesta de la BBC entre escritores y críticos de treinta y cinco países, nos hará alcanzar el destino: pensada para el público actual, incluye la versión traducida del filólogo inglés Samuel Butler (como decía Borges, “la más fiel de las versiones homéricas”) pero también las versiones reducidas de Dorothy Parker, Nick Cave, Augusto Monterroso y Javier Krahe y, mejor aún, La versión de Penélope, una novela de Margaret Atwood en la que la autora de El cuento de la criada desplaza el heroísmo del hombre que viaja a la mujer que espera sin desesperar.

“Los clásicos se leen en cada época según el viento del momento”, postula la colección Clásicos liberados de la editorial Blackie Books: “Y hoy nos preguntamo­s: ¿la Odisea es el relato de las mentiras, o las excusas, de Ulises, o es la historia del combate de Penélope, que defiende la hacienda de Ulises frente a los pretendien­tes que quieren ocupar su trono y su lecho?”. Si la lectura paternalis­ta convirtió a Ulises u Odisea, su nombre en griego, en sinónimo de “viaje de larga duración lleno de aventuras adversas y favorables”, las visiones modernas interpreta­n la Odisea en clave de heroísmo femenino (todavía adolescent­e, dediqué un año a su lectura con un grupo de estudio y aún conservo la edición de letra microscópi­ca tapizada de anotacione­s y manchones: abro el libro al azar y encuentro que mi yo joven escribió “la mujer es la tejedora del destino de los hombres”). Se dice que Butler fue el primero en advertir la feminidad de la Odisea porque la verdadera acción no transcurre en el mar sino en Ítaca, el lugar al que se anhela llegar, y Penélope, pero también Calipso, Circe, Nausícaa y Arete son mujeres tan fuertes que animaron al erudito inglés a elaborar una teoría original: que el autor de la aventura no fue Homero sino una mujer.

Este es el valor auténtico de un clásico: aun milenario y sacralizad­o, pero no fosilizado, cambia de piel y vuelve a nacer. Habla de esta época. Lo mejor que nos puede pasar es embarcarno­s en la lectura de la Odisea incluso con temor al naufragio y que, al decir del poeta, si vamos a emprender el viaje hacia Ítaca pedir que el camino sea largo: es señal de riqueza en el saber y la vida comprender ya qué significan las Ítacas.

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