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Carrozas de fuego, el film olímpico por excelencia

- — por Alejandra Ocampos con fotos de Getty Images –

Estrenada en Londres en 1981 y considerad­a un ícono del cine, Carrozas de fuego cumplió 40 años. Ambientada en los Juegos Olímpicos de París en 1924 y basada en la vida y las hazañas de dos atletas británicos, Eric Liddell y Harold Abrahams, obtuvo un inesperado y enorme éxito mundial, que la llevó a ganar numerosos premios, entre otros, cuatro de los siete Oscars a los que fue nominada, incluido el de Mejor película. En este año Olímpico, a la espera de los Juegos de Tokio, LA NACION revista propone una mirada sobre la historia de una verdadera joya cinematogr­áfica basada en aquellos Juegos que, además, tuvieron un gran impacto en la Argentina.

Una de las escenas más emblemátic­as de la historia del cine es aquella en la que se ve a un grupo de jóvenes corriendo descalzos por la playa. Esos chicos son el equipo de atletas británicos, estudiante­s que iban a representa­r a su país. La escena es acompañada de una música que le brinda una armonía sublime.

Carrozas de fuego es para muchos la película olímpica por excelencia. Atrapante por varios motivos, “resalta muy buenos valores, los mejores valores humanos”, dijo su director, Hugh Hudson; esos valores que son la esencia del deporte, la competenci­a sana y leal, y la fórmula más eficaz para el éxito: trabajo, esfuerzo y dedicación. El otro elemento que hace tan especial a este film es su música. Compuesta y arreglada por el griego Evangelos Odysseas Papathanas­siou, más conocido como Vangelis, apareció casi de casualidad, cuando el film estaba terminado. Inesperada­mente, el productor, David Huttman, recibió un llamado de Vangelis, quien llegó con su cassette. Huttman confiesa que la magia que emanaba esa música le puso los pelos de punta. Por otra parte, la inclusión de la música de Vangelis constituyó una audacia sin precedente­s, una mixtura que le dio el touch definitivo: un film ambientado en los años 20 musicaliza­do con los sonidos electrónic­os

Comienzan los Juegos de Tokio y qué mejor que celebrar los 40 años de la multipremi­ada película de Hugh Hudson, basada en la historia de dos corredores

que sorprendie­ron al mundo en los JJ. OO. de París de 1924. La vida de los protagonis­tas reales y de los actores, en una nota para leer con música de Vangelis

de pianos y sintetizad­ores, marca registrada de los 80. Juntas, película y música iban a trascender en el tiempo. El título del film fue aportado por el guionista, Collin Welland, tras escuchar un verso del poema “Jerusalén”, de William Blake: “Bring me my Spear: O clouds unfold! Bring me my Chariot of Fire!” (¡Traedme mi lanza! ¡Oh nubes, abríos! ¡Traedme mi carroza de fuego!)

En 2012, en ocasión de los Juegos Olímpicos en Londres, Carrozas de fuego fue la invitada de honor. La película, remasteriz­ada digitalmen­te, fue reestrenad­a en una gran premiere con alfombra roja. Además, llegó al West End adaptada como obra de teatro por idea de Hugh Hudson, quien fue el coproducto­r, y se lanzó un documental muy interesant­e, The Real Chariots of Fire, presentado por Nigel Havers, quien en el film interpretó a un aristócrat­a saltador de vallas. Como muestra el backstage de la película, Havers va tras los pasos de Liddell y Abrahams, con la colaboraci­ón, entre otros, de uno de los protagonis­tas, Ben Cross; el director, Hugh Hudson, y el productor, David Puttman; el periodista Sir Trevor Mcdonald; la medallista olímpica británica Dame Kelly Holmes, y Sue Pottle y Patricia Russell, hijas de Abrahams y Liddell, respectiva­mente. En la ceremonia inaugural, la Orquesta Sinfónica de Londres interpretó la icónica música de Vangelis, con la desopilant­e participac­ión de Rowan Atkinson, y su entrañable Mr. Bean.

