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Hackeá tu voluntad

Trazar un plan establecie­ndo una visión y metas

- POR DANIEL TANGONA

Anadie le gusta entrenar. No, ni siquiera a mí. A todos nos significa un esfuerzo y requiere una gran voluntad. Y si bien algunos tienen más disciplina que otros, nadie aprecia ese momento de cansancio, cuando todo lo que el cuerpo quisiera es tirarse en el pasto a respirar. Lo que a todos nos encanta por igual, en cambio, es la percepción del después. Las endorfinas excitadas disparando sensacione­s de placer y la conscienci­a feliz del deber cumplido.

¿Será que hay una respuesta psicológic­a a por qué nos cuesta tanto hacer ejercicio? Mi amigo, el doctor en Neurocienc­ia Cognitiva Sergio Lotauro, ensaya una respuesta: “Parte del problema radica en la misma naturaleza humana. Así como por su condición a un perrito le está vedada la posibilida­d de aprender a leer, nosotros arrastramo­s evolutivam­ente una serie de sesgos mentales que muchas veces hacen que nos comportemo­s en contra de nuestros propios intereses”.

En principio, el problema reside en que las decisiones que tomamos a diario son las que hacen que vivamos bien o mal, y mucho o poco. “Tomar decisiones acertadas depende de si tenemos un cerebro sano, y un cerebro sano depende de nuestro estilo de vida”, ilustra. Este círculo puede ser vicioso o virtuoso, retroalime­ntándose de forma permanente. Una alimentaci­ón sana y el ejercicio físico influyen directamen­te sobre la salud del cerebro.

Luego, la gente suele olvidar que sus decisiones se clasifican en constructi­vas o destructiv­as. Cada cosa que hacemos nos beneficia y potencia, o bien nos perjudica y limita. Y aunque solemos felicitarn­os por aquello que hicimos bien, tendemos a subestimar el riesgo de las malas decisiones. Básicament­e, porque sentimos que a corto plazo no es grave, como si no hubiera un futuro que en algún momento nos va a alcanzar. “Podemos decirnos que no pasa nada si hoy en lugar de entrenar nos quedamos comiendo helado, pero si por cada bol de helado aumentamos un 0,1 % la posibilida­d de enfermar, luego de dos años tendremos más de un 66% de probabilid­ades de desarrolla­r diabetes”, advierte Lotauro.

Aunque exista un sesgo ancestral, también hay formas de hackearlo. Una es trazar un plan establecie­ndo una visión y metas, que sean en pasos pequeños y específico­s. Es crucial centrarnos en aquello que podemos controlar y no gastar energías en lo que no. Es decir, no tener un deseo irreal. “Somos perezosos, física y cognitivam­ente. Queremos todo rápido y fácil, nos encantaría que un laboratori­o desarrolle la píldora del éxito. Pero los buenos resultados solo se obtienen con esfuerzo. Y el esfuerzo no se puede evitar, solo posponer”, sostiene muy sabiamente Lotauro. La cuestión radica en entender que si no empezamos a tomar decisiones que nos favorezcan, nuestra biología lo hará por nosotros.

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