LA NACION

Vínculo difícil: por qué los argentinos no confían en las empresas

El índice de confianza de los argentinos en el mundo de las corporacio­nes es menor al de otros países de la región; hay razones históricas que explican esa percepción, que supone a la vez riesgos y desafíos para las compañías

- Carlos Manzoni

La sociedad argentina muestra un marcado distanciam­iento del mundo de las empresas. Al menos, eso es lo que se percibe al ver los altos y generaliza­dos niveles de desconfian­za hacia la mayoría de los sectores económicos. Este es un rasgo que diferencia a nuestro país de Colombia, Brasil y México, y que tiene impacto directo en la regulación de cada uno de los sectores económicos.

Las conclusion­es surgen del estudio “Reputación corporativ­a y regulación en la región”, elaborado por la consultora Quiddity, que es parte del grupo Untold. Según se desprende del trabajo, al que accedió en exclusiva LA NACION, el índice promedio de confianza entre todos los sectores económicos medidos es de 41% para la Argentina; 52% para Brasil, 58% para México y 62% para Colombia. Entre los cuatro países, se consideró la opinión de 3663 personas, a las que se consultó en forma online.

Luis Costa, director de Quiddity, dice que “claramente” la Argentina es el mercado más crítico. “La diferencia que hay entre la sociedad argentina y la de los países vecinos es muy marcada y da para el análisis. No hay mucho registro del empresaria­do argentino intentando comunicars­e con la sociedad, ya que está el empresaria­do por un lado y el pueblo por el otro. Entonces hay mucho desacople entre lo que opina un grupo y otro”, afirma el especialis­ta.

¿Por qué esta lejanía entre empresas y ciudadanos? Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, ensaya una respuesta. “Desde la época del primer peronismo, hay una percepción muy negativa del empresaria­do. No hay que olvidar que en la marcha peronista se canta «combatiend­o al capital». Y lamentable­mente, creo que el populismo alimentó esa percepción, ya que no le cuesta nada armar un discurso en contra de los menos, que son los empresario­s”, opina.

Por un lado, el empresaria­do argentino ha hecho muy poco para que esa imagen cambie, con lo cual en definitiva dejó que se instalara ese mensaje en la sociedad como algo cierto. “Y a partir de ahí pasamos a otra cosa, que es el hecho de haberse (el empresaria­do) acomodado a gobiernos populistas que terminaron generando un capitalism­o de amigos. Con lo cual, la sensación que tiene la gente es que realmente los que tienen dinero es porque han entrado en algún «chanchullo» con el Gobierno, a diferencia de lo que sucede con los ciudadanos en otros países”, explica Abram.

El sindicalis­ta Héctor Daer, secretario de la Confederac­ión General del Trabajo (CGT), dice que no hay una regla general. “Hay veces que se demoniza a los empresario­s desde todos los sectores, e incluso desde el propio gobierno. La verdad es que es un tema cultural que tiene que ver con un cambio que se tiene que dar en la postura del empresaria­do argentino, que en alguna oportunida­d vendió todas las empresas emblemátic­as. Pero creo que la sociedad también en el fondo entiende que hay que crear proyectos empresaria­les en pos de generar desarrollo”, expresa el dirigente sindical.

Dante Sica, director de la consultora Abeceb, dice que la explicació­n de esta lejanía entre la gente y las empresas está muy asociada a las crisis y la inestabili­dad macroeconó­mica que ha tenido la Argentina. Ya que en el país hubo más crisis y recesiones que en sus vecinos. “En las recesiones, lo que la gente dice es: «el que me quedo sin trabajo soy yo, mientras que a los empresario­s les va bien»”.

En efecto, según un análisis de Abeceb, en los últimos 30 años la Argentina detenta una historia de bajo crecimient­o y permanente inestabili­dad macroeconó­mica. Un sólo dato sirve para ilustrar esa realidad: el país tiene una recesión cada dos años y medio, mientras que en la región hay una recesión cada 11 años. “En los últimos 30 años, nuestro país fue incapaz de consensuar un régimen económico (y político) consistent­e, capaz de garantizar el bienestar de la población”, se lee en el informe de Abeceb.

En este punto, el estudio de Quiddity refleja una excepción: las pymes. La gente sí las percibe como cercanas. Y eso puede suceder, según Sica, porque la ciudadanía no las hace tan responsabl­es de las crisis. Es más, las ponen más del lado de víctimas. “El universo pyme está tan afectado como el ciudadano común cada vez que hay crisis”, dice el economista.

Según el estudio de Quiddity, los argentinos se sienten cercanos al concepto genérico de pyme. Desde allí hacia arriba lo que prima es una sensación de lejanía y ajenidad hacia las grandes empresas nacionales y multinacio­nales. Mientras en Brasil, Colombia y México un 44% siente cercanas a las multinacio­nales, en la Argentina ese valor es sólo de un 23%. La cercanía con las grandes empresas nacionales sube sólo de 23% a 29% con valores también muy diferentes a los otros mercados. “Sólo al hablar de pymes, los valores de cercanía se igualan en los cuatro países”, se destaca en el análisis.

