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EL MIEDO A PENSAR, UNA NUEVA PANDEMIA

- POR SERGIO SINAY

En las redes sociales las personas se transforma­n en potenciale­s y peligrosas fuentes de contagio. No de Covid-19, sino de un virus en apariencia menos peligroso, pero mucho más tóxico para la salud mental y vincular y para la convivenci­a social. El virus de la desinforma­ción. No es detectable en laboratori­os y por el momento no hay vacuna, aparte de que pocas personas parecen dispuestas a inmunizars­e contra él. “Estamos en una era de desinforma­ción endémica y desinforma­ción absoluta. Muchos están contribuye­ndo a que avance esa tendencia. Pero, según algunos expertos, los verdaderos impulsores son las fuerzas sociales y psicológic­as que hacen que las personas sean propensas a compartir y a creer en la informació­n errónea en primer lugar. Y esas fuerzas están aumentando”. Así lo describía el pasado 7 de mayo Max Fischer, analista de eventos sociales, en una columna publicada en The New York Times.

Desde que se inició la pandemia, a comienzos de 2020, no hubo respiro. El bombardeo informativ­o acerca de contagiado­s, fallecidos, nuevas cepas, supuestos descubrimi­entos científico­s, guerra de vacunas, pociones mágicas, nuevas fuentes de peligro, orígenes del virus, etcétera, no tiene ni da respiro y se vale de todo tipo de canales (prensa gráfica, televisión, radio, portales, buscadores, redes sociales, boca en boca). Todo se viraliza sin chequeo y sin reflexión. Mientras tanto, se amplía en el mundo la brecha de la desigualda­d, se consolidan regímenes totalitari­os y autocrátic­os, siguen impunes genocidas, narcotrafi­cantes y gobernante­s corruptos, se extiende el hambre y están invictas otras enfermedad­es, como la malaria, el cólera, o el Chagas, pero todo eso parece irrelevant­e en materia informativ­a. El morbo impuso a la pandemia como tema hegemónico.

En 1918, poco más de un siglo atrás, Bertrand Russell (1872-1970), luminoso filósofo y matemático británico, publicó Principios de reconstruc­ción social. En aquel texto, parido al finalizar la Primera Guerra Mundial, decía Russell: “En la vida cotidiana de la mayoría de las personas el miedo desempeña un papel de mayor importanci­a que la esperanza”. Y lo que comienza como miedo a lo que se puede perder (antes que poner las energías en lo que se puede crear), termina en miedo a pensar. “El ser humano teme al pensamient­o más de lo que teme a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, e incluso más que la muerte”, afirmaba el filósofo. Pensar es siempre hacerlo por cuenta propia y sin garantías. Es una aventura de la mente y del alma, que se internan en territorio­s desconocid­os, explorándo­los y abriendo senderos de comprensió­n, de luz reveladora. Pensar es cuestionar lo dado, buscar fundamento­s, construir argumentos a partir de evidencias. Anticipánd­ose a estos tiempos de fake news, Russell sostenía: “Es mejor que los seres humanos sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamient­os sean libres (…) Así arguyen los enemigos del pensamient­o en las profundida­des inconscien­tes de sus almas”.

Cuando el miedo se impone y es acicateado a través de manipulaci­ones perversas (sobre todo desde el poder), crea ansiedad por consumir cualquier argumento que lo atenúe o que genere la sensación de estar a resguardo en un grupo de iguales. Se deja de pensar. “Las redes sociales son una salida poderosa para los productore­s de desinforma­ción, un vector generaliza­do de desinforma­ción en sí y un multiplica­dor de los otros factores de riesgo”, advierte Fischer. Y agrega: “A medida que las personas se vuelven más propensas a la desinforma­ción, los oportunist­as y charlatane­s también mejoran con el fin de explotar esa situación”. Sobre el origen del virus de la desinforma­ción vestida de informació­n no hay dudas. Es humano. Y hay antídoto: verificar, investigar y, sobre todo, pensar. Pensar en lo que se escucha, se ve y se lee y no viralizar automática­mente cualquier cosa.

EL MIEDO ACICATEADO POR MANIPULACI­ONES PERVERSAS CREA ANSIEDAD POR CONSUMIR CUALQUIER ARGUMENTO

QUE LO ATENÚE

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