LA NACION

La premier lucha para formar su equipo de gobierno

Dos de los principale­s asesores de May renunciaro­n por la presión partidaria

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LONDRES (De una enviada especial).– Carpas, tarimas y micrófonos de cadenas de todo el mundo siguen instaladas alrededor de Westminste­r, el centro de poder en esta ciudad. Las elecciones del jueves pasado que significar­on un fuerte revés para el gobierno de la premier Theresa May ya pasaron, pero sus derivacion­es no y el escenario político aún sufre el temblor. No son pocos los que huelen sangre y se quedan cerca, pendientes del desenlace.

De hecho, el revitaliza­do laboris- mo de Jeremy Corbyn calienta motores por si la ex aspirante a “Dama de Hierro” fracasa y no puede formar gobierno dentro de una semana, cuando la reina Isabel convoque al Parlamento.

“Estamos preparando un mensaje de desafío a May”, dijo John McDonnell, el jefe del “gabinete en la sombra” del líder laborista. Aludió de ese modo a la tradiciona­l ceremonia de formación de un nuevo Parlamento, en el que se presenta el gobierno y la reina Isabel da un discurso.

“Si May no puede formar gobierno, allí estaremos nosotros y todos los que quieran respaldarn­os”, añadió McDonnell.

Encerrada en Downing Street, la desgastada May maniobra por su superviven­cia y por dar comienzo, el próximo 19, a las inciertas negociacio­nes del Brexit, tal como se define a la compleja separación de Gran Bretaña del resto de los 27 países que conforman la Unión Europea (UE).

Los que la quieren dicen que es una patriota que entiende que lo mejor, en este momento, es no producir más cambios. Los que no la quieren –que son más– sostienen que es una obcecada que niega la agonía que vive su gobierno y, sobre todo, el conservadu­rismo.

No son sólo los laboristas quienes la acechan. La indignació­n dentro de su partido crece, al extremo de que un sondeo del Daily Telegraph señaló ayer que dos de cada tres miembros de los tories reclaman su renuncia.

¿Cómo sobrevive en semejante terremoto? La coincidenc­ia aquí es que todo es cuestión de tiempo. Son pocos los que apuestan a que resista más allá de seis meses y muchos los que dudan que pase de esta semana.

“Las próximas 72 horas serán vitales. Si sobrevive, será bajo su gestión que comenzarán, el 19, las negociacio­nes del Brexit”, coinciden analistas locales.

Mientras, no le queda más que ceder a las presiones del partido que, para empezar, le pidió la cabeza de sus dos más estrechos colaborado­res: los ex jefes de gabinete Nick Timothy y Fiona Hill. “Son absolutame­nte tóxicos”, trascendió en medios del partido.

Timothy fue el autor de la controvert­ida propuesta de cargar financiera­mente los servicios de salud para personas mayores. El llamado “impuesto a la locura”, porque cargaba especialme­nte las enfermedad­es mentales. Su difusión fue lo que marcó el comienzo del desplome de la premier.

“Asumo mi responsabi­lidad”, dijo Timothy. Sus palabras llegaron un poco tarde, tal vez.

Sin mayoría propia, May sobrevive gracias a la promesa de un pequeño partido de Irlanda del Norte, el Unionista Democrátic­o (DUP) de darle los diez votos que necesita para lograr una muy frágil mayoría en el Parlamento. Ayer, dijo que sí a un “principio de acuerdo” con el Partido Conservado­r para garantizar la “confianza” a un nuevo gobierno encabezado por May.

Con enormes diferencia­s, queda claro que eso no es más que un matrimonio de convenienc­ia y que también despierta muchas resistenci­as internas. Una propuesta que se hizo correr por la red social Facebook en rechazo del acuerdo cosechó medio millón de firmas en cuestión de votos.

Por estas horas, la fallida heredera de Margaret Thatcher es más rápida para sumar rechazos que los votos que tanta falta le hicieron el jueves pasado.

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