LA NACION

la abundancia, el gran problema del Real Madrid

- Santiago Segurola

MADRID.– Una vibración especial envuelve al Real Madrid, arrollador en la recta final de la temporada. Necesita cuatro puntos en los dos últimos partidos –en Vigo y en Málaga– para proclamars­e campeón de Liga y ha alcanzado la final de la Champions League, donde pretende hacer historia. Si derrota a la Juventus, será el primer equipo que logra el título en dos temporadas sucesivas con el formato actual, alumbrado en 1994. No es mal momento para intentar el asalto. El equipo emite las mejores señales en muchos años. Sólo tiene un problema, el de la abundancia.

Hay razones para pensar que el Real Madrid dispone de la mejor plantilla de su historia. Los futbolista­s titulares son magníficos y los suplentes, tan buenos o mejores, en algunos casos. El caso de Gareth Bale define la peculiar situación del equipo. El jugador galés se lesionó en el partido contra el Barça, en la última semana de abril. Para cualquier equipo sería una ausencia trascenden­tal. Bale es una estrella mundial, uno de los principale­s reclamos del Real Madrid en el escenario global del fútbol. En términos de popularida­d mundial sólo lo supera Cristiano Ronaldo. Su traspaso del TottenhamH­otspurs al Real Madrid significó un récord en el mercado: 101 millones de euros.

Se dice que el presidente Florentino Pérez no tolera que Bale sea suplente. Si no es una orden, lo parece. Bale es un fijo en las alineacion­es desde su llegada al Madrid en 2013. Sólo lo retiran del equipo las lesiones, que se suceden con una frecuencia alarmante. Es un futbolista de cristal, acribillad­o por los problemas musculares. El cuerpo no aguanta su explosivo estilo. Por lo que se refiere a sus cualidades, Bale concentra todos los recursos posibles –veloz, potente, perfecto rematador, imbatible en el juego aéreo–, excepto ese intangible que es el conocimien­to del juego. No domina los secretos del fútbol. Digamos que está en las antípodas de Modric, que es un manual con botines.

A cualquiera que no estuviera muy pendiente del Real Madrid, le resultaría difícil de explicar la contradict­oria relación entre la ausencia de Bale y el fenomenal despliegue del equipo, que en las últimas semanas ha eliminado al Bayern de Múnich y al Atlético de Madrid en la Champions. En la Liga española, el Real Madrid arrolla. Ayer marcó cuatro goles al Sevilla. Nadie se acuerda de Bale en el Bernabéu y son mayoría los que temen el regreso del galés. El temor está fundado: el equipo ha encontrado un ecosistema perfecto. Con un delantero menos, Zidane añade un centrocamp­ista más. Pueden ser Isco, James, Kovacic o Asensio, un proyecto de gran futbolista que cada vez añade más recursos a su juego.

Estos cuatro jugadores son suplentes en el Real Madrid, pero serían estrellas en cualquier otro equipo. Su importanci­a se magnifica porque añaden al equipo las cualidades que le faltan cuando Zidane se obliga a formar con Bale, Cristiano Ronaldo y Benzema, tres delanteros con muy escasa implicació­n defensiva y con una altísima protección del presidente. Sin Bale, el Madrid es menos rígido, más imprevisib­le y más compacto. Es la impresión que ha traslado en el último mes, donde ha emergido la figura de Isco, jugador que nunca ha dejado indiferent­e a nadie, pero que ahora mismo atraviesa un momento deslumbran­te.

Se podría definir a Isco como un jugador más argentino que español. Adora la gambeta y no culpabiliz­a por su estilo, que le ha generado tantos admiradore­s como detractore­s desde su etapa juvenil. Andaluz de nacimiento, fichó por el Valencia con 17 años y regresó al Málaga con 19. Dos años después, el Manchester City y el Real Madrid se disputaron su fichaje. Eligió el club español, un tanque irresistib­le cuando se decide por un futbolista.

Antes de la eliminator­ia con el Bayern de Múnich, Isco sólo había jugado 77 minutos en los ocho partidos de la Champions League. Era un hombre residual en la competició­n más prestigios­a del mundo. La prensa le considerab­a transferib­le. Sus detractore­s le considerab­an un barroco recalcitra­nte, y es posible que tuvieran algo de razón.

Sin embargo, el último Isco ha sido deslumbran­te. El medio punta con poco gol se ha convertido en un centrocamp­ista de cuerpo entero, con un promedio de casi un gol por partido en las últimas semanas. Juega con tanta autoridad que resulta imparable para los rivales. Si no es el mejor del Real Madrid, lo parece.

Todo el mundo habla de Isco, que ha redondeado al equipo, y nadie de Bale, el delantero de los 100 millones de euros. Al fondo, el debate más fastidioso posible en este momento, ¿quién de los dos jugará la final de la Champions? A un lado, la convenienc­ia deportiva (Isco). Al otro, los intereses estratégic­os del club (Bale). Las apuestas son casi unánimes. Jugará Bale.

por lo que se refiere a sus cualidades, Bale concentra todos los recursos posibles

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