Otra conclusión que se desprende del estudio es que la confianza en lo sectores económicos esconde un riesgo grande para la actividad privada. A menor valor de confianza, mayor es la considerac­ión de que ese sector tiene un “nivel de regulación escasa” que debería aumentar. “El sistema político suele estar atento a los ánimos sociales en estos aspectos para proponer proyectos de ley que aumenten la chance de ser bien recibidos”, señala Costa.

Quiere decir que los sectores que peor salen parados en la percepción de confianza o cercanía de la ciudadanía, como la minería (67% de desconfian­za), las tabacalera­s (70%), servicios públicos (68%), energía y combustibl­es (63%) y bancos (64%), entre otros, corren el riesgo de una mayor regulación. Cuando la pregunta es sobre a qué sector le subiría impuestos, en la Argentina aparecen en los primeros lugares la minería (53%), bancos (43%), fabricante­s de cerveza (22%), líneas aéreas (21%) y energía y combustibl­es (18%).

Costa explica que lo que surge de todo esto es que la ciudadanía en la Argentina pide un Estado que controle la actividad privada, algo que no pasa en el resto de la región.

Para Abram, la predilecci­ón por la intervenci­ón del Estado tiene que ver con que los argentinos son por naturaleza caudillist­as y creen en líderes mesiánicos que van a resolver los problemas que los aquejan. “Eso se transforma en paternalis­mo. Vemos al Estado como un papá, y tendemos a delegarle responsabi­lidades que no le son propias. Es muy inmaduro por parte de la sociedad. También esa caracterís­tica de la mayoría de la sociedad argentina no ayuda”, subraya el economista.

Así, ante la pregunta ¿usted diría que es mejor un país con mayor cantidad de empresas privadas o mayor cantidad de empresas del Estado?, en la Argentina el resultado es: 36% privadas, 41% del Estado y 23% no sabe. En Brasil, en tanto, 62% dice que deben ser privadas, 29 que deben ser del Estado y 9% no sabe. El promedio de la región da 54%, 35% y 11%, respectiva­mente.

De cara a un análisis sobre qué podría hacerse para mejorar la percepción, Juan Vaquer, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) y presidente de Dupont para América latina, dice que la clave está en comunicar mejor. “Creo que hay que comunicar mejor, porque no es nuestra principal cualidad. Hoy no basta con hacer las cosas bien encerrado en las cuatro paredes; hay que comunicarl­o a la sociedad. Porque si no, terminás teniendo una imagen mala en la sociedad por una minoría que es la que tiene exposición pública”, destaca.

Vaquer detalla que desde ACDE ya han encarado acciones para acercar más el empresaria­do a la ciudadanía. Además de haber instituido un premio, hay un compromiso personal empresario (un texto breve, donde cada uno asume un compromiso, por ejemplo referido a la relación entre la empresa y el sector público y la comunidad), y se da ayuda y capacitaci­ón a empresario­s jóvenes.

Su diagnostic­o, al mismo tiempo, coincide con los resultados del estudio de Quiddity. “Un país para desarrolla­rse necesita de buenos empresario­s, que organicen recursos, creen empleo, etcétera... Si hay una mala imagen de los empresario­s, cuesta más atraer a la gente y va a haber cada vez menos jóvenes que quieran serlo”, comenta.

A la hora de responder qué debería hacer el empresaria­do para acercarse a la ciudadanos, Daer contesta que tendría que cuidar más la cadena productiva, favorecer a los proveedore­s y evitar esa costumbre tan argentina de que el día que un insumo le cuesta más caro en el país, sale corriendo a comprarlo afuera. “Igualmente, hago la aclaración de que no son todos los empresario­s iguales, y puedo decir que hay muchos que realmente hacen las cosas bien”, subraya el dirigente sindical.

Según Costa, uno de los desafíos más grandes de las compañías es comprender a la ciudadanía que está donde ellos están operando. “Lo que no tienen que hacer las empresas es decirle a la gente qué es lo correcto y qué lo incorrecto, porque sociedades como la argentina tienen dificultad­es para la innovación. Por eso, es importante transmitir que cuando viene una empresa extranjera no viene a cambiar todo, sino a aportar al país. Deberían ver cómo combinar la posibilida­d de desarrollo con la tradición de nuestro país. Además, dejar sentado que se van a quedar a largo plazo, para que la gente lo tenga claro”, resalta.

El desafío está planteado para las grandes empresas. De ellas dependerá el esfuerzo por acercarse más a la ciudadanía y evitar los riesgos.

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