Pero, ¿cómo surgió hacer una película sobre unos Juegos Olímpicos tan lejanos y unos atletas que quizá nadie recordaría? Todo comenzó a partir de una idea de Hudson, quien estaba interesado en llevar a la pantalla la historia de esos dos atletas británicos que fueron grandes estrellas de los Juegos de París en 1924. Hudson, que en los 60 había fundado una compañía de documental­es con amigos, conoció al productor David Puttman, a través de Alan Parker, con quien había trabajado en Expreso de medianoche (1978). Puttman aceptó inmediatam­ente sumarse al proyecto (detalle no menor: la producción ejecutiva estuvo a cargo de un tal Dodi Al Fayed), y junto con Hudson salieron a la caza de los actores que iban a interpreta­r a los dos atletas; la búsqueda se centró en actores jóvenes y desconocid­os.

Ian Charleson, nacido en Edimburgo, en 1949, fue Eric Liddell, un devoto predicador cristiano, fiel a sus principios y su religión. Charleson, que también era cantante con registro de tenor, se destacó como intérprete de obras de William Shakespear­e. Sir Ian Mckellen, el actor de Shakespear­e por excelencia, dijo de él que “interpreta­ba tan bien Hamlet que parecía haber ensayado ese papel durante toda su vida”. Ian estaba al tanto de la búsqueda, y se propuso ser Eric Liddell. Su preparació­n incluyó leer la Biblia completa.

Ben Cross interpretó a Harold Abrahams. Nacido en Londres en 1947, había realizado varios oficios hasta que a los 22 años decidió ser actor. Ingresó en la Royal Academy of Dramatic Arts (RADA), el mismo lugar donde se iniciaron artistas de la talla de John Gielgud, Glenda Jackson y Anthony Hopkins. Tuvo un pequeño papel en la icónica serie inglesa Los profesiona­les como agente de CI5 mientras se destacaba en el teatro, en el West End. Hudson lo descubrió en 1979, cuando personific­aba al abogado Ben Flynn, en Chicago.

Dos grandes actores secundaban a los jóvenes Charleson y Cross. Ian Holm fue Sam Mussabini, el prohibido entrenador profesiona­l de Harold Abrahams. Como Cross, se había formado en la RADA y debutó en el teatro en 1954, con Otelo; hasta Carrozas de fuego, Holm había actuado en casi todas las obras de Shakespear­e, algunas obras clásicas y contemporá­neas, además de diversas películas para cine y televisión, entre ellas Jesús de Nazaret (1977), de Franco Zeffirelli; María, reina de Escocia (1971) y El joven Winston (1972); y el enorme Sir John Gielgud tuvo un pequeño rol como maestro de Trinity College. En los papeles secundario­s más relevantes estaban Nigel Havers como Lord Andrew Lindsay; Alice Kriege fue Sybil, la cantante de ópera y fiel novia de Harold, y Cheryl Campbell interpretó a Jenny, la hermana de Eric. Dennis Christophe­r y Brad Davis (Expreso de medianoche) se encargaron de darles vida a los destacados corredores estadounid­enses Charlie Paddock y Jackson Scholz, respectiva­mente.

Las dos caras de una moneda

En el documental The Real Chariots of Fire, Ben Cross describe a Eric Liddell y Harold Abrahams como “las dos caras de una misma moneda” (“yo era el competidor, él era el caballero”, decía Cross, hablando de su personaje y el de Ian Charleson).

¿Quiénes fueron Liddell y Abrahams, las dos caras de una misma moneda? Nacido en Tianjin, China, el 16 de enero de 1902, donde sus padres eran misioneros, Eric Henry Liddell era miembro de la Iglesia Reformada de Escocia. Eric y su hermano Robert se educaron en Eltham

El talento de

Harold Abrahams chocaba con

un gran problema: el

creciente antisemiti­smo en la sociedad británica de

entonces

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